
Con la frente marchita
Joaquín Sabina vuelve a Buenos Aires con un show acústico y un repaso de sus viejas canciones; en diálogo con La Nación , adelantó su próximo trabajo discográfico junto con Páez.
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MONTEVIDEO.- Y ahí está él, allá arriba en este curioso cine-teatro de butacas que suben en dirección del escenario donde todo tiene pinta de estadio.
Las cientos de chicas de quince, veinte y treinta -el 95% del público- se han dado cita en la ahora remozada y flamante Plaza Cagancha que de tan linda se hace irreconocible.
No hay brotes de histeria entre las mujeres que forman el eufórico séquito de la "gira acústica" emprendida por esta querible pantera rosa.
Por eso ninguna se inmutará al recibir un programa de mano que como único dato promociona la película "Todos los perros van al cielo" (?!).
Porque cada una de ellas conoce al dedillo todas y cada una de las letras, y sabe a la perfección el nombre y las funciones que cumplen allá en lo alto Pancho Varona, Antonio Ga (García) de Diego y la hermosa Olga Román, que ni siquiera compite con ellas en materia de amores, aunque toque y cante a su lado.
Hasta es probable que muchas ignoren la vieja historia de este trovador metido en un colegio de curas, estudioso de la Filología Románica y tirabombas estudiantil en Bilbao (un asunto que lo puso de patitas en Londres, a mediados de los setenta).
Pero ellas corren -sabiéndolo o intuyéndolo- en busca del veneno de las palabras, incluso de aquellas que la pacatería secular llama "malas" y que Sabina cultiva con fruición de sibarita.
Esta gira de "Viuda e hijos, en paños menores" es el repaso de un repertorio de diecisiete años, y no de canciones del disco "Yo, mí, me, contigo", del 96. El recorrido parte de aquella "Calle melancolía" publicado en "Malas compañías" (1980), transita por "Así estoy yo sin tí" (de "Hotel, dulce hotel"), se instala "A la orilla de la chimenea" (de "Física y Química"), recala en "Esta boca es mía" y deriva hacia las últimas canciones -"El rocanrol de los idiotas", "Contigo", "Es mentira", "Jugar por jugar"- para rematar, indefectiblemente, con la bellísima ranchera "Y nos dieron las diez".
Letras que entran con rock
Joaquín vuelve a los tiempos acústicos, en los que la música era sólo un pretexto para envenenar con letras atrevidas, dictadas por un buceador libertario de calles, cafés y escondrijos non sanctos de la noche.
Veneno que, como la droga, inoculada en dosis mínimas, suele ser antídoto. Antídoto contra la estupidez, la mentira, el establishment y anexos.
Sabina regresa acústico, como para dejar en el olvido su última incursión ruidosa por el escenario. Seguramente porque advirtió que aquel lapsus de los estruendos cibernéticos le supo muy mal al verbo intrépido, desacralizador y terapéutico.
Hélo ahí, entonces, instalado en su silla, formando trío con sus otros dos guitarristas-compositores, Pancho y Antonio (que también es tecladista) , más Olga Román a un costado haciendo percusión y fonemas.
Así, prácticamente sin moverse de sus asientos, empiezan a desgranar los cuatro la siembra del ingenio.
Y aunque a veces brame el rock and roll -del que Sabina es un desprendimiento, trocado hoy en música country y balada- ellos están allí aquietando el esqueleto, mientras van arrojando con lúdico desparpajo los punzantes proyectiles de una poesía marginal y emancipadora.
El verbo de Sabina
Nada mejor, en los terrenos aledaños al rock y al pop, que les haya caído del cielo, como maná, un poeta de la talla de Sabina.
A estos territorios les tocó en suerte el mismo milagro que a la canción popular de habla hispana la llegada de Joan Manuel Serrat.
Lejos de los meros versificadores, el verbo de Sabina es el costado underground y finisecular del eterno ingenio y del humor redivivo de Quevedo y Góngora. Y del mismísimo Lope, si es que uno los leyó bien.
Enamorado del "güisqui sin soda y el sexo sin boda"; vagabundo, como un escapado del Paraíso en busca de nuevos Adán y Eva; cultor fiel -y fidedigno- de los paisajes nocturnos, testigo de amores condicionales, discípulo infatigable de Epicuro, Sabina inventa o rescata historias que reflejan la búsqueda del amor y su secuela de despojos ciudadanos.
Sus dioses paganos lo guían para atrapar ternuras escondidas en los pliegues del humor, y para convertir lo lúbrico en lúdico, es decir, la lujuria en juego. Un juego en el que casi siempre están frente a frente el hombre y la mujer en medio del absurdo de los días y el naufragio de los sentimientos. Un juego erótico plasmado en fantásticas imágenes poéticas alimentadas por alegorías y por una catarata de metáforas alucinantes.
Huyendo todo el tiempo del prócer que lo persigue en la agazapada forma de cholulo, Sabina sigue haciendo resonar la carcajada homérica para que la catarsis se opere sin poses dramáticas ni lecciones doctorales. Sabina seguirá siendo así el delicioso, insolente, profeta urbano. Profeta en cuanto inspirado, en cuanto elegido al trazar caminos de libertad para las palabras.
