Un potro indomable en el far west
"Spirit, el corcel indomable" ("Spirit, Stallion of the Cimarron", EE.UU./2002, color). Dirección: Kelly Asbury y Lorna Cook. Film de animación con las voces de Matt Damon, James Cromwell, Daniel Studi, Chopper Bernet. Guión: John Fusco. Producción: Mireille Soria y Jeffrey Katzenberg. Música: Hans Zimmer. Canciones: Bryan Adams. Diseño de producción: Kathy Altieri. Supervisor de animación: Kristof Serrand. Presentada por UIP. Duración: 82 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena.
Hay una prometedora apertura: el largo plano secuencia, si cabe la expresión para el cine animado, en el que se acompaña el vuelo de un águila por los más variados paisajes del legendario far west norteamericano, territorio infinito y agreste por el que galopan libremente los caballos salvajes.
La técnica, que parte del dibujo bidimensional y gana una tercera dimensión con el auxilio de la computadora, revela desde temprano, además del preciosismo detallista de los diseñadores, la mano segura y el sentido plástico de los directores Kelly Asbury y Lorna Cook para concertar los elementos que componen la imagen. El atractivo visual, pues, está asegurado.
Pero no transcurren demasiados minutos antes de que irrumpa una voz en off (la de Matt Damon en la versión original en inglés) para recordarnos que "La historia del Oeste ha sido escrita desde la montura de un caballo, pero nunca desde el corazón del animal", lo que, por una parte, anuncia que la que acaba de comenzar estará contada por el corcel indomable del título, y por otra, adelanta que aunque no habrá aquí, como en otros films de animación, animalitos parlanchines, abundarán sus palabras, ya en forma de relato en off puesto en boca del narrador, ya en canciones que informarán, en primera persona, de sus estados de ánimo, sus sentimientos y sus reflexiones.
Demasiadas palabras para añadir muy poco a la muy escueta historia que los animadores se esforzaron por traducir en imágenes suficientemente elocuentes. De resultas de lo cual, quizá sin proponérselo, "Spirit" termina convirtiéndose en una suerte de persuasiva revindicación del cine mudo.
Cuando las explicaciones habladas dejan lugar a la acción, el muy sencillo cuento gana encanto y propone (a los chicos más chicos, no tanto a los adultos) una bien administrada mezcla de aventuras, tensión y suspenso con momentos risueños, apacibles y hasta, digamos, sentimentales, ya que el potro protagonista es capaz de mostrar su amistosa docilidad cuando se lo trata con cariño y su corazón de héroe romántico cuando alguna yegüita de elegante porte se encuentra en peligro.
El cuento, se ha dicho, es muy sencillo. Traza la historia de Spirit desde potrillo hasta alcanzar, por su bravura y su coraje, el rango de jefe de la manada. En libertad, claro, porque no hay corcel que se resista con más ímpetu al sometimiento que nuestro héroe equino.
Firmeza de carácter
Son tiempos difíciles: las vías del ferrocarril están avanzando hacia el Pacífico a pesar de la oposición de las tribus indígenas que se rebelan contra la ocupación de sus tierras, y ahí está la caballería para afirmar el avance de los blancos. La fuerza y la velocidad equina son materiales muy buscados, y Spirit, como los demás, debe mostrar la firmeza de su carácter y el vigor de sus coces para evitar que los hombres de azul intenten domarlo. Es una larga guerra, hecha de persecuciones, corrales, castigos y fugas, en la que el caballito termina encontrándose en situación similar a la del joven indiecito que por fin recibe del animal, por las buenas, lo que es imposible de lograr mediante el uso de la fuerza. Para el adulto, los mensajes son excesivamente obvios, además de complacientes; para los más pequeños, la epopeya de Spirit puede tener interés, emoción y algo de diversión.
Eso sí: es mejor no tener en cuenta que este producto cuidadosamente elaborado en lo visual, pero bastante insípido en lo temático, proviene del mismo estudio que sorprendió hace un año con "Shrek". Todo lo que allí sobraba de inteligencia, ironía e imaginación brilla aquí por su ausencia.







