Daniela Herrero

Cada pequeña cosa en este enorme altillo es una pista que ayuda a conocer a la persona que lo ocupa. No hay margen de error: el que no se encorvó para subir la incómoda escalera caracol, no compartió unos mates ni escuchó unos discos ni cruzó aqui unas palabras con ella
(0)
1 de diciembre de 2001  

Mucho mas que el lugar donde Daniela duerme, el altillo es, acaso, su templo personal, el espacio que forma a su imagen y semejanza. Aquí -donde no por casualidad se filmó el videoclip de su primer hit, "Sólo tus canciones"- Daniela ensaya los martes y los viernes con su banda; estudia para los exámenes de la escuela; acumula ositos que le regalan, cartas que le escriben sus fans y hasta casetes que le envían sus enamorados con canciones escritas y cantadas en su homenaje (canciones que revelan ardientes y secretas pasiones, canciones de prosa exuberante y desesperada); escucha a Joni Mitchell todo el tiempo, pero también a Janis Joplin, a Ella Fitzgerald, a Stevie Wonder y a los Beatles. Aquí, también, se deprime: cuando se deprime, si la tristeza es leve escucha "In My Life" una y otra vez; si es fuerte, trata de huir a la casa de su amiga y vecina Anahí, o al centro de Berazategui, o adonde sea, pero huir. Las paredes del altillo están tapizadas de fotos de Daniela-nena. Por la expresión de su rostro, uno puede arriesgar que está cantando blues. Así es.

En junio del 96, en el cumpleaños de quince de su hermana Valeria, Daniela cantó "Desconfío", de Pappo, y "El último blues", de Celeste Carballo. Entonces tenía 10 años, era "Danielita", y ése fue su debut en público. (Si alguna vez se filma un documental sobre su vida, las imágenes de su primer, precoz, concierto, están disponibles.) Ahora tiene 16 y ya es Daniela: tiene un disco en la calle, dos clubes de fans, una materia baja en la escuela, una voz hermosa, algunos amigos mucho más grandes que ella, algunos enamorados anónimos, la posibilidad de disfrutar haciendo lo que le gusta y algunos rollos que a veces se lo impiden. En nuestros últimos encuentros, Daniela quiso hablar sobre las cuestiones que la agobian; en los primeros, en cambio, se había explayado sobre sus sueños.

-Me gustaría crecer, que mi música perdure en la gente, llegar a ser una cantante de culto y ser escuchada en distintas partes del mundo. Falta mucho para eso, claro. Lo único que quiero, por ahora, es cantar y divertirme. Y aprender a tocar la guitarra, para poder componer… No me interesa ganar guita. A los chicos de mi banda sí, y es lógico porque ellos tienen responsabilidades, familias que mantener… Ojalá que siempre viva de esto, que no tenga la necesidad de hacer otra cosa.

-¿Y qué más?

-… y grabar un dueto con Joni Mitchell. Eso estaría buenísimo.

Daniela se entusiasma tanto que se acerca a su discoteca, hurga entre los discos de Joni, extrae Miles Of Aisles, se incorpora, camina unos pasos hasta su equipo de música, aprieta power, skip hasta el tema ocho, "A Case of You", y el dueto Herrero-Mitchell es, digamos, una realidad virtual. "Oh Canada, Canada…", canta con toda su alma. Luego llega "Blue", y Daniela, entonces, "I love you, I love you…". Un promotor de su sello le regaló varios discos de la canadiense. Desde entonces, Daniela tiene un punto de referencia preciso y perfecto. Sabe lo que es bueno.

No le gustan Britney ni Christina Aguilera. No. No es un mero invento de su sello discográfico: canta desde su más tierna infancia; tenía unos cuantos shows en público y unos cuantos demos hechos antes de grabar su primer disco. Desde hace cuatro años, Daniel Herrero repartió, incansable, los demos de su hija entre periodistas y gente vinculada con la industria de la música, hasta que logró interesar a la Sony.

Entre lo que Daniela quiere ser y lo que su compañía quiere vender existe cierta distancia. Sony vende una cantante pop para chicos y adolescentes. Sony vende a Danielita. La tapa del disco lo expresa con claridad: estrellitas, lunitas, corazoncitos, el nombre de Daniela escrito en manuscrito de prueba escolar, y hasta… ¡un booklet perfumado! La verdadera Daniela, en cambio, quiere cantar rock, rhythm & blues, folk. Se crió escuchando los discos que tenía su padre, fue varias veces a ver a las Blacanblús, empezó a interesarse hace poco en el soul. Es perfectamente consciente de esta tensión, de la cual surge su identidad artística actual.

