
Un triste festival de escatología
Norbit (ídem, EE.UU./2007). Dirección: Brian Robbins. Guión: J. Cherick, D. Ronn, C. Murphy y E. Murphy. Fotografía: Clark Mathis. Música: David Newman. Con Eddie Murphy, Thandie Newton. Hablada en inglés. Presentada por UIP. Duración: 103 minutos. Calificación: para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: mala
Una comedia que comienza con un bebe que es arrojado de un auto en movimiento y salvado de ser el almuerzo de coyotes salvajes por el malhumorado dueño de un restaurante chino que también funciona como orfanato requiere -como mínimo- que la apuesta pague sus dividendos y que el chico crezca para convertirse en alguien merecedor de la curiosidad que despiertan sus orígenes. Pero este minuto y medio inicial es el único intento que se permite Norbit en materia dramática -abrazando la lógica del menor esfuerzo, que se convierte en su principio rector durante los interminables 101 minutos siguientes-, ya que el film se concentra en su verdadero propósito: la humillación sistemática de sus criaturas.
El principal destinatario de su malevolencia es el huérfano Norbit (Eddie Murphy), blanco perfecto gracias a su timidez, grandes lentes y sonrisa vacante. Su único escudo es el amor de una compañerita de orfanato que, a su adopción, lo deja sumido en una tristeza que sólo es reemplazada por el temor que le provoca una chica solitaria que, gracias a su físico imponente y seco malhumor, se convierte en su novia y guardaespaldas.
Los años pasan y el apocado Norbit termina unido a la ahora lujuriosa Rasputia y a sus tres hermanos, que han intimidado a los vecinos para quedarse con buena parte del pueblo. El regreso de la escultural chica de sus sueños (Thandie Newton) junto a su ambicioso prometido (Cuba Gooding Jr.) le dará el impulso necesario para cambiar su vida lejos del monstruo que es su esposa, quien devolverá la gentileza con una catarata de insultos, burlas y castigos físicos, así como el ocasional adulterio. Este último pretende justificar la crueldad que le tiene reservada Norbit , film que prefiere negar a Rasputia cualquier rasgo de humanidad que pondría en aprietos a su endeble trama, que invita al público a ver más allá del aspecto de su héroe pero no del de su mujer, dejando en claro que en casos como el de esta última, las apariencias no sólo no engañan: piden a gritos que se les haga caso.
Lo que ocurre a continuación es tan trillado, predecible y mezquino -lo mismo podría decirse de la apenas competente dirección de Brian Robbins y la rústica impersonalidad de sus rubros técnicos-, que la explicación sólo puede residir en la intervención de cuatro guionistas (entre ellos, el propio Murphy y su hermano Charles) en este triste festival de escatología y misoginia diseñado a medida para el lucimiento de los recursos más gruesos y efectistas de su estrella.




