Cómo leer a los clásicos, según Patrice Chéreau
El actor y director, que esta noche interpretará un monólogo de Dostoievski en el San Martín, habla de su particular método creativo
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Hace más de una década, cuando se estrenó Los que me aman tomarán el tren , con su acierto y rigor característicos, el crítico Fernando López desde estas páginas señalaba: "Si el film de Chéreau estimula el análisis y consigue ventilar un sinfín de temas provocativos, es porque su febril intensidad se contagia al espectador, lo conmueve y lo aguijonea". Patrice Chéreau es un creador que en el teatro reelaboró con maestría a los grandes clásicos y, en el campo de la ópera, es recordado por su labor junto con Pierre Boulez en la Tetralogía wagneriana presentada en Bayreuth. Director de películas polémicas, como El hombre herido e Intimidad , también se lo celebró por La reina Margot . Como actor, trabajó a las órdenes de Andrzej Wajda, Raoul Ruiz y Michael Haneke.
El realizador galo se encuentra por primera vez en Buenos Aires, donde alternará entre el cine y el teatro su contacto con el público argentino. Hoy brindará la segunda y última función de El gran inquisidor (a las 20, en el Centro Cultural San Martín). Sorprende por su instantánea amabilidad y por un casi perfecto dominio del español.
-Hoy dará lectura a un fragmento muy importante de Los hermanos Karamazov, de Dostoievski. ¿Por qué eligió a este autor?
-Ese texto, con una iluminación adecuada, una mesa y una silla, no necesita nada más. Es una reflexión extraordinaria de Dostoievski, y termina con un largo monólogo que tengo que representar. Pero la performance del actor no es lo más importante, sino la paradoja de este personaje. He tenido una educación católica y por eso me interesa, porque Dostoievski es creyente, pero en cierto momento reprocha incluso a la religión misma, con muchas dudas sobre su fe.
-Esa temática también esta presente en La reina Margot , una de sus películas más famosas.
-Yo no soy creyente, pero para mí las religiones no pueden estar enfrentadas entre sí. Durante la preparación de la película eran los peores momentos de la guerra civil en Argelia. Cuando el presidente de Argelia fue masacrado, un extremista dijo: "Ha pasado la justicia de Dios". Incorporé esta frase en la película porque no puede hablarse así ante el asesinato y la muerte. El libro de Dumas era una historia de amor levemente romántica con un fondo de masacre, pero no existía una conciencia política.
-Realizó puestas teatrales de varias obras de Shakespeare, pero nunca llevó a este autor al cine.
-Son dos universos que no deben mezclarse. Nunca haré un texto de Shakespeare en el cine porque nunca funcionó, sólo con Orson Welles y a veces. Pienso que Mr. Arkadin es la obra más shakesperiana en el cine porque se nutre de su esencia.
-¿Cómo fue su aproximación a la ópera?
-Al principio, no me gustaba, porque me ofrecieron a Rossini y a Offenbach que no me interesan. Pero, por pura casualidad, me llegó la propuesta de Pierre Boulez de trabajar sobre Wagner. Y con Wagner fue un encuentro magnífico, porque es el sueño realizado de hacer teatro con la presencia de la música. Luego de la Tetralogía, me sucedió lo mismo con Tristán e Isolda . Me gusta mucho también La casa de los muertos, de Leos Janácek.
-Obras en las que la partitura tiene marcada presencia...
-Y yo también. El riesgo es que en la música pasan tantas cosas que es un pretexto para no hacer nada sobre el escenario. Por ejemplo, con Mozart, la historia del notario en el final de Così fan tutte es bastante aburrida escénicamente, pero lo que pasa en la partitura es increíble. Se necesitan dos vidas, una para mirar a escena y otra para escuchar la música. Pero debe buscarse el equilibrio. Boulez y Barenboim, personalidades tan diferentes, tienen igual rigor y analizan la partitura como yo lo hago con el texto.
-Hizo grandes producciones para cine y teatro, pero las películas que se verán son marcadamente intimistas. ¿Por qué?
-Intenté hacer una enorme película sobre Napoleón, tenía a Al Pacino como protagonista. Escribí el guión y el presupuesto, pero todo se derrumbó. Como respuesta hice Son frére en siete meses. Intenté hacerla de nuevo y no prosperó, entonces rodé Gabrielle en su lugar. No es una elección, sino la necesidad de trabajar. Soy siempre autobiográfico, Persecución e Intimidad lo eran, aunque no se ve.
El hombre herido e Intimidad toman al sexo como una obsesión.
-¿No lo es? Es una obsesión para todos. La sexualidad está presente como una amenaza y algo magnífico al mismo tiempo. Incluso en los silencios de quienes que no hablan de eso. En Intimidad los protagonistas creen que pueden tener sexo sin amor, pero el sentimiento llega, es inevitable.
-La sexualidad y la muerte están muy marcadas en su cine.
-Es simple, me gusta el sexo y temo a la muerte.