-La compañía apunta a un público infantil y adolescente. Ellos dicen que, más adelante, los nenes van a dejar de escucharme y los voy a extrañar. Me gustaría que en mi próximo disco hubiera más rock. Por ahí están buenos estos temas que canto ahora, porque son gancheros. Creo que difícilmente un pibe de 20 años compre mi disco, incluso me lo han dicho.

-¿Qué te dijeron?

-Eso. "Ni en pedo me compro tu disco." Pero por ahí, si me vienen a ver en vivo, descubren que [no tengo] nada que ver con lo que ellos piensan.

Pocos dias antes de viajar a madrid para grabar su disco, en un almuerzo con los directivos de la compañía, Daniela se enteró de que sus músicos no viajaban. Se puso a llorar, le cayó mal la comida, dijo entonces no grabo, sin mi banda no voy a ningún lado. Fue un auténtico momento de mierda. Los músicos de su banda la convencieron de que viajara. La acompañaron a Madrid su padre y Diego Occhipinti, su tecladista y también su mejor amigo. La producción general del disco estuvo a cargo de Alejo Stivel (ex Tequila, productor de Joaquín Sabina, entre muchos otros); la producción de los coros y los arreglos vocales corrió por cuenta de Mavi Díaz (ex Viuda e Hijas de Roque Enroll). No fue nada sencillo: costó sangre, sudor y, sobre todo, lágrimas.

-Sufrí muchísimo. Me sentí bajo una presión terrible desde el principio: tuve que elegir entre irme y dejar a mi banda acá o quedarme. Imagináte que cinco meses después de haber llevado un demo a la compañía estaba viajando a España… Trabajé con gente muy grossa como [el bajista Fernando] Lupano, [el baterista Fernando] Samalea… ¡Los músicos históricos de Charly tocaron en mi disco! Fue todo muy rápido: en quince días tenía que grabar las voces de doce temas. El primer día fue horrible: estaba angustiada, canté muy mal y Mavi Díaz, que es una dulce, me escribió una carta para serenarme.

"Hola, neni:

"Estaba pensando en vos y quise escribirte porque sé que todo lo que está pasando es mucho y muy fuerte para cualquiera, pero en especial para alguien tan sensible como vos."Estoy segura de que lo que hoy te parece imposible va a ser una enorme satisfacción en unos días, te lo prometo.

"Sé que tenés toda la disposición y la entrega hacia el trabajo y sé también que hoy te sentiste totalmente perdida, pero no te preocupes. Confiá en vos misma ante todo, porque te juro que vas a hacer un disco de puta madre y te prometo que me voy a ocupar de que cuando lo escuches te sientas orgullosa de vos misma.

"Y ¡por favor! No pienses ni por un segundo que quiero cambiar a Daniela. Lo que quiero es encontrarla y que brille y que se sienta segura.

"No tengas miedo. Vamos a disfrutar de esto, vamos a pasarla bien. Es tu primer disco, no te lo pierdas, divertíte, aprendé, disfrutá.

"Es una oportunidad maravillosa, es el momento de lo que puede ser un larguísimo camino. Y te aseguro que si no te costara no podrías disfrutarlo cuando lo escuches terminado.

"Así que a secarse los ojos y a divertirse, a equivocarse, a reírse de los fallos y a aprender muchas cosas nuevas.

"Bienvenida. ¡Un gran beso y un abrazo de oso!

Mavi."

-Cuando terminé de grabar las voces, me volví, y Alejo se encargó de la mezcla. Acostumbrada a que la banda me tape en los shows, me parece que la voz está demasiado adelante, es un concepto medio ochentoso de producción, pero está bueno... Ahora sé que si no grababa este disco, después me hubiera arrepentido. No fue la muerte de nadie, aprendí un montón y la gente canta mis canciones.

