
De La Cava y el Bajo Boulogne a la Recoleta
La coreógrafa Inés Sanguinetti y su experiencia: enseñar danza en barrios marginales puede tener proyecciones no imaginadas
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Inés Sanguinetti, reconocida bailarina y coreógrafa (entre otras, autora, junto a Gustavo Lesgart, de la excelente "Hondo") se dedica con ansia avasalladora a lo que hace. Podría dar todo su tiempo a la creación personal, a actuar y dar clases. Sin embargo, hace nueve años decidió ofrecer su experiencia a quienes, por falta de recursos económicos, no tienen posibilidad de acceder al mundo del arte.
Entonces sembró las primeras semillas de la Fundación Crear Vale la Pena, que preside. El objetivo primordial es dar enseñanza a jóvenes de ámbitos marginales. Mas los planes quedaron cortos: actualmente se han formado grupos en diferentes disciplinas que actúan con la seriedad de profesionales: la prueba de fuego fue en el espectáculo "De La Cava y el Bajo Boulogne a la Recoleta". En la Sala Auditorio de ese centro cultural, los conjuntos hicieron su presentación "en sociedad" y en un verdadero teatro. La recaudación de las entradas, a 3 pesos, se destinó a las obras de la fundación. Las funciones -la última será hoy, a las 21- mostraron a varios ensambles que fueron dirigidos por avezados artistas según áreas. Entre otros, por la propia Inés, Susana Tambutti y Andrea Servera en el plano coreográfico; Lorena Mayol y su banda El Deseo; Santiago Díaz, de Ritualschubb jazz Band, y Claudio César, de Spurr Band, en el musical.
El programa incluyó a Las Viejas Locas (danza-teatro), Manchala (banda de reggae), Dance Time Group (danza callejera), y a Desafinado (banda de percusión).
Para "unir fuerzas"
-Inés, ¿cómo y por qué surgió el proyecto de esta fundación?
-No hay dinero en la Capital, ni en la provincia de Buenos Aires ni en el panorama nacional para el desarrollo de la danza contemporánea. En Crear Vale la Pena nosotros trabajamos en centros comunitarios para el desarrollo de actividades artísticas en contextos de pobreza. Pero lo hacemos no sólo por jóvenes en situación de exclusión social, sino también por un arte que está en igual situación de marginación. La idea es unir fuerzas para poder demostrar que cuando hay intención aparecen los medios, los cronogramas de labores y el orden que hace posible ese sueño que parecía una quimera. Tenemos una organización que no hace una bandera del voluntariado. Alguna parte está llevada por personas ad honorem, pero la premisa para que esto crezca es formar a profesionales. De modo tal que a los maestros se les paga. El 43 por ciento de las clases de los 800 y pico de alumnos que tenemos están dictadas actualmente por jóvenes que han crecido dentro del programa. Ahora, además de estudiar, tienen su dinero para mantenerse de lo que les interesa.
-¿Cuánto hace que existe esta institución?
-Existía la Fundación El Otro, que se dedicaba a desarrollar programas de educación en contextos de pobreza. El presidente es mi marido, Juan Peña, que me trasladó la inquietud de que yo hiciera algo similar basado en lo artístico. Entonces, hace nueve años empezamos a instrumentarlo. Especialmente, porque cuando la vida es más crítica y dolorosa y cuando faltan cosas muy esenciales, el arte da la posibilidad a una persona de sacar la garra y fuerzas necesarias para revertir su difícil situación.
Olga González tiene 38 años y es integrante de Las Viejas Locas. Comenzó tomando clase con Inés en 1994. Actualmente, además de ser bailarina y profesora, es coordinadora de los tres centros de entidad: el de Beccar, que se llama Puertas al aire; el de San Fernando, San Roque, y el del Bajo Boulogne, El joven creativo.
-¿Por qué ingresaste en los cursos de danza?
-Yo trabajaba con los chicos en mi barrio, cerca del Bajo Boulogne. Los juntaba en mi casa y hacíamos obras de teatro y danza, con la intención de juntar un poquito de plata para que ellos se fueran a fin de año de vacaciones, para que al menos pudieran conocer los cerros, el mar. Trabajábamos octubre, noviembre y diciembre. Cuando estaba haciendo una pequeña pieza, una amiga me comentó que en La Cava había una profesora que daba clases. Era Inés, que fue a verme y me ayudó con la coreografía. Luego me invitó a la Fundación El Otro. Al principio nos trasladábamos en un ómnibus. Nos quedamos cortos, porque cada vez había más niños que querían tomar esas clases. Entonces busqué un lugar en Boulogne. Es La casa del joven, que nos presta la iglesia a la que pertenece. Ahora, los profesores vamos hasta allí. Algunos que eran alumnos en ese tiempo ya dan clases. En este momento hay 250 estudiantes. Todos son de cuatro barrios que están en esa zona: Vinca, Santa Ana, los monoblocks y Villa Hidalgo.
