
Una experiencia sensorial
Llega el film El perfume , sobre el best seller de Patrick Süskind
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Quince millones de ejemplares vendidos; traducciones del texto original a más de 40 idiomas (entre ellos, el latín); un asesino serial temible y fascinante a la vez como protagonista; intriga y sensualidad como elementos decisivos en la trama; la descripción minuciosa de una época. ¿Qué podía faltar para que semejante acumulación de potenciales atractivos, reunidos alrededor de uno de los éxitos literarios más resonantes de las últimas décadas se convirtiera rápidamente en una producción cinematográfica ambiciosa y llena de expectativas?
Pasaron más de dos décadas desde la aparición de El perfume , la novela de Patrick Süskind que no tardó en convertirse en un best seller mundial y conservar hasta hoy esa condición. Pero hubo que esperar hasta ahora para que su versión cinematográfica viera la luz luego de años de desgastantes negociaciones. El resultado es la producción más costosa jamás realizada en Alemania (casi 66 millones de dólares), más el aporte de capitales franceses y españoles, rodada en Cataluña, los Alpes franceses, Holanda y Bavaria y con un elenco de cotizadas figuras internacionales, cuyo estreno anuncia Distribution Company para el jueves con el título local de El perfume: retrato de un asesino .
El proyecto quedó finalmente en las manos del director germano más importante del momento, Tom Tykwer ( Corre, Lola, corre ), después de haber pasado sucesivamente, en forma fugaz o duradera, por nombres tan diversos como Tim Burton, Martin Scorsese, Jean-Jacques Annaud, Ridley Scott, Milos Forman y Jean-Pierre Jeunet. Aunque el más renombrado de todos los realizadores alguna vez involucrados en este proyecto fue el desaparecido Stanley Kubrick, que, como era de esperar, se sintió atraído e identificado con una historia con elementos tan detallistas como obsesivos.
Pero a Kubrick se le atribuye un veredicto negativo que para muchos explica en buena medida por qué El perfume no tuvo durante largo tiempo su correspondencia cinematográfica. "Infilmable", fue el calificativo invocado por Kubrick, que circuló alrededor de su negativa a llevar adelante la adaptación al cine (un arte tan sujeto a la experiencia visual) de una novela que trabaja con maniática minuciosidad la historia de un hombre llamado Jean-Baptiste Grenouille, nacido en París durante el siglo XVIII en la más extrema pobreza y dueño de una cualidad extraordinaria: posee el olfato más sensible del mundo y puede manipular a su antojo esencias y aromas como ninguna otra persona del planeta, pero al mismo tiempo carece de olor propio.
Seducción
Esa condición, perfeccionada gracias al adiestramiento que le brinda un renombrado perfumista italiano llamado Baldini, se convierte en la materia prima de una conducta criminal, ya que se transforma en asesino serial en su afán de combinar aromas para lograr así manipular y dominar a los seres humanos.
"Tim Burton seguramente se hubiese dejado llevar por el costado fantástico de la historia, pero yo preferí desde el comienzo hacer creíble el mundo de Grenouille. Quería que la cámara fuera la prolongación de su nariz", señaló Tykwer a la prensa germana antes del estreno del film en su país.
Para el realizador, sólo podría lograrse el efecto buscado por un film que trata de trabajar con elementos sensoriales a priori ajenos a la naturaleza del cine si se logra seducir o despertar la emoción del espectador. "En el fondo, queremos ser manipulados por el cine del mismo modo en que usamos perfume para manipular la emoción de cierta gente que nos interesa atraer", precisó Tykwer, que se dedicó cuatro años a preproducir la película.
Antes de llegar a esa instancia, los responsables del proyecto debieron cargarse de paciencia y apelar a todos los recursos imaginables para lograr que el elusivo Süskind, conocido por su carácter reservado y la escrupulosidad con que maneja su vida y su trabajo como autor, aceptara finalmente ceder los derechos de la obra que lo hizo mundialmente famoso.
Lo hizo en 2001, luego de cinco años de arduas gestiones, y a cambio de unos 10 millones de euros que aceptó pagar la producción encabezada por Bernd Eichinger ( La caída ). Semejante esfuerzo, hasta aquí, dio sus frutos: más allá de una recepción dispar por parte de la crítica, el público europeo y asiático recibió con interés el estreno de esta superproducción y El perfume: la historia de un asesino ya lleva acumulados 114 millones de dólares de recaudación en todo el mundo.
El británico Ben Whishaw fue elegido para encarnar a Grenouille, acompañado aquí en los papeles centrales por Rachel Hurd-Wood (la revelación del Peter Pan de P. J. Hogan), el gran Alan Rickman y Dustin Hoffman como el perfumista Baldini. Todos ellos fueron convocados y elegidos por Tykwer durante el largo proceso de desarrollo del film, que exigió del realizador un compromiso minucioso de cada secuencia.
"La escena más fuerte e intensa del film, con cientos de personas viviendo una experiencia amorosa colectiva, me llevó una semana de rodaje y dura apenas 10 minutos", señaló el director, para quien también llevar al cine El perfume resultó toda una experiencia sensorial.
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