
Cura, entre éxitos y quejas
Canta esta noche en Londres, para presentar su nuevo CD; cuando habla de la Argentina, se enoja
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LONDRES.- Si hay algo que deja en evidencia el desesperado amor que José Cura siente por la Argentina es que, mientras los más prestigiosos teatros del mundo se disputan para contratarlo y la prensa especializada internacional no se cansa de halagarlo, un par de críticas negativas en su país son capaces de amargarle la existencia. Es esta sorprendente realidad lo que tornó la entrevista prevista con La Nación para anunciar el lanzamiento al mercado de su último CD, "Verdi Arias", que interpretará esta noche en el Royal Albert Hall, en una caza del gato y el ratón.
Originalmente estaba prevista para las 15 en el hotel Hyde Park, de Knightsbridge, pero una demora en el avión que lo había traído el día anterior de Bari, donde había dado vida a la "Tosca", de Puccini, complicó su agenda, empujando la cita primero quince minutos, después una hora y finalmente hasta las 17.
La llegada de un chofer a la conserjería del hotel, a las 17.20, respondiendo a la orden del maestro Cura de conducirlo a la Royal Opera House en cuestión de diez minutos, dejó a las claras que algo no andaba bien.
Los intentos de la encargada de prensa de la firma discográfica Erato por interrumpir una dilatada entrevista con dos representantes de la prensa griega fracasaron una tras otro y sólo cuando La Nación entró en la sala para anunciarse personalmente, el tenor rosarino puso fin a lo que entonces no era otra cosa que una sesión de firma de autógrafos e intercambio de anécdotas.
Con el rostro pícaramente resignado de un niño que fracasó en el intento de evadir el sillón del dentista, Cura invitó a esta corresponsal a entrevistarlo en la limusina que lo transportó al cercano teatro de Covent Garden. El pesado tráfico londinense sería -aún en medio de la crisis del combustible- el único aliado en la lucha por mantener un diálogo relativamente largo con el artista. La primera, y para quien escribe inocente, de las preguntas ("¿Cómo te las ingenia para conducir tan bien en el CD a la Philarmonia Orchestra y cantar al mismo tiempo?") marcó el tono de la charla.
"¿Por qué en la Argentina siempre cuando hacemos algo tiene que ser por ingenio y no por trabajo, sacrificio, estudio y preparación? -replicó-. Seguimos atando las cosas con alambre en nuestro país ¿no? Disculpame que te responda así, pero es porque cada vez que yo leo algo en la prensa argentina suena un poquito raro..."
Decirle que su participación en "La Traviata", transmitida a todo el planeta el día de Año Nuevo (y en la Argentina por el canal francés TV5), mereció infinidad de elogios, que su debut en el Metropolitan de Nueva York -que llevó al The New York Times a bautizarlo "el nuevo epítome del monstruo sagrado"- hizo sentir a todo argentino que se precie de tal orgulloso de su bien ganada fama, apenas logró calmarle el ánimo.
"Sí, es cierto, no todos hablan mal de mí... Depende de quien escriba... Pero lo que me da pena es que, más allá de las críticas negativas y positivas que uno pueda recibir en todas partes del mundo, las únicas que tienen un trasfondo de mala leche son las que vienen de mi país. Y es muy triste, porque a mi país lo quiero mucho...
"Lo mío no es casualidad -dijo, retornando a la pregunta original-. Es producto de semanas agotadoras en las que se empieza a grabar a las siete de la mañana y se termina a las ocho de la noche. No canto primero y después agrego la orquesta. Hago todo junto. Es duro, difícil, pero no imposible. El premio no es el placer de dirigir, que por ahí me lo saco conduciendo cosas donde no canto. Por ejemplo, el año que viene dirigiré el Réquiem de Verdi, empezaré a dirigir óperas, tengo invitaciones para hacer conciertos sinfónicos, así que mi vida está tomando el perfil que yo quería, con la división de las dos actividades.
"Si me hubieras preguntado lo mismo hace dos años hubiera dicho que me las ingeniaba por el placer de conducir. Pero ya no es así. Es porque de esta forma me aseguro de ser responsable del recital desde la A hasta la Z. Un recital no es una ópera donde uno es un simple engranaje en un equipo que debe ser coordinado por un director. Como yo tenía algunas ideas específicas sobre algunas arias del disco, quise ser el responsable tanto de los aciertos como de los errores.
"Podría haberle pedido a un director de fama mundial que lo condujera y, sin duda, habríamos hecho una excelente obra. Pero no habría sido mi disco, sino el de un gran director. Si hubiera contratado a un director talentoso pero desconocido habrían dicho que él hizo lo que yo dispuse porque le pagué o se le habría atribuido un mérito que por ahí no tenía."
Cura admitió, sin embargo, que no todos los recitales lo llevan a tomar la batuta. "Un recital Verdi no es uno de cualquier autor... Es un poco como un clásico River- Boca. Es una de esas cosas que todo el mundo está esperando a ver qué vas a hacer. El disco anterior, "Verismo", también lo dirigí, a la gente le gustó, pero como no es un movimiento que despierte mucha curiosidad, pasó con buenas críticas pero sin demasiadas pasiones."
