Cultura sufre el efecto del ajuste

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9 de diciembre de 2001  

La asfixia presupuestaria que afecta al Estado nacional provocó una serie de reacomodamientos en la Secretaría de Cultura de la Nación, que conduce Darío Lopérfido.

Ante la falta de certeza sobre cuál será el presupuesto 2002 para esta área -dependiente del Ministerio de Turismo, Cultura y Deportes, a cargo de Hernán Lombardi- se decidió no iniciar en enero la segunda edición de "Argentina en Vivo".

Según confirmó Lopérfido en diálogo telefónico con LA NACION, el ciclo de conciertos gratuitos se realizará a partir de febrero y reduciría de once a seis sus funciones: "Sería una locura programar algo si todavía no sabemos con cuánta plata contaremos".

En forma simultánea con la noticia de la renuncia de Santiago Chotsourian a la Dirección Nacional de Música -la DNM, que coordina las actividades de organismos musicales como la Orquesta Sinfónica y el Coro Polifónico nacionales- anteayer se conoció la no renovación del contrato del director del Teatro Nacional Cervantes, Raúl Brambilla (ver aparte).

Según Lopérfido, se está buscando para la conducción del Cervantes a una persona que, además de programar, se las ingenie para conseguir fondos frescos. "En este momento de crisis hay que tener un director que, además de programar bien, como lo hizo Brambilla, tenga una noción de management y de obtención de recursos, por ejemplo, a partir de la nueva ley de mecenazgo", explicó Lopérfido. En lo que respecta a las necesarias refacciones del edificio, informó que dicha tarea quedará a cargo de Liliana Barela, de la Dirección de Patrimonio. Lopérfido aseguró: "La plata del Estado va estar para garantizar los salarios y las producciones".

-¿Esto no significa una mayor retirada del Estado en lo que se refiere a la actividad cultural?

-La crisis económica existe y no se la puede negar. Pero de todos modos la ley de mecenazgo no implica el retiro del Estado porque, al fin y al cabo, significa que los sponsors están obteniendo una desgravación de impuestos. El Estado no se puede retirar de lo actual, esto es, pagar a los empleados sus salarios y que se hagan buenas producciones. Pero el Cervantes tiene problemas edilicios serios y si los querés solucionar, hace falta buscar alternativas de financiamiento.

En cuanto al alejamiento de Santiago Chotsourian de la DNM, luego de un año de exitosa tarea de racionalización administrativa (reconocida tanto por los músicos del área como por el propio Lopérfido), éste parece marcar cuál es el límite que tiene Cultura para desarrollar su tarea. Chotsourian pegó el portazo al comprobar que no se podía ni siquiera garantizar un mínimo de recursos para el desarrollo normal de la actividad. Y se pasó a la todavía rica ciudad de Buenos Aires, donde formaría parte del equipo normalizador del Conservatorio Manuel de Falla.

La falta de fondos es tan desesperante que el último concierto del año del Coro Polifónico Nacional corre peligro de cancelarse, ya que no se liberaron 400 pesos para pagar el traslado de unas gradas. Enterado de esto, Lopérfido aseguró que está dispuesto a pagarlos de su bolsillo.

Del lujo a la subsistencia

Dos años y medio deben parecerle a Lopérfido una eternidad. Es el tiempo que media en que, con toda la gloria, dejó su gestión al frente de la Secretaría de Cultura porteña para trasladarse a la misma órbita, pero en el nivel nacional, siguiendo a Fernando de la Rúa. El jugoso presupuesto con el que cuenta la ciudad de Buenos Aires le había permitido hacer una gestión lujosa y de alto impacto mediático, que incluyó festivales como los de teatro y cine y ciclos como "Buenos Aires Vivo". En Cultura de la Nación, en cambio, se encontró con otra realidad.

La continua reducción de las partidas lo llevaron a que, en el fin de 2001, sólo puede pensar en una gestión de subsistencia. Su lucha cotidiana consiste en garantizar que la actividad no se detenga: "Anteayer me pasé gran parte del día llamando a Economía para ver si nos mandaban los sueldos para el personal del Cervantes, la Biblioteca Nacional, Canal 7 y Radio Nacional".

La lógica del déficit cero propone una dinámica cruel: "Vas a tener plata cuando entre plata. Por eso, en el último trimestre sólo recibí el 40 por ciento de lo que nos correspondía", se defiende Lopérfido. Ante esta coyuntura, su deseo es poder "mantener la estructura permanente, que son los cuerpos estables, los museos y la biblioteca", concluye.

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