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"Como los artistas, los gorriones sentimentales entienden que Buenos Aires es un laberinto sorprendente que masculla claves y acertijos secretos que ellos deben descubrir o, si es necesario, inventar", explicaba hace unos días el escritor y publicista Luis Lorenzo en la bodega del Café Tortoni, lugar elegido para la presentación de su libro Guía de gorriones sentimentales. En una de las mesas, el pintor Carlos Cañás, autor de uno de los dibujos que ilustran la obra, recordaba una discusión entre Jorge Luis Borges y Julián Centeya sobre el habla popular, mientras Mireya Baglietto, creadora del arte núbico, sostenía que el fin último de su propuesta es crear un nuevo estado de conciencia en los hombres. Cerca de ahí, el poeta Alberto Mosquera Montaña, presidente de la Asociación Amigos del Café Tortoni, comentaba un detalle casi olvidado: que fue en una de esas mesas donde Jorge Romero Brest comenzó a escribir sus primeras críticas de arte.