Ese hombre alto, desgarbado, de bigotes, que ahora conversa conmigo en la puerta de su casa, es el padre de Daniela. Daniel Herrero tiene una fiambrería, que atiende junto a su esposa Mirta, la madre de Daniela. Le va más o menos, como a la mayor parte de la gente que tiene una fiambrería, con la agravante de que hace poco le pusieron un supermercado justo a la vuelta. Cuando aparecieron los patacones, Daniel ni siquiera tuvo la posibilidad de preguntarse si los aceptaba o no. Enseguida comprendió que si no los aceptaba, perdía tres cuartas partes de sus clientes. Es un tipo bueno, de esos que si les caíste bien te invitan a comer un asado en su casa. Es, también, un baterista aficionado y un fan de Deep Purple. Durante la dictadura militar, Daniel estuvo detenido dos años a causa de su militancia en el pc. Desde siempre le gustó el rock, pero tiene un bache en su formación musical.

-Los discos que salieron durante la dictadura no los escuché. Tengo esa etapa medio en blanco: me perdí un montón de música y me duele mucho.

Daniel está orgulloso de su hija. Por él me entero de que Daniela decidió repartir en partes iguales con su banda el dinero que surge de los shows. Por él me entero de un par de gestos nobles y privados de ella, que no pueden ser reproducidos aquí, pero que me sirven para conocerla mejor. Daniel dice que su hija es cabrona y tiene su carácter, pero que tiene un corazón de oro. No le quita el sueño que su hija gane un Grammy y venda millones de discos en todo el mundo. Prefiere soñar, en cambio, que Daniela anima los cortes de ruta -que en Berazategui ya son parte del paisaje-, y que canta para los piqueteros. Sueña todo eso, pero no se lo dice. Daniela se enterará cuando lea esta nota.

-Jamás la voy a presionar para que haga algo así -promete-. Esas cosas tienen que surgir de ella. A medida que vaya creciendo, ella sola va a ir decidiendo su lugar en el mundo.

El dia del niño, la agenda de daniela arranca al mediodía en el McDonald’s de Callao y Córdoba: un almuerzo con fans sorteado en un programa de Radio Uno. Los fans tienen más o menos la edad de ella: Daniela está en el medio de la mesa, relatándoles su vida. Uno de los pibes se pone denso.

-Sos re-enana. Por la tele parecías más grande.

-Gracias -bufa ella.

-El otro día, en MuchMusic, me firmaste todo mal…

-¿Por qué "todo mal"? -gruñe ella.

-Sí, un garabato, un desastre. Hoy firmáme mejor…

-Bueno -promete ella, sin mucha convicción.

Una de las chicas le pregunta al padre de Daniela, que almuerza en la mesa de al lado, quién es el más rebelde de los cuatro hermanos Herrero. Sin dudar un segundo, el padre responde que Daniela.

Por los altoparlantes se escucha el disco de Daniela. Cuando llega el tema "El cree que soy tonta", el pibe denso, una especie de fan crítico, insiste.

-Ese tema es horrible, el peor del disco.

-No te gusta -dice Daniela, seca.

-No, la verdad que no.

Los fans trajeron cámaras fotográficas. Daniela se saca fotos con todos. La gente de la compañía llevó anotadores con la tapa del disco en la portada y las letras de sus canciones. Cada fan se llevará uno autografiado. Después del helado y las últimas fotos, Daniela sube a una combi y se dirige al Paseo La Plaza, donde firmará autógrafos, de acuerdo con una convocatoria de Radio Panda. Ahora los fans son más chicos. Fancitos. No muchos. De ahí, a los Bosques de Palermo. Esta vez, la movida fue organizada por Radio Disney. El chofer de la combi -y, por ende, el resto de los pasajeros- escucha una fm pedorra. Daniela le alcanza un disco de Joni Mitchell y le ruega que lo ponga. El chofer obedece. En el bosque de Palermo hay un montón de gente. Entre doscientos y trescientos pibes pugnan por una foto o una firma de Daniela. Infantes y adolescentes. Un chico de su edad le pide que le firme la campera.

-¿Te parece? -pregunta ella.

-Sí, claro -confirma él.

-Bueh -dice ella, y le firma la campera.

En la Rural la espera una nota con fm 100, que instaló allí un estudio para la campaña Un sol para los chicos. Apenas llega la combi, una mujer con el buzo de la unicef la saluda con empalagosa afectación.

-¡Hola, bombona!

-Hola -responde ella, desganada.

La mujer se va.

-Si hay algo que me da asco es la gente falsa -dice Daniela.

despues de la nota, reaparece el pibe de la campera. Nos siguió en un taxi. Ahora quiere que ella le firme la remera. Y el disco. Y sacarse una foto. Otra.