Joaquín Sabina: la celebración de la palabra
Ocurrió horas después de la conferencia de prensa ofrecida en una salita del Café Tortoni.
Joaquín Sabina que está cantando canciones de Atahualpa Yupanqui.
La cuestión era reconstruir de algún modo los laberintos que produjeron el desencuentro físico y espiritual entre el poeta y el periodista en esa Montevideo donde Sabina lanzaba su gira acústica.
Joaquín Sabina ya está de regreso en el hotel y dispuesto, detrás del ineludible guisqui sin soda y las bolutas de sus interminables cigarrillos negros -tras los que suele esconder sus angustias existenciales- a repasar aquellos momentos en que cada cual se privó sin querer del otro y terminó consumiendo en cualquier bar las migas con la soledad.
Sabina sabe que las afinidades no se inventan. Menos aún en el territorio del arte. Y que hay como un arco entre el inventor de canciones y el comunicador, en cuyo instante mágico se produce el acercamiento entre la gestación del artista y el acto develador del crítico, remedando acaso aquellos dedos del Creador y de Adán, pintados por Miguel Angel.
Sabina, que estos días visita Bahía Blanca y alguna capital de provincia, se presentará el jueves y el viernes en el teatro Gran Rex para repasar su repertorio.
Durante su conferencia de prensa ha hablado sin miedo y sin tapujos de la droga de la que no se priva, de una muerte que se supo festejar en España, del costado humanista de una organización terrorista que hoy merece el desprecio.
También habla de sus convicciones artísticas y confirma el dato de la preparación de un disco y una gira junto a Fito Páez. Sobre esto se explaya Joaquín cuando compartirmos una larga charla en el hotel cuando compartirmos una larga charla en el hotel Desde hace mucho Joaquín Sabina ama a don Atahualpa y a la música sureña. Ahí está la guitarra para confirmarlo.
Estamos en la suite del hotel, en un encuentro exclusivo de La Nación con el creador de "Pongamos que hablo de Madrid", de "Y nos dieron las diez", que no cantará aquí ni "Con la frente marchita", ni la del "Pirata cojo", ni "Princesa"..
Y aunque no logramos colocar en el diapasón esa cuerda esquiva (la prima) Sabina la empuña para tocar con pasión tangos, milongas y esa zamba estremecedora: "Tú que puedes, vuélvete", de Atahualpa Yupanqui.
Ese asunto de que estás en franco tren de pergeñar canciones con Fito Páez es casi prioritario.
-Fíjate que la primera idea fue que yo hiciera letras y Fito les pusiera música. Así empecé por empecinarme en escribirlas en "el idioma de los argentinos". Y nos dijimos con Fito: "que esto se note". Y te digo: de leer las letras, no sabrías detectarme. Pero ahora, que Fito empuja y ordena agendas y encuentros, la idea ha girado en todas direcciones. De canciones biográficas a canciones de amor. Habrá de todo. El escribirá música y yo le pondré letras, o yo escribiré versos y él les inventará notas. Así empezamos en la República Dominicana. Verso va, melodía viene. Incluso le escribí, para que tuviera y se la cante, una canción de amor para Cecilia, su mujer. Por esto, después de mis conciertos del Rex me quedaré diez días aquí para trabajar con Fito. Yo creo -a pesar de ser contrario a toda programación- que el disco doble lo grabaríamos allá por octubre y podría salir en febrero/marzo del 98. Luego emprenderíamos una gran gira por España y Latinoamérica.
-Fito sí; Charly García no...¿Vas a contrapelo de las afinidades?
-Sí. Es curioso. Charly -ese niño insoportable, para matar y besar, que te deja cosas inolvidables- está más cerca mío. Y Fito más lejos, porque vuela mucho con su fantasía musical y sus armonías. Pero esto de unir dos estéticas diferentes me excita.
-Cuéntame. ¿Grabaste ya esa maravilla que has titulado "A la sombra de un león"?
-Todavía no. Pero la cantaré y te la dedicaré el jueves. Mira. Había escrito una estructura melódica que creí no poder cantar. Vos sabes que tengo poca voz. Por eso se la dí a Ana Belén. Y ella la grabó. Pero después de un tiempo me animé a cantarla.
-La historia alucinante de ese loco escapado del manicomio que se enamora de la Cibeles (la fuente emplazada en Madrid, que representa a la esposa de Saturno y Madre de Júpiter) y roba un anillo en El Corte Inglés para desposarla, me trae el recuerdo de "De carton piedra", de Serrat...
Sabina sonríe. Es el mismo Sabina que compuso una canción para su "primo el Nano"... Quizá porque sabe que la recurrencia alegórica es tan española como la plasmada en aquella película "No es bueno que el hombre esté solo".
Joaquín nos anticipa que no cantará otra vez (como en Montevideo) el tango "Mano a mano", pero que ensayará el experimento de poner la letra de su canción "A Valdano", a "Malena". Esos juegos le divierten.
