Cuba vibra en Palermo
En Buenos Aires, un reducto revive las noches caribeñas
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Inspirado en la legendaria Bodeguita del Medio de La Habana, hace poco más de un año nació en la urbe porteña un boliche donde no faltan sabores, ritmos ni exponentes varios de la cultura cubana. Y su nombre no es otro que La Bodeguita de Buenos Aires.
A mitad de la calle Empedrado de la ciudad de La Habana, cerquita de la catedral, se te aparece un lugar singular, pinta de restaurante, café concert colonial, o bar de moda en todas las costas. Ajado, pero jovial, de altas rejas que delatan su pasado, La Bodeguita del Medio tiene la dignidad escrita en las paredes, sembradas con caligrafías nobles y bastardas.
Cuba ha tapizado sus paredes: algún verso de Guillén, alguna frase de Carpentier estarán perdidas entre la maraña innumerable de verbos. A mitad de la calle Gascón, en el 1460, del barrio de Palermo, otra bodeguita se fundó, en marzo de 1996, a imagen y semejanza de aquella otra del Caribe: La Bodeguita de Buenos Aires. Todo comenzó cuando la cubana Claribel Terré, que estaba viviendo aquí, sintió deseos de generar un espacio propio y característico del imaginario cubano.
Inmediatamente, surgió la idea de abrir un restaurante, pero no era suficiente para paliar el vacío cultural de la colonia cubana en Argentina. Por eso decidieron jugarse en un proyecto más ambicioso, un restaurante que ofreciera actividades culturales o una casa de cultura que diera de comer.
En todo caso la diferencia no se nota. Lo que sí se advierte es la necesidad de los cubanos por la organización y algún tipo de estructura que los contenga. Nombraron una encargada de RRPP, un director artístico y, calculo, un director de cocina. El modelo fijado para el nuevo local fue el emblemático restaurante de La Habana. Aquí también las paredes están profusamente cubiertas de refranes, biografías, graffiti y epístolas. Hay posters de Cuba, farolitos, botellas y una foto del Che, quizá la relación más carnal entre nuestros países.
Música, ron y frijoles
A La Bodeguita de Buenos Aires puedes ir, ¡chico!, a hacer varias cosas. Veamos algunas de ellas. Si tu intención es comer, ¡prepárate! La calidad de los platos es muy desigual y puedes encontrarte con una sospechosa ensalada cubana ($ 7) a base de conservas enlatadas, o con una carne ripiada ($ 12) bastante buena.
Hay otras entradas como la crema africana (a base de frijoles negros) o la crema de queso a $ 6, y picadas que se sirven en tablas.
Los platos calientes, como el pollo a la miel ($ 12) o el calamar a la Varadero ($ 14), vienen en grandes fuentes, acompañados de boniato (batata), yuca (mandioca) y tostones de plátano (banana frita).
También hay moros y cristianos (arroz y frijoles negros) y cerdo frito ($ 16). De postre: coco rallado con queso, dulce de guayaba o torrejas. Olga, la encargada de public relations, asegura que el cocinero es cubano y que ella sólo entra en la cocina para hacer café. La asesora gastronómica es en realidad una moza que, salvo por el acento, no parece cubana.
Nueva/vieja trova
Pero también puedes ir a "bebel", chico (quien escuche atentamente a un cubano, sabrá por qué lo escribo así). Si te gusta cualquier mezcla de combustibles, puedes elegir de una larga lista que incluye cuba libre, mojito, daiquiri, canchanchara y otros inefables brebajes. Sino, la salvación viene de un "vasico" de ron Habana Club 7 años, solo o apenas con un hielo, una verdadera delicia.
Ahora bien, una tercera y sensata opción es ir a ver el show (sólo viernes y sábados) que está anunciado para las 22. Comienza suavezón de la mano de Rafael de La Torre que, acompañado de su guitarra y de algún músico invitado, entibia la atmósfera del lugar .
Al ratito, aparece un mulato enorme y ágil con una sonrisa más grande que la cara y un traje típicamente cubano, cantando "El manicero". Se llama Alberto Bonne, y de su mano llevamos a cabo un viaje temporal mediante la música y el folklore de la isla, pasando del mambo al cha cha cha, hasta llegar a la "nueva/vieja trova", como la llama Rafael. A medida que empieza a bailar, se nota algo de medida torpeza en sus movimientos, y llega a zapatear con unos chanclos de madera acompañando la música como si fuera un instrumento de percusión.
Una vez establecido el clima, empiezan los concursos de detreza vocal y percusiva en los que Alberto no tiene rival. A pesar de todo, las víctimas ganan su merecido trago con ron. Luego, si la tibieza argentina permite un aumento de temperatura, se arma el bailongo y todos salen a salsear entre las mesas.
¿Y la cultura para cuándo? A no desesperar. Todos los jueves a partir de las 20, se organiza alguna actividad de interés cultural. En septiembre hubo, por ejemplo, una degustación de ron y tabaco, una velada dedicada a la narración de cuentos a cargo de Gladys Lapides, un café literario y hoy, el encuentro "entre mujer y mujer" a cargo de la trovadora cubana Clara Victoria y la actriz Marialina Grau.
No conforme con los espacios creados, la inquieta Claribel Terré Morell edita Fresa y chocolate, cuyo subtítulo, "Periódico bimestral de cultura cubana para Latinoamérica", va por el número cuatro y tiene un suplemento literario, algo de cine, reportajes entre los que se incluye una a Silvio Rodríguez) y notas varias. Sale $ 3 y se puede comprar allí. Por su parte, la cena con show incluído tiene su lugar los viernes y sábados (Tel. 867-1619).
Esta "otra bodeguita" deja una impresión contradictoria de chispa y melancolía, de calor tropical en una noche de invierno. En este sentido, La Bodeguita de Buenos Aires capta la esencia cubana de los últimos tiempos.
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