
Una diva a la española
La actriz, de 34 años, vendrá a filmar a la Argentina con la dirección de Luis Puenzo
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HUELVA, España.- Se la ve atravesar corriendo el jardín colonial de la Casa Colón a la vez que las miradas se le van quedando fuertemente prendidas. Firma autógrafos al paso, accede a algunas entrevistas, rechaza otras. Pero la prisa de la actriz española Aitana Sánchez-Gijón (nacida en Roma, ahijada de Rafael Alberti) es para reencontrarse con la baby sitter de su hijo Teo, de un año y medio, y poder asistir tranquila, como jurado, a una función de la competencia del festival.
"A mi niño me lo llevo a todas partes, al set, al teatro, a los festivales. Con la maternidad, los valores, las prioridades se mueven, se reordenan -dice la actriz, casada con el artista plástico argentino Alejandro Lucadamo-. Pero para mí, mi profesión es mi vocación, y me moriría si no tuviera este camino de expresión. Ama de casa sólo a tiempo parcial."
Con su belleza, el prestigio que se ha ganado a los 34 años, los lugares de importancia que ha ocupado al rozar la industria hollywoodense, al presidir la Academia de Cine Español y al integrar jurados en festivales internacionales como Cannes o San Sebastián, ella sabe que su figura concentra la parte más glamorosa del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.
Después de "Volavérunt", en 1999 (por la que ganó la Concha de Plata a la mejor actriz en San Sebastián), la actriz de "Un paseo por las nubes", "La ley de la frontera", "La camarera del Titanic" y de "Cuando vuelve el amor" realizó unas cuatro películas más . "Y luego hice una pausa porque tuve a mi hijo, y ya he reanudado mi actividad normal. He hecho teatro, "Las criadas", con Emma Suárez; he realizado en Italia la película "No tengo miedo", de Gabriele Salvatore ("Mediterráneo"), y en enero voy a rodar en la Argentina, junto a Luis Puenzo, "La puta y la ballena".
-Un título misterioso, de un proyecto muy postergado y de difícil financiación para Puenzo...
-Sí. El título me parece magnífico. Lo han cambiado un par de veces y para mí era como un desgarro: "No, por favor, no lo cambien". Yo conozco la historia. ¿Qué tienen que ver una puta y una ballena, en principio? Se trata de una de las historias más hermosas que he leído en los últimos años, contada entre el presente y el pasado. Por una parte, transcurre en los años treinta y cuarenta con un fotógrafo argentino (Leo Sbaraglia) que tiene una historia de amor, de lumpen, de tango, de burdeles; y, por otro lado, una mujer en el presente que soy yo, escritora, que está al borde de la muerte por un cáncer y que decide investigar en esa historia a través de unas fotografías. Así se marcha al sur de la Argentina, a Puerto Madryn, donde se filmará la película que coproducen Wanda Films en un 80 por ciento, Patagonik y Luis Puenzo.
-Tu paso por Hollywood, en la experiencia junto a Keanu Reeves, no te atrajo demasiado...
-Lo que me pasó con "Un paseo por las nubes" no lo busqué, fue casual. La experiencia me parecía maravillosa, pero al mismo tiempo como un globo hinchado. Me citaban los ejecutivos de los estudios a los que llegaba en limusina, tenía grandilocuentes reuniones, todos me alababan muchísimo, los agentes se peleaban por tenerme, salía con cuatro guiones bajo el brazo, me preguntaban que si quería trabajar con Harrison Ford... Yo me reía. Me parecía todo muy absurdo. Y además, una mentira en el fondo. Cuando después de filmar la película dije que me volvía a mi país me decían que estaba loca, que cómo iba a desaprovechar mi momento "hot". Y yo pensé: "No es la mía". Y si tiene que seguir sucediendo, bueno, que me llamen y voy para allá. Obviamente que no voy a decir que no me interesa en absoluto, porque hay grandes directores, películas y actores, que si los tuviera enfrente me desmayaría. Pero es el porcentaje menor, de lo demás no me gusta nada: comida rápida, vacía y hasta dañina. Duras un segundo y medio. Mantenerse e intentar subir escalones requiere de un esfuerzo brutal al que no estaba dispuesta.
