
Dora Kriner, una referente de la danza
La bailarina, coreógrafa e investigadora, murió el último fin de semana
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Con la desaparición física de Dora Kriner, acontecida el sábado último de manera inesperada a causa de un episodio cerebro-vascular sufrido en su domicilio, en esta ciudad, la danza pierde a una de sus más esclarecidas y entusiastas profesionales de nuestro medio, que a lo largo de su larga existencia hizo aportes significativos al arte de Terpsícore. La enseñanza, sumada a sus libros y escritos periodísticos -no pocos en calidad de colaboradora de LA NACION-, y especialmente como creadora de coreografías, coronaron su actividad como bailarina del cuerpo de baile del Teatro Colón en los años 40 y 50, y como directora del ballet del Teatro del Libertador (ex Rivera Indarte) de Córdoba, una década después.
Había nacido en Buenos Aires el 8 de febrero de 1915, y realizado sus estudios de danza clásica desde edad temprana en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico, con la tutela de figuras como Helena Smirnova, Dora del Grande y Mercedes Quintana. De ellas, indudablemente, y de otros maestros a los que se vinculó en su perfeccionamiento, como Inés Pizarro y Otto Werberg, Esmée Bulnes y Michel Borovsky, heredó el espíritu pedagógico que siempre la inspiró.
Inquieta investigadora, lectora entusiasta y ferviente, Dora Kriner hizo de la amistad el vehículo inequívoco de un culto que siempre matizó con su fina sensibilidad de artista.
Sus profundos conocimientos sobre la danza, así como sobre las bases de la coreografía, junto a la inolvidable Clotilde Shakaroff, fueron complementarios del perfeccionamiento clásico con Olga Kirova. Becaria de la Asociación Dante Alighieri para realizar estudios en Italia, en 1952, su proyección comenzó a tener un relieve internacional que en los años 60 consolidó en calidad de coreógrafa y crítica de ballet. En el extranjero, en calidad de conferencista e investigadora de la danza dio numerosos cursos, como en el Teatro Real de Madrid y en la Universidad Autónoma de México, y entrevistó a personalidades tales como Georges Balanchine, Léonide Massine, Frederick Ashton y José Limón; publicó notas en revistas especializadas de París y Estocolmo, y se interesó asimismo por las corrientes coreográficas renovadoras de las cuales dio cuenta en las columnas de este diario, como la gravitación de Isadora Duncan en la danza moderna y las búsquedas renovadoras de la argentina María Fux, o las danzas sagradas de la India y el Japón.
Investigadora
En sus viajes, llevó la representación del Centro de Investigación, Estudio y Experimentación de la Danza (Cieeda) y la Asociación Argentina de la Danza (Asarda), y fue miembro de la Federación Francesa de Danza (filial argentina) y del Consejo Asesor del Congreso Permanente para la Danza.
Entre sus coreografías figuran las realizadas con música de Gluck, Grieg, Mompou, Ornstein y Carlos Chávez. Fue ayudante de la inolvidable coreógrafa Margarita Wallmann y, por indicación del maestro Massine, tuvo a su cargo la asesoría técnica de la película del ballet Usher sobre la historia de Edgar Allan Poe, con coreografía de dicho maestro y música de Roberto García Morillo, quien fue su esposo, junto con el cual colaboró en el ballet La máscara y el rostro (1974) y la ópera El caso Maillard (1977), ambas estrenadas en el Teatro Colón, que se sumaron a las múltiples creaciones coreográficas como Ese desconocido, con música de Sibelius, estrenada en Mar del Plata y ofrecida en el teatro Odeón de Buenos Aires, y las danzas para la obra teatral Bertoldo en la corte, ofrecida en Córdoba (1965), u otras con música de Pergolesi, Vivaldi ( Gloriana ) y Scriabin, como el Poema del éxtasis, estrenada en Teatro Argentino de La Plata.
Publicó Estudios sobre danza (1948); Ensayos sobre el ballet (1964), Danzas precolombinas de América del Sur (y sus relaciones con otras culturas) , en 1997. En 2005, el Consejo Argentino de la Danza le encargó el capítulo Historia de la carrera de danza en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación hasta la creación de la Escuela Nacional de Danzas para una historia del género en el país. La sobrevive su hija, la artista plástica Ruth García.
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