
Una boda impresentable
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"American pie: la boda" ("American Wedding", Estados Unidos/2003). Dirección: Jesse Dylan. Con Jason Biggs, Seann William Scott, Alyson Hannigan, Eddie Kaye Thomas, Thomas Ian Nicholas, January Jones, Cadence Flaherty, Eugene Levy, Molly Cheek, Deborah Rush, Fred Willard y Angela Paton. Guión: Adam Herz. Fotografía: Lloyd Ahern. Música: Christophe Beck. Edición: Stuart Pappé. Diseño de producción: Clayton Hartley. Producción de Universal Pictures presentada por UIP. Duración: 96 minutos. Para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular
En 1999, dos jóvenes directores independientes como los hermanos Paul y Chris Weitz sorprendieron por la audacia, el desparpajo y la falta de prejuicios al filmar una pequeña sátira sobre las relaciones afectivas y la sexualidad adolescentes como "American pie". La película fue uno de los grandes éxitos comerciales de aquel año y a nadie extrañó que dos temporadas más tarde se estrenara, ya sin los Weitz al timón, una apenas aceptable continuación. Otros dos años pasaron hasta el arribo de la tercera entrega, que, debe advertirse, es casi impresentable (imperdonable) en todos los rubros.
Es cierto que una buena parte del público ya ha creado una fuerte empatía con los antihéroes de esta historia (en el mejor estilo de una popular tira televisiva), pero resulta penoso ver a buenos actores jóvenes como Jason Biggs o Seann William Scott y a veteranos comediantes como Eugene Levy sometidos a situaciones escatológicas de pésimo gusto (como comer excrementos en primer plano) o apelando a bromas que a estas alturas ya resultan más que remanidas.
En los mejores pasajes satíricos, "American pie: la boda" se permite desafiar a la corrección política y adentrarse en una discoteca gay para burlarse de la estética allí imperante, pero esta nueva secuela termina cayendo en cada una de las convenciones de ese subgénero tan transitado por el cine como son las comedias sobre los preparativos y las desventuras de un casamiento, que aquí tiene como protagonistas a Jim Levinstein (Jason Biggs) y Michelle Flaherty (Alyson Hannigan). Los desencuentros entre una familia tradicional y conservadora de la aristocracia norteamericana y una típica familia judía con una abuela dictatorial (la gran Angela Paton), los alcances insospechados de una despedida de solteros con sus habituales excesos, y los desesperados intentos de los jóvenes por sacar algún provecho sexual de los festejos son los previsibles ejes por los que transita la película.
Galería de errores
Dirigida por Jesse Dylan, cuyo mayor mérito hasta el momento parece el de ser el hijo del gran Bob Dylan, esta tercera película de la franquicia no sólo hace extrañar a clásicos del humor adolescente como "Porky´s", sino que ofrece además una galería de errores inaceptables (más allá de los ya habituales problemas de continuidad, se comete la grosería de que la cámara y el equipo se vean en pantalla media docena de veces) que desmerecen a una producción profesional cuyo presupuesto ascendió a 55 millones de dólares.
Trabajada siempre en un registro cercano al grotesco y con actores alentados a la sobreactuación, la película encuentra en el personaje del despiadado, burdo, osado, pero en el fondo querible Steve Stifler (Seann William Scott) a su mejor exponente dentro de una comedia elemental por donde se la mire. Seguidores del humor refinado y sutil, abstenerse.
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