Sueño paso a paso
Hasta ahora, los grupos se presentaban en sala teatral que está dentro del centro Puertas al Arte. Inés dice: "Es un orgullo para nosotros. Tenemos piso suspendido, lo que significa que los bailarines no se romperán los huesos, una cabina de sonido, muy buenas luces y en las gradas donde se sienta el público hay almohadoncitos, para que la cola no les quede anestesiada por la dureza del asiento. Allí hacemos varias funciones. Por otra parte, además de talleres de enseñanza, en Crear hay un área de producción artística que organiza, planifica y hace las cosas necesarias para impulsar a la gente en la creatividad. El Centro Recoleta es símbolo de prestigio, de calificación profesional y es un espacio multidisciplinario. Fue muy generoso en cursarnos la invitación para actuar. Para nosotros fue un salto soñado.
-Los que se presentaron, ¿son todos grupos de esos talleres?
-Aparte de los que quieren venir simplemente a tomar clases, estos son grupos artísticos que persiguen otra cosa: la producción artística. No en vano decimos que Crear Vale la Pena es arte y organización social. Hemos unido profesionales de la danza contemporánea, coreógrafos y músicos y los mezclamos con los artistas de la fundación, para que las obras tengan mejor puesta, dirección y para que los chicos no queden aislados sin alcanzar otras visiones.
Beni Moya vive en La Cava. Tiene 36 años e ingresó en los cursos de Crear en 1997. Formó el Dance Time Group y baila desde los 15.
-¿Tuviste alguien que te inspiró?
-Michael Jackson. Siempre me gustó bailar y me alentó la propuesta de aprender para después enseñar. En Crear estudié dos años pedagogía del movimiento con Mónica Lozano. Ella me dio todo lo que se necesita para ser maestro. Yo tenía mucho material, pero no sabía cómo transmitirlo. Al principio tenía miedo; pensaba que no me iba a dar el carácter. Pero poco a poco fui adaptándome y ahora tengo 80 alumnos de todas las edades repartidos en cinco clases.
-¿Por qué le pusiste al grupo un nombre en inglés?
-Es el título de long play que salió en los años 80. Yo lo tenía y siempre lo bailaba. En realidad, el conjunto se llama Tiempo de baile.
-¿Actúan en la calle?
-No, eso viene del estilo, no porque actuemos como artistas callejeros. Nos presentamos en el teatro de la Fundación y siempre vamos a las fiestas de las escuelas. Diría que es danza urbana: mezclo de todo un poco: breakdance, hip hop, rap.
Representando a Manchala, grupo de raggae, está Gabriel Espinoza, que tiene 20 años y también vive en La Cava.
-¿Fuiste el que empezó con la idea?
-Digamos que sí, porque en 1993 tenía un grupo de cuatro guitarras criollas, un teclado y un par de instrumentos de percusión. Todo era muy chiquito. En las vacaciones de 1994 estuve dándole a morir a la viola. Cuando llegué a Crear, lo primero que hizo el profesor fue decirme: tocá un tema. El único que sabía era "El oso". Empecé y la cara me reventaba de nervios. Después empecé el taller y fui creciendo.
-Inés, ¿tenés planes futuros?
-Ahora tenemos por delante un nuevo desafío: dentro de un mes nos reuniremos en Salta cincuenta personas que provienen de todo el país, desde Ushuaia hasta Jujuy. Algunos son indígenas que tienen pequeños emprendimientos basados en el arte y la transformación social. Están apoyados y alentados por una organización suiza. Nos uniremos para ver de qué manera podemos potenciar entre todos una mayor posibilidad para cada uno de los proyectos. Yo me conecté con la gente que dirige esta organización suiza en Brasil y se interesaron mucho. Por eso se integrarán brasileños, que hacen cosas espectaculares en esta materia, y también personas de Chile y Uruguay.
Tesonera y testaruda, dice: "Esto es interesante de destacar porque en medio de un panorama en donde las secretarías de Cultura de cada una de las reparticiones están preocupadas por ajustarse a las indicaciones de Cavallo, nosotros estamos tratando de abordar, desde nuestra fragilidad, de falta de presupuestos e impotencia, de concretar algo tan importante como es reunir a todas estas personas y armar una red de proyectos en desarrollo. Entonces, va a suceder lo de siempre, primero se enterarán los extranjeros, que son los que nos apoyan. Puede ser que en ese momento algún funcionario público nos escuche y trate de ver la cantidad de cosas que ya hay hechas. Y se den cuenta, como ocurre con las organizaciones internacionales, de la importancia que tiene el arte como herramienta de transformación social y de sustento."
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