
Consagración de Araiz
Vuelve al Colón con una puesta prohibida por Onganía.
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El Ballet del Teatro Colón ensaya con frenesí. La música de "Consagración de la primavera", de Stravinsky, los transporta con su atípica rítmica. Oscar Araiz, autor de la coreografía, hace observaciones y contempla con agudeza los detalles. Es una obra entrañable para este creador y es la que cierra el primer programa de la temporada oficial de ese elenco, que se estrena hoy e incluye "Adagietto", con música de Mahler, también de Araiz, y "Sinfonía en Do" y "Tchaikovski pas de deux", de Balanchine, con piezas de Bizet yde Tchaikovski, respectivamente.
La historia de esta versión de "Consagración" se remonta a más de tres décadas. Es el tiempo que ha transcurrido desde que se vio en ese escenario por última vez.
-¿Cuándo la estrenaste?
-La primera función fue el 4 de julio de 1966 y formaba parte de las presentaciones de la desaparecida Asociación Amigos de la Danza. Ese mismo año la monté para el Ballet Estable del Teatro Colón.
-¿Por qué desapareció del repertorio de esa compañía durante 34 años?
-"Consagración" se hizo unas pocas veces. Fue durante el régimen de Onganía, y la ópera Bomarzo ya había provocado controversias. Por algunos, mi obra fue calificada de escabrosa. ¡Bah!, no sé si ése es el término. No hubo una prohibición oficial sino molestia de parte las autoridades. Entonces, pidieron al Colón que la levantaran de su repertorio. Así lo hicieron. Eso no quiere decir que desde entonces subsistiera la idea. Sólo sé que no se pensó antes en remontarla.
-Cuando la cancelaron en 1966, ¿te sentiste nervioso o furioso?
-Nervioso, no. En todo caso, triste. Es una obra a la que la indiferencia no le cabe. Cuando Stravinsky, con la coreografía de Nijinsky, la estrenó en 1913, suscitó enormes polémicas. Sin embargo, para la mayoría es la obra musical del siglo. Por alguna razón, está muy ligada al inconsciente colectivo. No hay que olvidar que el compositor la concibió durante un sueño. Inmediatamente se abocó a escribirla, aunque estaba con otra partitura entre manos. Su imagen fue la de una joven elegida por un grupo de ancianos de una tribu primitiva para ser sacrificada. Una ofrenda que condice con ciertos ritos primitivos.
-A través de los años, ¿se transformó tu idea original?
-No la esencia. Fue mutando en lo visual, no en lo coreográfico. Antes, una mujer, que simboliza el Espíritu de la Tierra, emergía de una enorme pollera que cubría a todo el cuerpo de baile. Yo había imaginado esa falda, que luego se transformó en otras ideas, ya que cada vez que repuse "Consagración" el planteo estético fue diferente. El vestuario para el primer Ballet delSanMartín fue de Susana Otero Leal y seguía esos parámetros. Pero cuando lo hice para el Royal Winnipeg Ballet, de Canadá, la ropa se humanizó. En vez mostrar seres ancestrales, antropomórficos, a través de joggins y ropa cotidiana los bailarines dieron una imagen contemporánea, aliada con lo urbano.
-Los cambios no quedaron ahí...
-Incidieron varios aspectos en esas variantes. La versión del Ballet de Ginebra coincidió con la Guerra de las Malvinas, de modo que yo estaba sumergido en ese tema. Los muchachos tenían botas y la falda del Espíritu de la Tierra era un basural por el cual se asomaban los intérpretes.
-Otra visión fue cuando la mostraste en 1993 con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.
-Fue con motivo del 25 aniversario de la compañía. En esa oportunidad tuve nuevas ideas. Desapareció la inmensa pollera, pero las tensiones que producía la tela eran generadas por los movimientos de los bailarines. Sin la materia, la esencia es igual. Con bocetos de Renata Schussheim, la gente tenía mallas color carne, que simulaban desnudez y, sobre esto, barro.
-Pasaron muchos años desde que la creaste, ¿te agrada reponerla?
-Me da mucho placer, en cualquier circunstancia. Respecto de la puesta en el Colón, estoy muy contento. Hacía tiempo que no trabajaba con el elenco completo, ya que la última coreografía que hice allí fue "El mandarín maravilloso", que implica cinco personajes. Por otra parte, cada tanto se da "Adagietto", que es un dúo. Cuando comencé los ensayos me quedé muy sorprendido, ya que no esperaba la respuesta que obtuve. Hay bailarines jóvenes, muy dotados, con energía, personalidad y gran entrega, algo que hace años que no veía en ese elenco.
-Tu extracción es la danza moderna. De eso venías cuando en 1979 fuiste nombrado director del Ballet del Colón. ¿Qué experiencia te dejó ese período?
-Fue un año. No produje mucho, sólo creé "Sueño de una noche de verano" y repuse algunas coreografías. La verdad, huí de ahí para asumir la dirección del Ballet de Ginebra.
Presente alentador
Queda claro que su experiencia, en aquel no fue agradable.
-Mi esperanza es que estos veinte años hayan servido para algo. Creo que es así, porque aparecen MaricelDe Mitri o Analía Domizzi, que están preparadas y abiertas para todo los estilos. Son bailarinas extraordinarias en la danza contemporánea, algo raro de encontrar en un plantel básicamente clásico. También hay muchachos y otra gente que no tienen la experiencia en la técnica, pero que absorben como esponja y tienen excelente disposición para comprender el estilo.
-¿Quiénes interpretarán los papeles protagónicos?
-Silvina Perillo es La Elegida. En otras funciones ese papel lo hará De Mitri. Marcelo Contreras será El Elegido; Jorge Amarante representará al Jefe, y a su mujer, María Eugenia Padilla. El Espíritu de la Tierra será Virginia Licitra. En cuanto al vestuario, de Renata, tiene otra vuelta de tuerca. Es lo interesante de esta obra: nunca se presenta de la misma manera. Ahora, sobre las mallas en el tono de la piel y el lodo hay tatuajes pintados. El diseño se inspira en las pinturas de los indios selkam, de Tierra del Fuego, una cultura casi desconocida que desarrolló una especial estética, de impresionante refinamiento.
-¿Hay similitud entre tu obra y la original, de Stravinsky y Nijinsky?
-La idea de esos autores fue la Rusia pagana, que no es la mía. En esta oportunidad, vuelvo a mi idea inicial: mostrar una sociedad primitiva, de sentimientos y actitudes primarias.
-¿Creés que lo que destila la obra es atemporal?
-Por cierto. Tiene temas muy fuertes que tocan los sentimientos más atávicos del hombre: el nacimiento, la fecundación para la renovación de la especie, los nuevos jefes que matan a los viejos, la guerra, el hambre, el sacrificio. La música tiene un alto poder de conmoción. Aunque técnicamente es muy lógica, lo que se desprende no es racional. Tampoco se diferencia de lo que ha movido al ser humano en todas las épocas. Seguimos comiéndonos los unos a los otros y la lucha por el poder y los horrores que se cometen por obtenerlo son iguales. Este es el meollo y es lo que muestro en mi versión.
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