
Lo salvaje, el cuerpo, el sexo
Savage / Intérpretes: Brambati, Crespo, Daolio, Delfino, Gatto, Gómez Sastre, Gómez Vara, Maas, Martínez, Pacheco, Paez Frascarolli, Palavicino, Plaza, Puelma Wright, Roces, Podestá, Varela y Bre / Iluminación: Fernando Berreta. banda sonora: John Zorn, Jean P Rameau, David Lynch, Jean B Barrière y Krishna Levy / Textos: Beatriz Preciado y Pablo Rotemberg / Dirección: Pablo Rotemberg / Sala: El Portón de Sánchez / Duración: 50 minutos / Funciones: domingos, a las 21.
Nuestra opinión: buena.
Savage es un trabajo a cargo de la Compañía de Danza del IUNA que dirige la coreógrafa Roxana Grinstein. Son todos chicos jóvenes de esos que se llevan al espectador, a la misma sala y al mundo por delante (cosa que siempre se agradece). Para colmo, son muchos, muchísimos en escena. En medio del vendaval que generan también se ponen serios. Dicen cosas como éstas: "La contrasexualidad no es la creación de una nueva naturaleza, sino más bien el fin de la naturaleza como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros." El concepto pertenece a la filósofa feminista Beatriz Preciado. Ella es la autora de Manifiesto contrasexual, texto clave en el mapa del movimiento queer.
La obra la dirige Pablo Rotemberg, un talentoso creador cuya idea fija (o una de ellas) es abordar a la sexualidad desde un lugar eminentemente político. Savage no está fuera de ese mapa, de ese horizonte. Los cuerpos se expresan sin ataduras moralizantes. "Cuerpos hablantes", dirá la pensadora y lo repiten ellos. Cuerpos que, en su decir y en sus movimientos, cuestionan el orden binario tan proclive él a encasillar en función de ciertas mayorías.
Hay momentos (grupales o individuales) sumamente logrados por la calidad del movimiento, por la formación que denotan estos profesionales, por la carga expresiva puesta en juego. Hay escenas muy lúdicas y expansivas, como el tríptico compuestos por el "baile de los mariquitas", "la lesbiana sola" y "los homosexuales no asumidos". Tanto en unas como otras esos 18 chicos y chicas de 21 a 24 años sacan a relucir su herramienta más potente: el cuerpo entrenado en total sintonía con la libertad conceptual que los mueve.
Llamativamente, en otros momentos el espectáculo se pone serio, hasta innecesariamente enojado. En esas escenas parece destinar más energía en cuestionar discursivamente mandatos dominantes que profundizar las propia libertad interna que define al grupo. Y ahí, en esa actuación del enojo, pierde fuerza interna, se dispersa, se torna previsible.
Algo de cierto caos interno de Savage remite a las creaciones colectivas a cargo de un nutrido elenco. Claro que, en este caso, hay tanta entrega que los posibles baches pasan a un segundo plano porque en escena hay unos 18 intérpretes con hambre de escena. Y eso, nuevamente, es algo que siempre se agradece.