-Me firmó la campera, me firmó la remera, me firmó el disco… ¡Estoy re-enamorado! -suspira el pibe. Son las 5 de la tarde. Todavía quedan dos pequeños conciertos, en los Carrefour de Vicente López y de San Isidro.

-¿Vos te pondrias de novia con un chico que no fuera famoso?

-Si me gusta, sí. ¿Por qué no?

-¿Y te puede llegar a gustar, digamos, un chico trabajador, que no tenga mucha plata?

-Sí, claro…

-¿Un repositor de supermercado, por ejemplo?

(Diálogo entre Daniela y un repositor del supermercado Carrefour, en Vicente López.)

-Hola, ¿daniel?

-Sí, hola, Daniela, cómo estás, estoy saliendo para allá…

-Ay, qué suerte que te encontré… Te llamaba para pedirte que lo dejemos para mañana, ¿no te enojás?

-No, para nada. ¿Qué pasó?

-No, que mañana tengo una prueba de Geografía, y entonces hoy voy a tener que estudiar un montón…

Debe ser la primera vez en toda la historia que un periodista de rolling stone suspende una nota porque su entrevistada tiene una prueba de Geografía. Al día siguiente de lo previsto, a las 12 en punto estoy en la puerta de la Media 7 de Berazategui. Debe ser la primera vez en la historia que un periodista de rolling stone pasa a buscar a su entrevistada por la puerta del cole. Pasan los minutos y la chica más linda de la Media 7 de Berazategui no sale. ¿Habrá faltado, se habrá rateado, se habrá olvidado de que nos encontrábamos?

Me da vergüenza entrar en el colegio a ver qué pasa. Voy a buscar un teléfono público para llamar a su casa, cuando la veo aparecer por la calle 24, en bicicleta… con chofer. El pibe la deja frente a mí y se despide.

-Chau, amor -le dice. ¿Tendré una primicia? Daniela abre el paraguas mientras la bici se aleja.

-Es un compañero, no te pienses... Fui a la casa a tomar unos mates y a hacer tiempo hasta las 12, porque hoy salimos más temprano.

-¿Cómo te fue en la prueba?

-No, se suspendió. Hoy salí temprano porque no vino la de Geografía.

Entramos en la escuela. Daniela lleva una remera de las Chicas Superpoderosas. Vamos a su aula: me muestra un corazón que alguien escribió en un pupitre, con las iniciales d.h. ¿Será un compañero, será un pibe del turno tarde? Quién sabe. Daniela no tiene novio. Un ex que la engañó y que le inspiró su primera canción -por ahora inédita- quiere volver al pie, pero ella no quiere saber nada, ejerce la indiferencia como quien paladea el más dulce de los licores. Los romances escolares tienen pocas posibilidades de prosperar porque Daniela falta mucho a clase: un día tiene un concierto; otro, un programa de tevé; otro, una nota en radio o una cita con sus fans… No es fácil luchar con el polimodal y al mismo tiempo ser una estrella, pero ella se las arregla bastante bien: por ahora tiene sólo una materia baja. La compañía le mandó una carta al director del colegio para que le justificaran las faltas, acompañada por un cd. El director entró en el aula con el cd en la mano y dijo chicos, les cuento que acá tenemos una artista. Daniela, que estuvo en todos los programas de la tele, desde El show de VideoMatch hasta Almorzando con Mirtha Legrand, se sonrojó.

-Al principio me daba súpervergüenza contar. Ahora me acostumbré. El otro día un compañero me acompañó a las teles y a las radios y estaba re-contento. Fue una aventura para él.

-¿Y para vos?

-Para mí no. A mí no me gusta mucho ir a la tele, pero si quiero dedicarme a esto, me la tengo que bancar. Ya me lo dijo mi manager: "Si te gusta el durazno, bancáte la pelusa".

Viajamos en colectivo hasta su casa, como hace ella las pocas veces que va a la escuela. Daniela dice que está deprimida, que tiene un nudo en el pecho y que no sabe por qué. Le pregunto si está segura de que no sabe por qué, dice que sí. Está demasiado triste como para una entrevista formal.

Almorzamos con sus padres, vacío al horno con papas que preparó mamá Mirta, luego ponemos la pava en el fuego y apenas el agua está lista nos llevamos el kit de mate para el altillo. Arriba, Daniela me muestra los últimos cuatro discos que se compró de un saque, con 100 pesos que le regaló su tía. Son todos de Los Beatles: With The Beatles, Rubber Soul, Sgt. Pepper’s y Abbey Road. Nos colgamos hablando sobre las canciones hermosas que abundan en esos discos: "Till There Was You", "Nowhere Man", "She’s Leaving Home", "Something", "Because"…

-¿Querés escuchar Abbey Road? -propone ella.