Sabina -auténtico anarquista que descree de todos los gobiernos, que le gusta hablar de canciones y de mujeres- viene de una gira de sesenta conciertos acústicos.
Y está feliz de concluirla en el teatro Gran Rex donde -está convencido- se produce un milagro especial de comunicación con el público. Sobre todo ahora que busca como nunca "la celebración de la palabra" en el clima fresco de tres guitarras al lado de la barra del hotel. Y la divina Olga Román ("la viuda") cantando al lado de estos tres atorrantes ("los hijos, en paños menores") la españolísima "Y sin embargo te quiero", de Quintero-León-Quiroga, "con insoportable dignidad".
Imágenes poéticas de un gran alquimista
Ya desde aquel inaugural "Inventario", de 1978, Sabina lanzaba los primeros destellos de su loca fantasía. Sus imágenes se convertirían, en la década siguiente, en incomparables, únicas, en el terreno de la canción popular.
"Las cosas que me dices cuando callas...el espacio que ocupas en mi alma...el llanto en las esquinas del olvido...el pasado ladrando como un perro...la rendición que busco entre tus muslos...tu modo de abrigarme el corazón...el silencio que esgrimes como un muro...el naufragio de tantas certidumbres/el derrumbe de dioses y de mitos".
El poeta está herido en "Calle melancolía". Corre el año 1980 y clama:"busco acaso un encuentro que me ilumine el día/y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden. Vivo en el número siete, calle Melancolía/quiero mudarme hace años al barrio de la alegría/pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía,/en la escalera me siento a silbar mi melodía.
El inventor del clásico y consagrado "Pongamos que hablo de Madrid", allí "donde el deseo viaja en ascensores", donde "las estrellas se olvidan de salir" y "el sol es una estufa de butano", también le dedicó bellísimos versos a la famosa fuente La Cibeles.
Es el mismo que, malherido, le canta a la "Negra noche". "La noche que yo amo es turbia como tus ojos/larga como el silencio, amarga como el mar/la noche que yo amo crece entre los despojos/que al puerto del fracaso arroja la ciudad".
Sabina despilfarra imágenes cuando confiesa "Así estoy yo sin ti"...Torpe, como un suicida sin vocación/vacío como una isla sin Robinson/febril, como la carta de amor de un preso/como un santo sin paraíso/como el ojo del maniquí/lascivo, como un beso del coronel/inquieto, como un párroco en un burdel/solo, como un poeta en el aeropuerto/violento, como un niño sin cumpleaños/amargo, como el vino del exiliado/como el domingo del jubilado/macabro, como el vientre de los misiles/como un pájaro en un desfile...
El desfile es interminable. "Que se llama soledad" es una canción desesperada. "Algunas veces vivo/y otras veces/la vida se me va con lo que escribo/algunas veces busco un adjetivo/inspirado y posesivo/que te arañe el corazón".
Y allí va "Hotel, dulce hotel/hogar, triste hogar/estatuas de sal/habitación con vistas a tu piel".
Y "Eclipse de mar". "Hoy, amor, como siempre/el diario no hablaba de ti/ni de mí...Pero nada decía el programa de hoy/de este eclipse de mar/de este salto mortal/de tu voz tiritando en la cinta/del contestador..."
Y la dedicatoria al Buenos Aires de los desaparecidos:"Con la frente marchita". "Iba cada domingo/a tu puesto del Rastro a comprarte/carricoches de miga de pan, soldaditos de lata/con agŸita del mar andaluz quise yo enamorarte/pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata".
Y otra de amor: "A la orilla de la chimenea". "Puedo ponerme cursi y decir/que tus labios me saben igual que los labios/que beso en mis sueños. Puedo ponerme triste y decir/que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo/tu fiebre tu sueño. Y si quieres también/puedo ser tu estación y tu tren/tu mal y tu bien/tu pan y tu vino/tu pecado, tu dios, tu asesino".
Y la historia repetida de "Peor para el sol". "Es mejor -le pedí- que te calles/no me gusta invertir en quimeras/me han traido hasta aquí tus caderas/no tu corazón.
Y la descarnada "Mujeres fatal". "Hay mujeres que nunca reciben postales de amor/...que sueñan con trenes llenos de soldados/...que dicen que sí cuando dicen que no/...que buscan deseo y encuentran piedad/...que huyen perseguidas por su soledad. Hay mujeres veneno, mujeres imán/hay mujeres consuelo, mujeres puñal/mujeres de fuego/mujeres de hielo/mujeres fatal...
Y esa historia puesta en ritmo de ranchera mexicana de "Y nos dieron las diez...". "Fue en un pueblo de mar./Una noche después de un concierto/tu reinabas detras de la barra/del único bar que vimos abierto. Cántame una canción al oído y te pongo un cubata/con una condición/que me dejes abierto el balcón/de tus ojos de gata. Caminito al hostal nos besamos/en cada farola. Era un pueglo con mar/Yo quería dormir contigo/y tú no querías dormir sola. El verano acabó/el otoño duró/ lo que tarda en llegar el invierno...Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y la dos y las tres... Y desnudos al anochecer nos encontró la luna."




