
Coleccionismo de punta
En Colonia, Uruguay, crece y crece la mayor reunión de lápices
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"El lápiz es parte de mi vida, lo llevo en el alma", cuenta el uruguayo Emilio Arenas, múltiple ganador del Premio Guinness gracias a su colección de lápices, la más grande del mundo. Arenas empezó con su afición hace 53 años, cuando estaba en el colegio y se preparaba para sacarle punta a un lápiz que le habían regalado. Allí se dio cuenta de que no volvería a conseguir ese lápiz del negocio Arroz Corona, que hoy tiene un lugar privilegiado en su museo, y quiso guardarlo. Entonces le pidió otro a la maestra y ella le regaló dos: uno para usar en el dictado del día y otro para su colección.
A partir de ese momento empezó a comprar lápices originales y a pedir algunos de propagandas comerciales. En 2002 recibió el primer certificado Guinness por sus 5500 lápices, y el conde de Faber Castell, al enterarse del récord, lo invitó a la fábrica en Alemania. "Me recibieron con todos los honores, visité el museo en el castillo y almorzamos con cubiertos de plata", recuerda con emoción.
Y, como si fuera poco, el viaje coincidió con su cumpleaños gracias a las peripecias de su mujer, que se complotó con el anfitrión para darle la sorpresa. "Fui la sexta persona en el mundo en recibir un lápiz de platino", dice sobre el regalo que le hizo el conde. A partir de ese momento, gracias a la foto que le sacaron en su visita a Nuremberg y que se publicó en varios países, Arenas duplicó la cantidad de lápices que había juntado durante 45 años. "Vivo agradeciendo porque me llegan lápices de todo el mundo", cuenta. De la Argentina le regalaron varios: de River, Boca, Racing, por ejemplo; también de Mundo Marino. Incluso una turista le dio uno con el nombre del jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri. Y de su país, hasta la mujer del presidente Tabaré Vázquez se acordó de él en un viaje a Vietnam y le trajo uno más para su colección.
Además de haber batido nuevamente el récord Guinness por su colección de 8345 lápices en 2005, y recientement eeste año, con 11.260 unidades, Arenas también fue distinguido en 2005 por tener 25.630 llaveros y 9130 cajas de fósforos. "El coleccionismo es como un vicio, pero no hace daño. No gasto sino que invierto el equivalente a un atado de cigarrillos por día", explica este geminiano que se autodefine como obsesivo.
Astutos astronautas rusos
"El lápiz es de máxima necesidad para el ser humano", asegura, y cuenta la anécdota de los astronautas rusos que llegaron al espacio y anotaron todo lo que querían recordar porque habían llevado lápices. En cambio, los estadounidenses sufrieron durante su misión la falta de gravedad: viajaron con biromes y la tinta no bajaba, entonces no pudieron registrar nada.
Entre todos sus lápices, se destaca el más largo, que le regalaron el viernes último y mide
1,53 m. También está el lápiz más chico del mundo, de 17 milímetros, uno de los diez que existen en el mundo. Además, un artesano le hizo los dos más finitos, de 1 milímetro de diámetro, como un hilo de lana. "Se puede escribir sin problema con ellos", asegura.
El Museo de Colecciones se encuentra en la Granja Arenas, punto casi obligado para los turistas que visitan Colonia del Sacramento. Allí se pueden visitar cuatro salas en las que se exhiben, además de lápices, llaveros, cajas de fósforos, latas de bebidas, ceniceros, frascos de perfumes, colecciones más pequeñas de pins, sacapuntas, tarjetas de teléfono y algunas cosas más. Dispuestos uno al lado del otro sobre las paredes, los lápices están guardados con cámaras de aire antihumedad para que no se arruinen.
Y para los que piensen que es imposible recordar dónde está cada uno, Arenas recuerda divertido la visita de un viajero de Costa Rica. "Usted tiene la gorra y yo tengo el lápiz de American Airlines", dijo el dueño de casa.
"¡Pero mire si va a saber dónde está!", lo desafió el visitante. Y grande fue la sorpresa cuando, sin dudar, el coleccionista se acercó a la vitrina en la que estaba el lápiz de la aerolínea. "A veces tengo que pensar un poco más, es que me están atropellando los 65. Pero me acuerdo dónde está cada pieza."
La colección de Arenas apareció en la transmisión de apertura del Mundial de fútbol Corea-Japón 2002. "El asado criollo y el récord mundial de los lápices representaban a Uruguay", explica.





