Vuelven las de guerra

Una llamativa sucesión de películas bélicas muestra cómo Hollywood se ajusta a la nueva realidad
Marcelo Stiletano
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28 de diciembre de 2001  

Hollywood parece decidido a aprovechar al máximo la nueva era iniciada luego de los cruentos atentados del 11 de septiembre último y a prolongar en el tiempo, desde su propia perspectiva, el resurgimiento patriótico surgido en Estados Unidos más allá de una eventual caída de Osama ben Laden o del fin de las operaciones bélicas contra el terrorismo en Afganistán.

En estos días, una llamativa sucesión de películas de guerra constituye la muestra más significativa de cómo la más poderosa maquinaria de entretenimiento del mundo refleja esta nueva realidad.

"Tras líneas enemigas" ("Behind enemy lines"), estrenada a fines de noviembre último en Estados Unidos, es el punto de partida del reverdecimiento de un género que ya había experimentado muestras de resurgimiento en los últimos años y que tendrá no pocas manifestaciones a lo largo de 2002.

El film mencionado, que protagonizan Owen Wilson y Gene Hackman, también iniciará la serie en la Argentina, donde está previsto su estreno para el 31 de enero próximo. Le seguirán entre nosotros "La caída del halcón negro" ("Black hawk down"), con fecha tentativa de estreno para el 21 de febrero, y "Código de guerra" ("Windtalkers"), que llegaría en septiembre. A ellos seguramente se sumarán otros títulos fuertes que están por conocerse y que se aguardan con gran expectativa en los mercados más fuertes del mundo.

Casi todos los films de esta suerte de nueva ola bélica fueron concebidos y filmados antes del atentado que destruyó las Torres Gemelas y de la consiguiente escalada contra el terrorismo que perdura hasta hoy. Pero el impacto provocado en Estados Unidos por los hechos del 11 de septiembre (expresado, entre otros síntomas, por un renovado sentimiento patriótico de la opinión pública norteamericana y una revalorización de las instituciones militares) les otorgaron un nuevo interés a estas producciones.

Siempre cuidadosos de las formas y empeñados ante todo en no herir susceptibilidad alguna, los hombres más poderosos de Hollywood han dejado expresa mención de que no hay ni habrá detrás de esta tendencia ninguna pretensión propagandística.

Más bien prefieren hablar de las posibilidades de enriquecimiento recíproco surgidas de una serie de conversaciones iniciadas poco después del 11 de septiembre entre la industria del cine y representantes del gobierno norteamericano.

En ellas, funcionarios muy cercanos al presidente George W. Bush dejaron en claro que la administración republicana vería con buenos ojos todas las actitudes de la industria del cine destinadas a acompañar el nuevo escenario planteado a partir del 11 de septiembre, sin condicionar la libertad creativa de guionistas, productores y directores.

La influyente revista norteamericana Entertainment Weekly conjeturó que esta renovada ola de films de guerra no se parece en absoluto a los films explícitamente propagandísticos de los años de la Segunda Guerra Mundial (alentados entonces expresamente por el gobierno de Estados Unidos) o a las manifestaciones de tono viril y exaltadoras de la camaradería propias de "Top Gun" o "Aguila de acero". Aunque siempre hay nostálgicos dispuestos a reincidir y ya se habla de la posibilidad de que el devaluado Sylvester Stallone desempolve a su clásico "Rambo" para otra aventura con su sello.

En cambio, esta nueva tendencia se acerca más al espíritu de títulos como "Rescatando al soldado Ryan" o a "Pearl Harbor", ya que muchos de los títulos por estrenarse recrean hechos reales de distintos conflictos en los que se vieron involucradas fuerzas norteamericanas (desde la guerra contra el Eje hasta batallas en Somalia), en muchos casos con sangrientas derivaciones.

Todo esto ocurre (y ocurrirá cada vez más, según todos los indicios) no demasiado tiempo después de que los hechos del 11 de septiembre obligaron a postergar films que hablaban de cuestiones de vida o muerte que podían erizar la sensibilizada piel del público norteamericano.

Ahora, las cosas parecen haber cambiado. "Inmediatamente después de los atentados la gente estaba muy angustiada, pero ese tiempo pasó. No creo que tenga que haber un período de luto demasiado prolongado", señaló a Entertainment Weekly Randall Wallace, guionista de "Corazón valiente" y director de "We Were Soldiers", drama bélico que también tiene como estrella a Mel Gibson y que se estrenará en el transcurso de 2002.

Las palabras de Wallace parecen dar la clave de cuál es el sentimiento que hoy rodea a la comunidad hollywoodense respecto de las películas de guerra: "Nosotros no hacemos películas pensando en contribuir al reclutamiento de nuevos efectivos para las fuerzas armadas. Prefiero alentar la idea de que nosotros, los norteamericanos, debemos hacer algunos sacrificios para asegurar la libertad en el mundo", explica.

Misión en Somalia

El poderoso Jerry Bruckheimer, productor de películas de altísimo impacto en las boleterías como "60 segundos", "Con Air" o "La roca", y ahora de "La caída del halcón negro", una de las más ambiciosas producciones de esta nueva tendencia, tomó como ejemplo la misión norteamericana en Somalia que inspira al film y en la que cayeron 18 soldados: "Si llevamos una operación así a nuestros días y suponemos que en ella podrían caer dos hombres clave de la red de Ben Laden o abatir a cientos de talibanes, a pesar del costo humano para nosotros, podría ser considerada como un éxito".

En definitiva, la vía que podrían seguir de aquí en más estas producciones (desde la perspectiva de los cada vez más fértiles contactos entre Hollywood y la Casa Blanca) puede sintetizarse en un dato surgido del rodaje de "Tras líneas enemigas", que mantiene una pulseada desde hace varios meses con el film de Ridley Scott para ver cuál de ellas prevalece como avanzada de esta tendencia que parece extenderse.

"Tras líneas enemigas", que costó 40 millones de dólares, logró hacer ahorros considerables (no menos de 30 millones más) en su presupuesto gracias a que la armada norteamericana facilitó sin costo, por ejemplo, la posibilidad de filmar algunas secuencias decisivas en el portaaviones USS Carl Vinson y explotar su modernísima tecnología.

A cambio, la armada norteamericana podría utilizar algunas secuencias del film como gancho de su nueva campaña de reclutamiento, estrategia que ya se aplicó con éxito con "Cuestión de honor", la película de Rob Reiner que protagonizaron Tom Cruise y Jack Nicholson.

Fue precisamente el USS Carl Vinson el lugar elegido para la atípica premiére del film, que contó con la presencia de sus protagonistas, Owen Wilson y Gene Hackman, antes de que el portaaviones iniciara su viaje hacia el mar Arábigo, donde se encuentra actualmente, muy cerca del teatro de operaciones principal de la campaña contra el terrorismo. En la vida real o en la pantalla grande, la batalla es casi la misma.

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