Danza con acento celta
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"Rhythm of the Dance", por la National Dance Company of Ireland, creada por Kieran Cavanagh. Músicos: Patrick Eoin McQuinn, Colette Keaveney y Emma O´Learu. Cantantes: Bridget Nolan y Gary Harper. Diseño de luces: Michael J. Richardson. Vestuario: Elisabeth Sheenan. En el Teatro Coliseo. Duración: 2 horas y un intervalo.
Nuestra opinión: bueno.
Nuevamente la danza celta hizo vibrar, con su taconeo, un escenario porteño. En este caso por intermedio de la National Dance Company of Ireland, que trató de presentar, en parte, la historia del pueblo irlandés, matizada con leyendas y fantasías.
Con inspiraciones épicas, el show presenta el viaje de los celtas irlandeses a lo largo de la historia. Con la danza y la música, el espectáculo tiene la intención de amalgamar lo antiguo y lo contemporáneo en una fusión que sólo queda clara a los conocidos del tema. En cambio, para el público de anteanoche fue un espectáculo de danza cuya única peculiaridad es el estilo de zapateo.
Si bien en el programa de mano se describe el argumento de cada uno de los números, que remiten al viaje histórico, es difícil encontrarlo traducido sobre el escenario, sobre todo cuando, desde el vestuario, se escapa de los cánones telúricos para darle una dimensión más internacional y para exportación.
Entonces, todo queda registrado como instancias coreográficas, que por cierto tienen su atractivo cuando los bailarines forman figuras cuadradas, romboides, circulares y diagonales y cambian su vestuario de neto corte moderno.
Ya es conocido para el público porteño, por otras compañías que antecedieron a la actual, cuál es el estilo de la danza celta. Se basa en un zapateo a saltos, mientras que los hombros están rígidos y los brazos, inmóviles pegados al cuerpo.
Energía y rigidez
Esta es la tónica que impera en todo el cuerpo de baile, lo que obliga a cierta tensión en el torso y en las manos, mientras que de la cintura para abajo es todo movimiento y articulación. La excepción a este estilo lo ofrece la primera bailarina, que se muestra más flexible y dúctil porque le permiten mover, y en algunos casos revolear, los brazos para acompañar el zapateo. Esta modalidad se acerca más al tap. Es la única que tiene omnipresencia durante todo el espectáculo y, si bien muestra rigor y destreza en su trabajo, por el estilo peculiar de la danza celta es poco lo que puede ofrecer de innovador y se vuelve reiterativo.
En cambio, los bailarines, por su presencia numérica pueden realizar algunas variaciones, especialmente cuando se suman profesionales de extracción clásica que sobresalen por el contraste.
No falta el canto típico irlandés en la presencia de dos buenas voces, una masculina y otra femenina. Pero lo realmente atractivo fue la participación de dos músicos que son realmente el sostén rítmico del espectáculo.
El soporte armónico está resuelto con la percusión (una variante de tambor de mano que bate con un palillo) y en ensamble con la melodía a cargo del violín; ambos ofrecen de por sí un espectáculo aparte por el talento que demuestran los artistas. Si se consideran que trabajan sobre una banda sonora, la participación de los dos solistas fue lo más logrado de la noche.
También es la percusión la que sirve para iniciar el redoble al que luego se suma el taconeo de los bailarines acentuando aún más el repiqueteo. A excepción de un número donde la protagonista tiene micrófonos inalámbricos colocados en sus zapatos que aumentan el volumen de su taconeo, aunque también incorpora mucha fritura del equipo de sonido.
Si bien las melodías, en su gran mayoría, se basan en el género celta, no faltan los ritmos de salsa y rumba que quiebran ese acento propio del género celtíbero. El mismo quiebre que se produce cuando la protagonista baile con estilo irlandés un ritmo español. Incluso ella luce una bata de cola roja, al mejor estilo andaluz, aunque es sólo para realizar una parodia del flamenco al que se asemeja por el taconeo y no por el estilo.
Sin lugar a dudas, el espectáculo ganaría si se redujeran los números bailables, ya que no se registra, vuelve a reiterarse, la historia que se quiere contar sobre el pueblo irlandés.





