
La madurez de una bailarina excepcional
La artista, que mañana estrenará en el Coliseo el musical de jazz Nice ´N Easy , atraviesa a los 44 años su mejor momento en escena
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Madrid, 12 septiembre, después de la medianoche. Lo que Eleonora Cassano acaba de hacer con el francés Manuel Legris en el escenario del Teatro Real la mostró superior, en la cumbre de su madurez interpretativa. El hecho se vuelve, sencillamente, paradójico: a los 44, la bailarina está en su mejor momento. Ella escucha el veredicto, asiente y se emociona. Dice que se siente plena, que supo capitalizar el paso de los años a su favor, que no necesita un retiro rotundo, que, tal vez, les diga basta a los clásicos. Y con mucha seguridad, entrega una última idea, muy clara: "No quiero perderme esto que me está pasando". Un rato más tarde, se la escuchará diciéndole a otra bailarina argentina, Marianela Núñez. "Mirá, yo que bailé en los escenarios más lindos del mundo, te puedo decir que no cambio nada por la sonrisa de mis hijos".
Un mes después, Cassano da cátedra sobre Littlest Pet Shop, esos animalitos de juguete coleccionables que desvelan a su hija Julieta (y a cientos de otras nenas de siete años) mientras se prueba el vestuario de su nuevo espectáculo. Con ese brillo, con esas plumas y con el importante traje plateado del final, encabezará Nice’N Easy, que se estrenará mañana para el ciclo Nuova Harmonia. "Y Tomás ya está en primer año de la secundaria. No sabés cómo me cuesta dejarlo cuando me voy lejos".
La mujer y la bailarina no compiten en Eleonora Cassano. Es algo así como la excepción que confirma la regla. No fue en el Colón donde se consagró; no demoró la maternidad en pos de su profesión. Aun así, se hizo famosa y, para rematar el curioso caso, la edad le sienta muy bien.
–En una carrera en la que el tiempo manda, te llega ahora el mejor momento...
–Mucha gente dice que estoy bailando mejor ahora que antes. Evidentemente, cómo me siento arriba del escenario, libre, feliz, sin ninguna preocupación, todo eso lo recibe el público. Hay una cuestión que viene de años, de madurez, de seguridad, de vivencias personales que salen arriba del escenario... Muchas cosas contribuyeron a que hoy estuviera parada como estoy. El primer cambio en lo escénico fue cuando hice La Cassano en el Maipo, un tipo de espectáculo en el que necesitaba hacer contacto visual con la gente. Después pude incorporar todo lo que aprendí ahí al clásico. Pero, aparte, me pasaron cosas importantes en la vida: ser mamá fue uno de los cambios más grandes, porque lo importante empezó a pasar por otro lugar. El ballet nunca fue todo para mí; me casé, tuve mi lado personal, y la vida se ve en el escenario. Un bailarín no puede ser una persona vacía, sin vivencias y sensaciones fuertes, porque, si no, a la hora de interpretar, no tiene qué dar.
Un mensajero interrumpe la charla. "Avisó el señor Albertoni que el ensayo es a las 13", dice. El señor Albertoni es Sergio, el marido de Eleonora desde hace 25 años, un productor a su medida y que, por todo lo anterior, también tiene otras excepcionales atribuciones. "Yo me manejo por impulsos y él es muy organizado; es un complemento que hace que las cosas funcionen."
–Tuviste más la vida que deseabas como mujer que la que imaginabas como bailarina, porque en algún momento habrás soñado con ser primera bailarina del Colón.
–Era mi máxima aspiración; al día de hoy, no soy primera bailarina del Colón y no tiene ninguna importancia que no lo sea, porque soy una figura internacional de la danza. La vida me dio y superó con gran amplitud todo lo que yo había imaginado. Sigo siendo integrante del Ballet Estable; estoy con licencia desde hace unos cuantos años, y si me quiero reincorporar voy y me reincorporo.
–¿Lo pensás en serio?
–En cualquier momento lo hago, porque me tengo que jubilar y para eso tengo que estar reincorporada. Tendré que tener los años de aportes que corresponden y, si me quieren, yo todavía puedo bailar. Es más: debería volver y hacer alguna función de despedida del clásico con el Ballet del Teatro Colón. Porque yo no quiero hacer como hizo Julio [Bocca], bajar del escenario completamente, porque sería desaprovechar lo que aprendí en estos años. Sin la exigencia del clásico, puedo seguir bailando un montón de cosas.
–¿Todavía no pasó tu último clásico completo, entonces?
–No. Tengo ganas de hacer Manon antes de retirarme, porque tiene una intensidad interpretativa maravillosa. No tengo ganas de retirarme con...
–¿Un Lago de los cisnes?
–Lago... me encanta. Te iba a decir Don Quijote. Igualmente, la espalda para hacer Lago... ya no me da; los brazos, sí [los despliega]. Manon u Oneguin: me encantaría una obra así.
–En esta posibilidad de volver al Colón, ¿imaginás a Bocca como director del Ballet, por ejemplo?
–Puede ser, pero tendrían que cambiar muchas cosas para que eso suceda. Ahora está Lidia Segni, a quien conozco mucho, y tiene toda la capacidad para hacerlo, pero es tan difícil manejar el Teatro Colón. Es como un monstruo, porque tiene muchísimas cosas difíciles de manejar; lo artístico vinculado a lo edilicio y a lo que exigen los estatutos. El reglamento del Teatro Colón te trata como un empleado municipal y una persona de 60 años no puede seguir siendo bailarín.
–¿Estas oscilaciones tuyas entre el tango y el jazz son la forma de transitar un retiro en gotas?
–El otro día, mi vieja me decía: "Ay, Eleonora, pero vos sos clásica", con ese sufrimiento de madre en la voz. Las circunstancias se fueron dando así; antes hacía más clásico... Después se fue dando esto cuando Julio dejó el Ballet Argentino. También es difícil el tema de con quién bailo...
–¿Ya superaste la instancia de extrañarlo tanto en el escenario?
–Un poco. Antes de ir a la Gala de Estrellas de la Danza, en Madrid, acá no tenía con quién ensayar Manon, y entonces vino él. ¡Me dio una emoción y una tristeza! Me hizo sentir la falta y el placer de bailar, de entregarse y de que saliera todo bien. Fue muy emocionante. Le di un abrazo y le dije: "Bocca, te extraño". El no es muy expresivo; yo soy más de decir "Te quiero". Pero calculo que siente lo mismo.
¿De casualidad?
- Cuando Cassano dice que le encantaría despedirse del clásico con la compañía del Colón, en esa sala y haciendo Manon, aparecen las asociaciones libres. Ese es el ballet con el que Bocca se retiró del ABT y que, también en 2006, logró traer a Buenos Aires. Hace unos días, durante un ensayo, integrantes del Ballet Estable comentaban que en noviembre llegará Monica Parker para trabajar la obra de MacMillan, título que formaría parte de la temporada 2010.



