
Copeo, recopeo, euforia...
Desde los egipcios hasta hoy, un repaso sobre esas copas de más
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Fin de año con los amigos, los compañeros de trabajo, los amigos de los amigos, la familia del novio, los amigos del novio, los compañeros del gimnasio, la propia familia, los compañeros del trabajo anterior... Llegan las fiestas de fin de año y también los clásicos infaltables: la difícil tarea de elegir los regalos; cuidarse de los ruidosos fuegos artificiales, de las sorpresivas cañitas voladoras..., y que ninguno de los discípulos de Baco invitados haga desmanes alrededor del arbolito y, mucho menos, sobre el pesebre recién armado.
Tal vez después de evaluar los efectos del alcohol en fiestas de fin de año, el español Germán Suárez Blanco haya escrito el Léxico de la borrachera, dondedemarca la evolución en este estado: primero, copeo; después, recopeo; más tarde, euforia y exaltación de la amistad; un rato después, cantos regionales y chistes groseros; más adelante, insultos al clero y al gobierno; agresividad y abuso de las circunstancias; violencia, peleas, destrozos; desequilibrio, vértigo, y por último, horizontalidad.
Estos grados, analiza Suárez Blanco, se corresponden con representaciones animales: oso, desde el copeo hasta la exaltación de la amistad; mono, desde los cantos regionales hasta el abuso de las circunstancias; león, desde la violencia hasta el desequilibrio, y cerdo, vértigo y horizontalidad.
Por algo, desde el siglo XVI se exhiben en lugares públicos de España, como tabernas, órdenes grabadas a fuego sobre vistosos letreros: Se prohíbe el cante, la blasfemia y la palabra soez, bajo multa de 25 pesetas. No está muy claro si es por el total o por unidad.
Algunos motes
Sin embargo, la fama de los bebedores más empedernidos reinaría sobre el hombro de los cosacos, pero los ibéricos atribuyen a los vascos una pasión similar. Se los menciona como parte de la familia Chupitegui . También es sinónimo el término lechuzo , derivado de la creencia recogida por Antonio Machado en uno de sus poemas, de que las lechuzas beben hasta el aceite de la lámpara del Santísimo. El poeta Góngora los llamaba santrago , y por la inmediata afición a cantar que generan las monas , también son llamados músicos .
En Francia se los conoce como pilar de taberna , mamógrafo o, ya en francés, boit sans soif, bebe sin sed, y sac à vin, saco de vino.
De atenienses a neoyorquinos
Para echar un poco de luz al tema en la actualidad, nada como recorrer la historia: en la época de esplendor del pueblo egipcio, por ejemplo, se observa que algunos se entregaron profusamente a la bebida. En esa cultura no se decretó, como en otras latitudes del mundo antiguo, ningún tipo de restricción vínica por razones de sexo, creencias o escalafón social. "Han quedado ejemplos grabados de mujeres concienzudamente ebrias y de opulentos personajes transportados por su servidumbre en condiciones muy poco airosas. Ni a los muertos se les privó de esa oportunidad, ya que la presencia de una buena jarra de vino en toda cámara mortuoria digna podía servir para aliviar el tránsito del alma. No hay que olvidar que Osiris, dios egipcio del vino, se identifica con el Dionysos griego", menciona J. M. Caballero Bonald en su Breviario del vino .
Es que para muchos no tendría nada de malo: se le atribuye al filósofo griego Plotino aquello de que "resulta beneficioso embriagarse una vez cada catorce días y hacer el amor cada siete". Por su parte, el afamado Hipócrates aseguraba que "el agua y el vino en partes iguales disipan los horrores y las congojas". Mientras, una condena babilónica anuncia que "será aborrecido todo aquel que prostituya la naturaleza virgen del vino, añadiéndole agua".
Más hacia nuestros días, Herbert Wendt, en su obra Empezó en Babel , hace referencia al día en el que Henry Hudson llegó a la isla que después fue conocida como Manhattan: "El 3 de septiembre de 1609 había embarcado toda clase de bebidas alcohólicas y ofreció amablemente a los indios que bebieran de ellas. En pocas horas toda la tribu estuvo embriagada. Parece que aquella magnífica fiesta de la borrachera -así dicen por lo menos fuentes indias no poco discutidas- dio su nombre a Manhattan: Manna-Hata , o lugar de la borrachera ".
Que cada uno saque sus conclusiones.