"Aquí, sin embargo, estamos metiendo la mano en el corazón de la ópera. Especialmente a un año de cumplir el centenario de la muerte de Verdi, algo que puede tornarse en una oportunidad para homenajear a un compositor que no se dejó arrastrar por las modas. El desafío es mayor y es eso lo que me decidió a emprenderlo. Ahora, que sea lo que Dios quiera."
El artista argentino dejó poco espacio al azar. Controló todos los detalles de la edición: desde la elección del orden de las canciones hasta la portada del CD y el material publicitario.
"En la elección de los temas uno de los objetivos fue, por supuesto, cantar arias que pertenecen a mi repertorio, como "Aida", "Otello", "Don Carlo" y "Trovatore". El resto lo incluimos simplemente porque es música maravillosa, como "Un ballo in maschera". Algunas de estas arias me llevan a encarnar papeles que probablemente nunca llevaré a las tablas. No creo que vaya alguna vez a cantar "I due Foscari" porque raramente es producida en los teatros y porque no me veo en todos los aspectos del personaje."
De reyes a vasallos
¿Podrá un artista que acostumbra controlar todo volver a dejarse dirigir dócilmente por otro? Cura afirma que sí: "Uno no es rey por diez años y vasallo por otros diez. Uno baja y se sube del trono muy rápido. Lo que es muy bonito porque cuando sos vos el que dirigís, tomás la responsabilidad, cuando otro lo hace, ésta pasa a sus manos pero uno se enriquece de la sabiduría del otro sin arriesgarse más de la cuenta. Muchos de los grandes directores se dejan dirigir. Barenboim dirige, pero cuando toca el piano lo hace otro, y eso es lo que crea la riqueza y el interés".
Al preguntársele si había alguna posibilidad de que la Argentina figurara en su itinerario, su rostro volvió a ensombrecerse. "Me ofrecen siempre cosas para hacer el año que viene, cuando mi calendario se prepara con seis años de anticipación. Estoy programando ahora con teatros, como el de Chicago, para 2007...Yo sé que en la Argentina no pueden ofrecerme otra cosa porque nadie sabe qué va a pasar en el corto plazo, menos aún al largo. No sé cuándo volveré a casa... Mi último paso por la Argentina fue también tan agotador, tan duro, tan lindo en algunas cosas y tan injusto en otras que tendría que pensar mucho y poner algunas cosas en orden antes de decidir volver."
"No le estoy reprochando nada a nadie ni me quiero hacer pasar por sabelotodo... No lo tomes a mal -volvió a suplicar-, pero estoy un poco cansado de que la prensa argentina me malentienda... Estando afuera a uno le duele particularmente ver sus declaraciones tergiversadas. Le dije, por ejemplo, a una periodista que cuando la actual generación de primeras figuras finalmente se retire tendremos la gratísima sorpresa de encontrarnos con una nueva camada de grandes cantantes, actores, gente bella incluso físicamente que tirará finalmente por tierra el mito de que las grandes estrellas del arte clásico están en extinción. ¿Y cuáles fueron los titulares? "Cuando los divos se bajen del caballo, les vamos a mostrar", "Se terminó la época de los cantantes gordos", y cosas por el estilo. Esto me creó una polémica y una onda de resentimiento enorme entre mis colegas que no me merezco porque no lo dije.
"Yo reconozco que tengo la boca muy filosa y no me gusta callarme, pero jamás dije nada a título personal. Cuando estuve en la Argentina muy pocos periodistas tuvieron el coraje de discutir mano a mano, como hombres, para alcanzar conclusiones mutuas. Muchos esperaron a que me retirara, sabiendo que desde el exterior no tengo mucho poder para responder, para tirarme alguna basura. Y eso es muy triste porque, si bien no creo que influya en el amor que yo tengo por el público argentino, que me parece es correspondido, esta camada está empecinada en darme una imagen de engrupido", se quejó una vez más este multifacético artista.
La música, la familia
A Cura, de 38 años, no le gusta que lo encasillen como el sucesor de Pavarotti en los Tres Tenores, y por eso en más de una ocasión ha sugerido a Marcelo Alvarez y Ramón Vargas como los verdaderos herederos. El aspira en unos diez años a dedicar "un 75 por ciento del tiempo a la dirección y un 25% al canto". Esto en lo profesional, porque en lo personal su batalla es por preservar la vida familiar, que comparte con su esposa Silvia y sus tres hijos. "No quiero que un buen día me reprochen el haberlos abandonado. Es por eso, por ejemplo, que no trabajo con el Metropolitan de Nueva York, no porque no tenga una excelente relación con ellos, sino porque por una cuestión de programación ellos necesitan que el artista se radique allí un mes y medio.Yo no puedo hacerlo, porque tendría que dejar a mi familia en Europa, y no es lo que quiero..."




