En una emotiva carta, Ara Tokatlián anunció la desaparición física de Dana, guía espiritual de Arco Iris por más de tres décadas.
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Hace unas semanas, llegó a la redacción una emotiva carta de Ara Tokatlián donde anunciaba la desaparición de su esposa, Dana, guía espiritual del grupo Arco Iris por más de treinta años.
Dana falleció hace más de dos años, en el norte de México. En estas líneas está también el motivo de demorar la noticia. Aquí reproducimos textualmente la carta de la despedida.
Carta abierta de Ara Tokatlián
"Alguna vez, allá por los comienzos de la increíble aventura humana y musical de Arco Iris, Dana, a quien cariñosamente llamábamos Danais, nos leyó la novela Omar Khayyam de Harold Lamb. El impacto que esa historia causó en lo más profundo de mi ser, perduró en el tiempo y además, originó en mi vida un enigmático y doloroso apego hacia el paisaje dominante del relato: las gigantescas dunas del desierto. Un tiempo después me enamoraría de las dunas, el mar y las misteriosas naves encalladas en las playas de Costa Bonita, Necochea. Pero lo que más cautivó mi espíritu nostálgico fue la última carta que Khayyam escribió como única contestación y defensa ante el mundo; carta en la que describe con poesía simple y embriagadora sus fracasos, sus desdichas y sobre todo el inmenso dolor por la pérdida de su amada.
Hoy me encuentro haciendo algo parecido, algo que siempre temí fuera a suceder: escribir también una carta para informar al mundo, en este caso, de la desaparición de esta vida, para siempre, de mi maestro y amada Danais, acaecida en septiembre de 2003. Desde entonces una profunda tristeza y un dolor desgarrador me mantuvieron en silencio total, con las manos y toda mi voluntad paralizada. Una avalancha de recuerdos, anécdotas y vivencias se agolparon en el umbral de mi corazón y me obligaron penosamente a revivir los 33 años que viví junto a Danais. Me llevó mucho tiempo volver a encontrar el rumbo en mi vida y también madurar el contenido de esta carta.
Puedo afirmar con certeza que los conceptos de vida, los pensamientos, sentimientos y sobre todo las intenciones de Danais fueron siempre de un alto grado de pureza y dirigidos para lograr el bien en las demás personas. En cuanto a los integrantes de la hermandad y el grupo Arco Iris, ella nos ayudó a superar nuestras propias limitaciones humanas y musicales e infundió en nosotros la confianza para desarrollar talentos y capacidades que en muchos casos desconocíamos; no puedo evitar verme a mi mismo al final de los sesenta junto a Gustavo Santaolalla y Guillermo Bordarampé, cantando temas en inglés, tratando de imitar a los Beatles, y compararlo con lo que, luego de conocerla, pudimos crecer y desarrollar como individuos y artistas. Danais nos ayudo a disipar el miedo. Realmente amaba y creía en el prójimo.
Lástima que no todos lo entendieron así. Algunos muy cercanos y otros más distantes gastaron demasiada energía para atacar y cuestionar lo que desde un principio fue una elección personal basada en la convicción y la absoluta libertad individual. A pesar de nuestros jóvenes diecinueve años, nadie nos torció el brazo para seguirla. La falta de respuestas de la sociedad, la iglesia y nuestras familias a preguntas e inquietudes internas, hizo que nos acercáramos a Danais. En la medida que esa convicción fue decayendo en cada uno, se produjeron los alejamientos. Siempre hubo dos puertas en Arco Iris: una para entrar y otra para salir y ninguna de las dos jamás tuvo cerraduras.
Danais entendió y aceptó los cambios de convicción que pueden suceder en el interior de uno con el correr del tiempo, los desencantos e incluso las profundas modificaciones en las creencias respecto de un modo de vida. Por eso pudo vivir en paz más allá de los comentarios favorables o negativos que por entonces circularon respecto de nuestro grupo.
No quiero que nadie pierda tiempo para contestarme ya que ahora poco me importan las críticas o las alabanzas. Estoy cansado y tengo muy poco tiempo para poder realizar todos los proyectos que quedaron a medio camino.
Tuve el honor en esta vida de guardar en mi pecho su último suspiro y de estar junto a ella desde el instante en que la conocí, hasta el momento de su despedida final.
Los roles nunca me importaron, al fin y al cabo son meras convenciones de la sociedad, por eso, como discípulo, amigo, hermano del alma y esposo, siempre tuve en mi corazón un mismo sentimiento de adoración, protección, respeto y amor hacia Danais. Me es muy difícil describir en pocas líneas el inmenso legado de amor que nos dejó no solo a los más allegados, sino también a toda una generación de seguidores dentro del movimiento de rock nacional.
Donde quiera que estés Danais, te hago llegar mi más profundo sentimiento de amor y te agradezco para siempre el haberme invitado a compartir tu vida.
¡Qué tengas Paz!"





