Con nombre y apellido
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"No todo el que viene a ver esta obra (Las palabras de Sartre) simpatiza necesariamente con las ideas del existencialismo, ¿no?", murmuró un señor ubicado en la cuarta fila. Fue ante una presencia inesperada, el domingo último, en el espacio teatral El Kafka: el día del estreno de la pieza del dramaturgo novel Horacio Banega, que conmemora el nacimiento del escritor y filósofo francés, llegó... Guillermo Coppola , que entró en la sala de la calle Lambaré junto con dos mujeres: una de unos 40 años y otra de unos 20. Qué intriga.
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"¡Ay, no sabés lo que pasó!", pudo haberle dicho Luisana Lopilato a Mariano Martínez apenas lo encontró en la carpa de Mimo & Co, en la fiesta por los 40 años de la firma, a beneficio de la Fundación Garrahan. Detrás de él, la chica había dejado a un cronista televisivo bajo el agua... pero no de la lluvia, sino de un minilago que rodeaba la carpa. Fue así: Lopilato iba atravesando el puente de madera que la conduciría a la carpa, cuando de pronto un típico cronista intrépido que intercepta famosos (que, justamente, llegaron ahí gentilmente dispuestos a ser interceptados) se abalanzó sobre ella. Con mala suerte: él, su camarógrafo y su asistente se cayeron al agua. Lopilato se alejó confundida.
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Noche rara la de Creamfields 2005. Para Andy Kusnetzoff , por lo menos. En medio del baile, saludos a los gritos, llamadas a celulares con la intención de localizarse, fotos y más... él no hablaba con nadie. Pasó bastante rato en el lounge de Metrodance –la radio oficial de la fecha–, y no cruzó palabra con Natalia Graciano, ni con Nico Cota, ni con Bobby Flores, ni con Hernán Cattáneo, ni con sus compañeros de trabajo, y hasta cuando sonaba su teléfono se lo entregaba a alguien para que lo atendiera. La razón principal fue su disfonía. En algunos casos, se comunicó tímidamente por un sui géneris lenguaje de señas. "Siempre le agarra, por nervios... Ya está acostumbrado: tiene algún evento y se queda mudo", explicaba una conocida de Kusnetzoff mientras él, en ese instante, tampoco oía.
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De carpa en carpa, de VIP en VIP, de lounge en lounge, los casi 60.000 asistentes al festival de Costanera Sur se paseaban ante los ojos de la actriz televisiva Sabrina Garciarena, que se dedicó a trabajar veladamente, como explicó en la carpa de RBK Alternative: "Empecé a grabar una telenovela en la que tengo el papel de una chica que estudia diseño y escucha música electrónica". Para su estudio, Celeste Cid no calificó; aunque asomó muy moderna al lounge de CTI Fun, la noche calurosa la encontró de polera, especial como para no bailar nada de nada.
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El fernet con Coca como trago furor; pizzas; el Avemaría saliendo del acordeón de un señor; otro que intentaba convencer a una dama de que su apellido español es –en el fondo– de origen judío; cámaras y filmadoras; coreografía tanguera en medio de Guardia Vieja y Billinghurst... Todo pasó el miércoles, cuando El Banderín –el café repleto de banderines futboleros de todo el mundo– festejaba sus 76 años. Emocionados, los clientes-vecinos abundaban en anécdotas de cuando el dueño, Carlos Riesco , les prestaba monedas para usar el teléfono público, los invitaba con un aperitivo sin ningún motivo, y de cierta vez cuando entraron dos chiquitos con hambre y les sirvió un gran café con leche y medialunas. Tal vez aprovechando el beneplácito general, Riesco se hizo el bromista: "¡Mañana aumenta todo!", amenazó entre los aplausos de felicitación. Y sembró la duda.
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En el Museo Nacional de Bellas Artes era imposible retener a los asistentes a la muestra del escultor Jorge Gamarra en la sala: todos se hacían una escapada a la exposición retrospectiva del peruano Fernando de Szyszlo . De la misma manera, en la sala de Szyszlo había deserción rumbo a la muestra de Gamarra. Entonces, ¿cómo inaugurarlas oficialmente, si el público iba y venía? La solución llegó del director del museo, Alberto Bellucci, con la idea de hacer la inauguración en conjunto. Y, de paso, se conocieron los artistas, que bastante intrigados estaban.
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Ya hay todo un equipo de producción que espera la llegada de Duran Duran a Buenos Aires –tocará el 3 de diciembre en el Personal Fest–, pero no sentados, sino corriendo del supermercado al Barrio Chino, haciendo llamadas telefónicas y revisando una y otra vez una interminable lista con las exigencias de los ingleses Simon Le Bon, Nick Rhodes, John y Andy Taylor . Y la alimentación no es un tema menor: para empezar, nada de ingredientes transgénicos y –en lo posible– mejor usar productos orgánicos. "Tenemos una cantidad de vegetarianos estrictos en nuestro equipo", se lee. "Por favor tengan en cuenta que en la banda son extremadamente conscientes de que hay que consumir alimentos saludables." Además, almuerzan a las 12.30 y comen a las 17.30, casi a la hora del té.
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En tanto, la cantante Macy Gray –que tocará en el mismo festival que Duran Duran, pero la noche anterior– se comporta menos saludable y más románticamente: para su camarín pide flores frescas (si son rosas, mucho mejor), velas de vainilla y manteles de lino cubriendo cada mesa. Y una botella de ron, también, entre agua mineral, pasta de garbanzos y pan árabe.
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"¿Hasta cuándo va a aguantar esta carpa?", le habría preguntado –con tono medroso– Mirtha Legrand al embajador de Francia, Francis Lott , tras el recital de la mezzosoprano española Teresa Berganza ante más de 500 personas reunidas bajo una carpa a prueba de chaparrones, rayos y centellas, montada al lado de la embajada de España. Fue a beneficio de la Fundación Teatro Colón, y –a 1000 pesos por cubierto– resultó todo un logro.