- ¿Y cuál es tu verdadero deseo a los 34 años?
-Mantenerme en esta profesión. El equilibrio entre la vida y el trabajo. Por momentos me entra como un poco de vértigo por el paso del tiempo, pero ya no solamente como profesional, sino a nivel existencial. No es tanto las cremitas, sino aceptar que el tiempo pasa y convivir con eso con la mayor tranquilidad posible, más que intentar ser más joven de lo que uno es. Cuando me entra la inseguridad también pienso que si bien he tenido un físico que me ha favorecido, no he trabajado por mi físico.
-Pero hoy es más difícil para las actrices que no son adolescentes...
-Es cierto que el público que acude a las salas es mayoritariamente joven y las películas que se hacen son para gente joven y los protagonistas son gente joven, y que yo ya no puedo hacer a adolescentes. Pero lo manejo mirando ejemplos de actrices que se van haciendo grandes y siguen realizando maravillosas películas, como Cecilia Roth, Susan Sarandon, Juliette Binoche, Victoria Abril, Angela Molina, Marisa Paredes.
-Es increíble la cantidad de sitios en Internet con fotos de tus desnudos.
-Me lo han contado porque no visito Internet. Me parece algo triste y difícil de controlar porque sacan imágenes de las películas y las manipulan. Y hay un gran vacío legal en Internet, que atenta contra nuestros derechos de imagen. Pero no soy ninguna mogigata. Para mí, el sexo, el amor, la violencia, la muerte, el dolor forman parte de la vida. No me gustan las cosas gratuitas, pero creo que la desnudez forma parte de la vida y del arte que representa la vida. Y los morbos que se puedan suscitar son ajenos a mí.
-Después de las críticas que recibiste sobre la compra de votos para los premios Goya durante tu gestión en la Academia, ¿cuál es el análisis de tu paso por ese puesto tan politizado?
-Fue muy duro porque no estaba preparada para eso. Yo pensaba que íbamos a hacer una labor de promoción de nuestro cine, que iba a ser todo mucho más amable. Y al entrar me encontré con cuestiones gordas, fuertes, como la polémica que surgió en torno de José Luis Garci con las candidaturas y lo de la compra de votos. Pero creo que lo sanjamos muy bien. Son lógicas las rencillas de poder. En Hollywood es brutal el lío que se arma con los votos comparado con lo nuestro. Por eso creo que finalmente eso fue un síntoma de que los Goya cada vez importan más y tienen más peso en la industria. Hoy, el hecho de que una película gane el Goya supone que triplicará sus ingresos en taquilla.
-¿Hoy sufre Marisa Paredes al frente de la Academia de Cine?
-Cada vez que me cruzo con Marisa, ella me mira con aire acusador: "Me metiste en este lío". Porque yo le hablé de lo duro que iba a ser, pero también le dije que era una experiencia enriquecedora.
-¿Integrar jurados te ha enseñado a ver cine desde otra perspectiva?
-Para mí ha sido una maestría en cine. Pero es muchísima responsabilidad. Uno piensa que siempre será injusto. Yo me siento ante la pantalla con todos los sentidos muy abiertos, como una esponja, profundizando y analizando cada cosa para no dejarme llevar por un primer impulso. Como espectadora simplemente me dejo llevar.
-Para muchos realizadores de América latina, en este festival se juegan las posibilidades de seguir produciendo cine...
-Sí, cada uno de nosotros en el jurado es muy consciente que el que está presentando su película se está jugando mucho. En éste hay muchas operas primas, de países en los que es muy difícil hacer cine. Pero para mí, cada vez será más fuerte el vínculo con Europa. Somos aliados naturales. Y nuestro mercado, nuestra lengua, nuestra cultura hace que tengamos una extensión y una capacidad de combinación de países, de coproducción, de exhibición que sólo tienen los chinos, la India y Hollywood. Nosotros somos millones que hablamos la misma lengua, y por ahí hay que luchar.


