Difuntos Correa, Saiko, Catupecu Machu, Lucybell. Pista Atlética, Estadio Nacional, Santiago - Viernes 24 de marzo
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A falta de Lucybell, bueno es Catupecu. Unas seis mil personas llegaron a la segunda noche de Cristal en vivo. Temprano comenzó la acción con los explosivos e incansables Difuntos Correa, septeto empecinado en romper marcas nacionales en vivo: el año pasado fueron 103 shows y este 2006 no paran de promocionar la reedición de su debut Tramposo amor (2004).
El público fluía a borbotones cuando Saiko subió al enorme escenario emplazado en un recinto demasiado amplio considerando la convocatoria final. Ahí brilló Denisse Malebrán, una voz deliciosa que sabe subir, bajar, callar y excitar. Un imán de miradas en pantalla gigante que sabe en qué momento quitarse la chaqueta y coquetear con el público (el camarógrafo no resistió y apuntó directo al culo de la diosa en una ocasión). Una flor cayendo en los remolinos guitarreros de Luciano Rojas, bañados en secuencias y los azotes precisos de la base rítmica.
Saiko sonó macizo durante sus 45 minutos. Los músicos supieron crear atmósferas a través de un set planteado con inteligencia. Dispararon su arma principal en el instante exacto y generaron un cráter en la ciudad de pobres corazones: "Lo que mereces" es el tipo de himno que Coldplay y Starsailor pagarían por tener siempre a mano.
Las apuestas corrían en contra de Catupecu Machu. La presencia radial del combo argentino es baja incluso comparada con Difuntos Correa. El grueso del público venía por Lucybell y, en ese sentido, Saiko era el aperitivo perfecto. Para empeorar las cosas, comenzaron con un sonido débil. Recién a la tercera canción el volumen estuvo a la altura de la atlética entrega de los músicos, cuyos ataques de rock con inyección electrónica rompieron la noche. En una hora y veinte minutos, Catupecu protagonizó un brutal derrame de energía. Las arengas testoste-sónicas del cantante y guitarrista Fernando Ruiz Díaz encendieron a la masa que aplaudió y saltó a pedido, mientras su hermano Gabriel corría de un lado a otro con bajo, falda negra y cuernos demoníacos. Aunque anclados en sus instrumentos, baterista y tecladista cabecearon cada beat por minuto. Y si llegaron algunas pifias impacientes, los trasandinos vivarachos las taparon con sus singles más populares en Chile: "Magia veneno" y "A veces vuelvo", para rematar con una extensa "Dale!" diseñada para provocar el cántico de estadio.
Pese a la presencia masiva de su hinchada, al apoyo visual y a su sólida reputación en directo, Lucybell güateo. El power trío se vio atrapado en una selección de canciones algo errática y desordenada. Pasa en las mejores bandas. En las baladas, el grupo parecía al borde de la Maná-nización: chicas chillando, vocalista afectado revoloteando entre las palabras y un batero convertido en "EL" punto de tensión/atracción musical. Además, Claudio Valenzuela tuvo una jornada poco inspirada y Eduardo Caces parecía hipnotizado. Y fue tal el poderío de Cote Foncea en la batería, que eclipsó a sus compañeros. Faltó peso, sobre todo en las guitarras.
Quizás sea hora de pensar en un refuerzo.