-Claro -le digo.

-Ultimamente lo escucho todo el tiempo.

Cuando estás de bajón, Abbey Road es adictivo. Lo pienso, pero no se lo digo. Le cuento que a mi profesora de inglés no le gustaba "Come Together" porque, según ella, la letra habla de una orgía. Daniela me pregunta qué es una orgía. Me sonrojo. Hago un comentario al pasar sobre sus padres y, por casualidad, descubro por qué está tan triste. Si tenés más de 25 años, puede que los rollos de Daniela te resulten lejanos. Si tenés entre 16 y 20, entonces no hay nada que explicar. Hay pocas cosas tan traumáticas como la etapa en que sentís que tu edad verdadera difiere de la que te atribuyen tus viejos. Pasa con los padres más progres y con los más conservadores, con los más comprensivos y con los más heavies. Pasa siempre. No se puede evitar: hay que sobrellevarlo.

-A veces no me llevo bien con mi papá y con mi mamá, porque me sobreprotegen demasiado, me acompañan a todos lados y me asfixian un poco. Todo el tiempo están Danielita de acá, Danielita de allá. No es que me dejan encerrada y no me dejan hacer nada, no es eso. Lo que pasa es que están siempre muy… preocupados.

-Suele ocurrir...

-Mi viejo dice que a veces lo trato mal. No es porque no lo quiera ni porque se me antoje. Hace poco estuvimos como dos meses sin hablarnos: le dije que me tenía podrida y se enojó. El es así: cuando se pelea con alguien, deja de hablarle. Lo que pasa es que ahora tengo un manager [Adrián Canedo] y mi viejo, en parte, hasta ahora cumplía también esa función. Yo prefiero pelearme mil veces por cuestiones de trabajo con Adrián antes que con mi viejo. No sé cómo hacer para que me entienda. Mi mamá me pide que cambie porque él se pone mal. ¿Y yo, entonces? A veces me pregunto si esto va a cambiar, porque la mayor parte del tiempo estoy así. De pronto, tengo mucha gente alrededor y me siento sola.

-¿Cómo es eso?

-Hace unos días, por ejemplo, antes de un show, quise ir a comprar unas galletitas a un quiosco. Un chico de la compañía me dijo dejá, dejá, no te preocupes, y fue él. Me re-molestó. Se supone que estoy haciendo lo que me gusta y lo tendría que disfrutar, pero a veces no puedo. A veces me agarra la locura y quiero que me dejen en paz.

Sus ojos verdes, aquellos ojos verdes, ahora húmedos, ahora vencidos por la pena, parecen pedir que cambiemos de aire. Para colmo, la música de fondo es Abbey Road… Le sugiero que no se desanime, que al fin y al cabo, lo que le pasa tiene mucho que ver con el rock. Si los hijos no hubiesen discutido alguna vez con los padres, la música que amamos no habría existido jamás. Es así, y es también al revés: si la música que amamos no hubiera existido, seríamos un calco dócil y tedioso de nuestros padres. En otras palabras, los Beatles nos salvaron la vida. Animada por la buena noticia, Daniela se lava la cara hasta que con el agua desaparecen las evidencias de su angustia, se pinta los labios y nos vamos a pasear por el centro de Berazategui. Entre los dos únicos bares del centro, Daniela elige el que más le gusta, uno que tiene una rockola. Ella pide una Coca, yo un submarino; ella me pregunta qué es un submarino. Descubro así que los submarinos cayeron en desuso entre las nuevas generaciones. Luego Daniela observará extrañada cómo sumerjo la barra de chocolate en la leche caliente. Lo mejor de la adolescencia es, tal vez, la certeza de que nos espera un mundo de delicias desconocidas. Sentado en la barra, un chico de 20 años bebe su licuado sin dejar de mirarla. De pronto, se levanta, echa una moneda en la rockola, pone "Sólo tus canciones". La escena parece sacada de un videoclip. Daniela se ruboriza.

