
Una fiesta familiar con algo diferente
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"Judíos en el espacio" (o "¿Por qué es diferente esta noche a las demás noches?") (Argentina/2005). Guión y dirección: Gabriel Lichtmann. Con Fernando Rubio, Luna Paiva, Verónica Llinás, Beatriz Spelzini, Gerardo Chendo, Axel Anderson, Sammy Lerner. Fotografía: Diego Poleri. Música: Diego Voloschin. Presentada por Primer Plano. Hablada en español. Duración: 90 minutos. Calificación: para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
¿Por qué es diferente esta comedia de todas las demás que viene ofreciendo el cine argentino en los últimos tiempos? La respuesta es simple: porque es transparente, nada pretenciosa y entrañable como pocas. Gabriel Lichtmann, autor de uno de los trabajos que conformaron la tercera entrega de "Historias breves", eligió para su debut en el largometraje una anécdota que, como aquélla, tiene que ver con el ser judío y sus tradiciones, pero más allá de toda esa idiosincrasia, con una pequeña historia de amor, esas que forman parte de la memoria, de cualquiera que alguna vez fue un chico que empezaba a descubrir los sentimientos.
En este caso, el protagonista es Santiago -"Tati" o "Santi", depende de quien lo trate- Bar, un joven algo introvertido que vive con su madre, trabaja como cocinero, y que, cuando puede, le gusta descargar tensiones con el piano. Un buen día recibe una sorpresa: la aparición de Luciana, la prima de la que en un sédar de pésaj, hace dieciséis años, es decir, cuando los dos tenían nueve, se había enamorado. Lo que ocurre es que esta niña bonita, que ya había demostrado tener costumbres poco virtuosas en viejos tiempos (llevarse posesiones ajenas sin pedir permiso para ser centro de atención), insiste en su rutina. Poco le importa a Santi, que sigue viendo en ella a alguien inalcanzable. Será ella quien, al llegar en coincidencia con un fallido intento de suicidio del abuelo, impulsará la organización de una nueva cena de pascua judía. La participación del abuelo, a estas alturas un descreído de todo y amante de los menús infantiles en los locales de comida rápida sólo por las miniaturas de Los Simpson que vienen de regalo, y la de su hermano subrayarán el tono de comedia nostálgica impreso desde el comienzo.
Lichtmann juega a varias historias dentro de una sola, que describe con unos pocos y suficientes detalles que pintan cabalmente en qué andan los Bar. La cámara se detiene particularmente en el abuelo y en su hermano José, un viejito piola que por lo visto supo tener alguna vez una vida poco prosaica para los más conservadores, apasionado por conservar el registro de imágenes familiares, fotos amarillentas o superochos descoloridos.
El título de la propuesta es en sí un hallazgo, ya que se refiere a una recreación de la historia de Moisés en una fiesta escolar de pésaj, cuando Santiago y su prima aparecieron en escena, créase o no, disfrazados como personajes de "La guerra de las galaxias", pero también hace referencia al espacio que las familias judías dan a sus tradiciones milenarias y al propio espacio, el lugar que el protagonista busca encontrar en el mundo para su propia felicidad.
Lichtmann no se propuso ejercitar la comedia costumbrista, sino aquella que dispara sonrisas, como suele ocurrir en cualquier familia -de la religión que fuera- cada vez que un bautismo, un cumpleaños, una comunión, un bar-mitzvá o un casamiento reúnen a unos y otros para intercambiar afectos y, por qué no, chimentos, e incluso saldar viejas cuentas. La construcción de cada personaje es sólida, y se debe en buena medida a un discurrir sin sobresaltos, de vez en cuando interrumpido por los sueños de Santiago, que ponen en primer plano los temas que, seguramente, en el futuro llevará a una sesión de análisis.
Los cambios de época -de fines de la década del 70 a la actualidad-, subrayados por una prolija dirección artística; la elección de cada uno de los personajes principales -Fernando Rubio, Luna Paiva, Axel Anderson y Sammy Lerner, como el abuelo Mauricio y su hermano José, también Verónica Llinás y Beatriz Spelzini-; la música, que incluye el tango "A Raize" (cantado en idish por Nicolás Abeles), y por encima de todo la nostalgia del mismo Lichtmann, que brota en cada recuerdo, hacen de "Judíos en el espacio" una pequeña gran obra.





