
¿Quién quiere música en la boca?
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Me compré un cepillo de dientes con reproductor de MP3. Trae “Eres para mí” de Julieta Venegas. Pagué 65 pesos en Wal-Mart: el único lugar dónde los venden según dice Tinelli en Bailando por un sueño. La cajita dice: “¡Rockea y mantén tus dientes limpios!”. Un oxímoron total. Hago la experiencia: después de cenar voy al baño, le pongo un poquito de crema dental, cierro la canilla para escuchar mejor y aprieto el botón del grip para prender el reproductor. La canción empieza cuando presionás las cerdas sobre los dientes: el volumen aumenta según la fuerza con la que aprietes el cepillo contra tu comedor. Eso, de movida, no es muy bueno para tu boca y modifica considerablemente el cepillado habitual de un ser humano en favor apenas de la canción que viene precargada en el cepillo. Aparte, mi jeta no suena como yo pensé: había entendido que lo grandioso de la nueva “Tecnología Tooth Tunes” (“¡Música en tu boca!”, vende la cajita) era que el track no sonaba en formato de audio, no lo escuchaba mamá desde la cocina, sino que entraba por la boca directo al cerebro. Algo de eso hay. Pero tenés que dejar el cepillo apoyado en la muela para escuchar bien la canción (el sonido, obvio, se pierde mucho cuando agitas el cepillo). O sea: si querés que, por ejemplo, tu pequeño hijo se cope y aprenda que hay que cepillarse los dientes después de cada comida, esta no es la manera: vas a tirar tu dinero. No es que se escucha en 5.1 Surround Sound: suena más parecido al Auditorio Buenos Aires un día de frío. Sin embargo, a los que fueron mucho al odontólogo, como yo, los reconcilia un poco con la idea de tener un aparato haciendo ruido adentro de la boca. El cepillo viene con el sello de la Internacional Dental Health Foundation, una carita feliz, y la inscripción APROBADO. La canción dura dos minutos (“¡Dos minutos de tu música favorita!”), y en las góndolas de Wal-Mart está a disposición todo el catálogo de Sony-BMG, en una asociación de marca insólita con la empresa de juguetes Hasbro. Además de Venegas, están Ricky Martin, Black Eyed Peas, Jonas Brothers, Kiss, el tema de Rocky, RBD (la lista completa está acá). Según averigué, en Estados Unidos y Europa ya se consiguen otros cepillos -genéricos- en los que vos podes cargar tu propia música, como si fuera un reproductor cualquiera. Otro dolor de muelas para la RIAA. La canción de Julieta Venegas que tiene mi cepillo (feat. Anita Tijoux), suena con una edición como para el botiquín del baño: cuando llega al final, la Venegas grita: “¡Ya!”. El tiempo del cepillado ha terminado. Insisto con que es incomodo, un poco pesado (lleva tres pilas AAA, 1.5V, no reemplazables) y la cabeza del cepillo (que carga el MP3) tiene el doble del tamaño de mi Oral-B de viajero. Igual, no soy quién para decirle a un melómano que no vale la pena sentir como un estribillo se te mete por la boca. Y mucho menos: “¡Che, cepillate bien!”.