-Nunca me había pasado algo así. Me da mucha vergüenza…

Intentamos sostener una conversación lógica, pero es imposible: el chico de 20 años bate las palmas y sonríe desde la barra mientras conversamos. Cuando termina "Sólo tus canciones" se acerca a nuestra mesa, le dice a Daniela que la admira, le dice no sabía que eras de acá, qué alegría, le pide que le firme su marquilla de cigarrillos, le da un beso en la mejilla y se va. Sin saberlo, ha logrado levantarle el ánimo.

Cada vez que daniela herrero sube a un escenario, sabe que allí arriba, a cargo de los teclados, estará su mejor amigo. Diego Occhipinti tiene 31 años y dice que Daniela es divina en todas las acepciones posibles de la palabra, que lo asombran muchas cosas de ella: su capacidad de asimilación de lo que le ocurre, su carisma, su forma de ser, sus principios y su sensibilidad. La conoció en el año 99, hace una eternidad para la vertiginosa vida profesional de Daniela, en la actual sede de Oliverio, en el hotel Bauen.

-Yo tenía una banda. Nos habían invitado a tocar como teloneros de una chica de 14 años que iba a cantar acompañada de su profesora. Después de tocar nos fuimos al camarín: mientras me cambiaba escuché una voz femenina que cantaba y otra voz femenina que metía un coro de vez en cuando. Pensé que estaba bien que la alumna le hiciera coros a la profesora, pero que la profesora tenía que dejarla cantar un poco… Cuando salí del camarín supe que me había equivocado: la que cantaba todo el tiempo era Daniela, la que la acompañaba era la profesora. Me dijeron che, querés tocar, quise, acá estamos.

La mayor preocupación de los productores del disco de Daniela fue, curiosamente, lograr que cantara como una chica de su edad. Entre sus clases de canto y sus shows en vivo, Daniela adquirió una serie de recursos técnicos inusuales en una cantante adolescente. Alejo Stivel y Mavi Díaz le ayudaron a administrar esos recursos, a utilizarlos estrictamente cuando es necesario. Le reclamaron un poco menos de vibrato y un poco más de espontaneidad. Ella les hizo caso. En vivo, Daniela tiene un oficio increíble: mira a la gente a los ojos hasta incomodarla (no lo inventé yo: me lo confesó ella), luce sexy y seduce sin sobreactuar, agita al público y, lo más importante, canta de puta madre. En vivo, acompañada por sus músicos, sus canciones pierden almíbar y ganan polenta. Dentro de la gama infanto-adolescente, su público varía según la ocasión. El 5 de agosto, en el Hard Rock, un enjambre de niños fuera de sí la persiguió hasta el baño. El Día del Niño, en el Carrefour de San Isidro, la fueron a ver 600 personas, digamos que 400 niños acompañados por 200 padres. Cuando terminó su show, todos y cada uno de los niños que la habían escuchado cantar se lanzaron tras ella en simpática Danimanía y no se fueron hasta conseguir su foto o su autógrafo. En septiembre, en un concierto en la Biblioteca Mariano Moreno de Bernal, el perfil de los que pretendían acercarse a su camarín era completamente distinto: jóvenes entusiastas que se la querían levantar.

"Un dia voy a llegar y voy a dedicarte mi vida. No somos nada y lo sos casi todo. Al menos te pido que me llames. Vos no sabés cómo te amaría, me iría a tu corazón, te quedarías en el mío. Seríamos nosotros y Dios. ¿Quién se iba a imaginar esta locura? Ahogándome en tus ojos tan lejanos y adictivos… Se hace amor y me conmueve. Dios te hizo tan hermosa con un arte infernal… Sos preciosa y la rosa es para vos…"

(Declaración de amor de un fan, con cita de La Renga al final, ilustrada con el dibujo de una rosa.)

Prendes la radio y esta ella. su primer corte de difusión fue "Sólo tus canciones", una pegadiza pieza pop. El tema que ahora se escucha en todas las fm es "Demasiado", una también pegadiza pieza pop. A los 16 años, Daniela Herrero está de moda y lo sabe y lo disfruta y lo sufre a la vez. Hace poco estuvo de gira promocional por Perú, donde la aman. El 10 de noviembre llenó La Trastienda. Entre los conciertos, el colegio, los conflictos propios de su edad y los conflictos propios del torbellino en que está envuelta, la princesa de Berazategui se las arregla para crecer, arriba y abajo del escenario, para cantar y para buscar su propio camino. Tiene todo el futuro del mundo: Joni Mitchell y los Beatles, los más perfectos ángeles de la guarda, están de su lado.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.