
La nueva sensación del synth pop psicodélico intenta salir de la sombra de MGMT y Empire of the Sun.
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"Passion Pit nunca quiso ser más que un regalo de San Valentín para mi ex novia. Era como una carta de disculpas en formato canción", relata Michael Angelakos, de 21 años, cantante y compositor principal del grupo synth pop de Cambridge (Massachusetts). Lo que empezó como una idea romántica, en plan solista y de escala home-studio, dio como resultado Chunk of Change, un EP editado en 2008 que contaba con "Sleepyhead" en su lista de temas: un viaje sintético que terminó siendo hit y soundtrack de publicidades para PlayStation y la cadena de videos y realities MTV. "Creo que ése fue un álbum muy doloroso. Es muy crítico de la relación en la que estaba en ese momento, como también de mí mismo, de mis actitudes. Definitivamente, no es lo que se dice un álbum de canciones de amor", comenta Michael, un alma depresiva que se caracteriza por purgar sus estados anímicos a través de la música.
SONIDO Si bien su cuadrante sonoro los pone en la misma órbita del pop de laboratorio en el que deambulan MGMT,Empire of the Sun y, a su manera, también los Hot Chip –donde los sintetizadores retro son los responsables de forjar una estética sonora y además de darle vida al ritmo–, en Passion Pit, el falsete de Angelazos junto con las melodías aceitadas de la banda dan más luminosidad al poder de la bestia en la que mutó este proyecto de computadora. "Creemos que no sonamos para nada como los grupos con los que nos comparan", dice el quinteto pistero. "Pero si eso es lo que la prensa tiene que publicar para que la gente nos escuche, todo bien", reflexiona Angelakos.
DISCO Después de trasladar lo que pasaba en su primer EP a la experiencia del show en directo, la formación pasó a tener cinco cabezas, todos con una irrefutable pinta de nerds vestidos de riguroso smart-casual. En Manners, su primer disco larga duración (editado en el Cono Sur por Sony), la suma de integrantes se hizo valer desde la composición, en la que los sonidos sintetizados se vuelven orgánicos y florecen entre los pads y las teclas de los sintetizadores o las cajas de ritmos. Violas, batería y bajo junto a arreglos de melodías vocales (incluso coros de niños) redoblan la apuesta con nuevos tracks que rankean alto ("The Reeling", "Little Secrets") en iPods que musicalizan pistas de baile y castigados MP3 urbanos. Todo esto sin perder de vista el norte de su proyección, que enhebra pop de buena cepa desde sus bases, drama en sus letras y un beat que, finalmente, se ubica más cerca del dance-floor que de las sombras del imaginario de su fundador y principal autor. "Creo que encontramos la fórmula de nuestro propio sonido", termina Angelakos. "Este disco refleja bastante lo que somos. Estoy contento de poder decir, finalmente: «Esto es Passion Pit»."
Mirá a Passion Pit interpretando "Sleepyhead"


