El pájaro de fuego
Ballet del Teatro Argentino. Dirección: Mario Galizzi. Obra I: Estancia-Suite. Coreógrafo: Carlos Trunsky. Música: Ginastera. Esc. y vest.: Marta Albertinazzi. Ilum.: Carlos Greco. Obra II: El pájaro de fuego. Coreógrafo: Jorge Amarante. Música: Stravinsky. Esc.: Tito Egurza. Vest.: Mini Zuccheri. Ilum.: Roberto Traferri. Participo: Orquesta Estable del Argentino.
Nuestra opinión: muy bueno.
Dos baluartes de la danza argentina actual han sido reunidos en el mismo programa que está ofreciendo el Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata. Carlos Trunsky y Jorge Amarante, acaso los más salientes coreógrafos de una joven generación (la que sigue a la de -digamos- Stekelman y Wainrot), son los autores de Estancia-Suite y El pájaro de fuego .
De Estancia-Suite (sobre la obra de Alberto Ginastera), que apuesta a romper con la estética criollista tradicional, dimos cuenta en ocasión de su estreno, en la Gala por el Bicentenario que se ofreció en el mismo teatro, aunque en esta reposición los solistas que se destacan son Larisa Hominel (la figura alegórica de "lo foráneo") y la pareja de María de los Angeles Cataldi y Nahuel Prozzi. Con buen tino, Trunsky ahora suprimió la sección del Terrateniente, que incluía la visión en video de sus posesiones.
Amarante, por su parte, acomete un más que feliz abordaje de El pájaro de fuego , plasmado en una versión completa que se impone, más allá de su rigor coreográfico, como un espectáculo deslumbrante: la sutil iluminación de Roberto Traferri, el imaginativo vestuario de Mini Zuccheri (es un acierto el traje del Príncipe, en raso verde Nilo), el formidable dispositivo escenográfico de Tito Egurza? Todo, con la base sonora de una Orquesta Estable que, conducida por José Areán, no se amedrenta ante las dificultades de la compleja partitura de Igor Stravinsky.
La trama proviene de un relato tradicional ruso en torno al Príncipe Iván y su peripecia de caza, que desemboca en una aventura en un mundo encantado: el misterioso Pájaro, la Princesa (que asistirá al Príncipe para quebrar un maleficio) y el Mago Kostchei. Amarante aprovecha la diversidad de criaturas y entidades para probar resoluciones estéticas distintas. Así, pasa del neoclásico riguroso del Pájaro -con toques balanchinianos- a un código más contemporáneo, reservado para la amenazante figura del Mago y los solos del Príncipe.
Entre una opción extrema y otra, con calidades intermedias se mueve el coro de las doncellas. Estas se incorporan en la escena de los columpios -plásticamente, un hallazgo- y del árbol de las manzanas de oro, invertido. En la visión de Amarante, una de estas manzanas reemplaza al legendario Huevo en el que se refugia el Mago (el huevo del relato folklórico se había conservado en la coreografía de Fokín, de 1910, que estrenaron Les Ballets Russes).
La monumental estructura de la caverna fantástica del Mago, estilo Gaudí, diseñada por Egurza (que parece corpórea, aunque se trata de una proyección multimedia) ambienta los tramos centrales de esta admirable concepción de Jorge Amarante, en la que hay que destacar la seguridad sostenida de Benjamín Parada (incluso como partenaire, en el rol del Príncipe) y la versatilidad de Julieta Paul, especialmente en la "Canción de cuna del Pájaro", con sus sinuosas y atractivas evoluciones entre los cuerpos de una masa de seres adormecidos.
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