Con nombre y apellido
1 minuto de lectura'
"¿Que cómo estoy? Según con quién se me compare", llegó diciendo China Zorrilla al estreno del musical Jack el destripador, algo renga, el martes último. No la había agarrado Jack, sino un dolor de pierna que la hizo pasar casi derecho a la sala del teatro Liceo, sin detenerse mucho en el hall, donde Carlos Perciavalle, Oscar Barney Finn, Víctor Laplace, Irma Roy y Carolina Papaleo andaban de acá para allá. Pepe Cibrián Campoy estaba por ahí, pero esta vez en carácter de espectador: "Sufro como un padre. Casi todos los participantes de esta obra empezaron conmigo. Bueno, a estas alturas todo el mundo empezó conmigo", hacía balances Cibrián.
* * *
Felisa Miceli llamó la atención y despertó rumores a la hora de comer. Se trató de canapés, y fue en Belo Horizonte, durante el cóctel de la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo. La ministra de Economía titubeó frente a una bandeja de salados: inspeccionó con la mirada uno, después otro, y otro... pero todos tenían carne. "No, gracias", dijo finalmente. Y no es que se haya vuelto vegetariana: según los analistas políticos que no le pierden pisada (y que estaban, justamente, por ahí cerca), su actitud nada tuvo que ver con la solidaridad con los animales, sino que –así–, Miceli buscaría evitar posibles críticas como las de la semana anterior, cuando –en medio de una comida de empresarios– se animó al bife de chorizo, pese al pedido de Kirchner de consumir menos carne.
* * *
Se habló y se seguirá hablando: la gala que la reina Beatriz de Holanda ofreció en honor a Néstor Kircher, en el Teatro Colón, pudo haber sido una gran fiesta a todo brillo social, pero se convirtió en una noche de incertidumbre, con la ausencia del Presidente. Tal vez debido al clima reinante, la princesa Máxima se mantuvo algo más discreta que lo habitual, y esto habría permitido que Guillermo de Orange fuera redescubierto por los invitados argentinos: además de mirar constantemente a la princesa con ojos amorosos, halagó en muy buen castellano los vinos argentinos y no dejó bien en claro su admiración por el Perrito Moreno.
* * *
Esa misma noche, Teresa González Fernández, en cambio, quedó admirada por los arreglos florales que abundaron en el Colón. Por eso, a la salida, la ex funcionaria pidió permiso y se llevó un ramo a su casa.
* * *
Antes de que el arquitecto Alberto Bellucci dejara el Colón, le avisaron que la princesa Máxima quería hablar con él. Y el director del Museo Nacional de Bellas Artes y del Museo de Arte Decorativo se encaminó hacia ella, que le agradeció la cuidada exposición de su vestido de novia –en el Museo de Arte Decorativo, en 2003–, que se mostró junto con la vajilla de la fiesta. Ninguno habló sobre las razones por las que tanto la princesa como la reina y el príncipe no fueron a visitar el MNBA, que los esperaba con dos muestras de arte holandés y las paredes de las salas de la planta baja enteladas con lino naranja.
* * *
En declaraciones publicadas con motivo del 24 de marzo, en las que hablaba de sus días como preso político, Carlos Menem habría refrescado la memoria de algunos tandilenses. Es que Tandil fue uno de los tantos lugares donde el ex presidente vivió bajo custodia, a mediados de los años 70. Con la carta, los vecinos hicieron memoria: Menem vivía en un departamento de Hipólito Yrigoyen al 600, justo frente al restaurante El Imperial, al que el hombre habría encargado sus almuerzos y comidas, incluidas varias copas Melba, la especialidad del lugar. Después, el carismático hombre de las patillas cambió de destino, pero la cuenta del restaurante nunca habría sido saldada. El Imperial cerró hace ocho años, de todas formas, pero los lugareños todavía se acuerdan.
* * *
Gustavo Bossert, ex juez de la Corte Suprema, tiene mucho que hacer todos los días. Pero nada iba a impedirle llegar a la inauguración de la muestra de Luis Antonio Nacucchio, en la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional. "Es un acuarelista notable, nadie pinta la pampa como él", indicaba Bossert a algún asistente neófito. Después se fueron a festejar a Edelweiss, donde todos los saludaban. Es que son habitués.
* * *
En su momento, Juan Rodó (a la derecha) fue el Drácula de Cibrián. Pero noches atrás se metía por primera vez en la piel de Jack el destripador, y probaba pinzas y cuchillos detrás del telón, cerca de Angel Mahler, director musical de la puesta. "Como nunca se lo encontró, es un personaje que genera mucho misterio y múltiples hipótesis sobre su final", reflexionaba Rodó, que compuso la música de la pieza. El estreno de Jack el destripador coincidió con la reapertura del teatro, que se inauguró en el tiempo en que el asesino serial asolaba Londres. "No es casual, sino causal", soltó con una risa macabra Rodó. Mahler dejó de jugar y se alejó hacia un costado.





