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Los pasos de un mensajero de la paz

El bailarín del Teatro Colón y director del Ballet Metropolitano ahora representa a los artistas por la no violencia
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18 de noviembre de 2008  

Por Constanza Bertolini

De la Redacción de LA NACION

Leonardo Reale está asombrado. Todavía se encoge de hombros cuando le preguntan por qué cree que la ONU y el Consejo de Paz argentino mensajero de la Unesco lo eligieron entre los artistas locales para integrar la mesa de diálogo en el Día de la No Violencia y vestirse con el flamante traje de embajador de Paz. Igual de sorprendido y emocionado se sintió el bailarín del Teatro Colón en mayo último cuando, también sin una inequívoca razón, el Correo Argentino decidió hacer de su imagen en Diana y Acteón la estampilla por el centenario del principal coliseo argentino. "A mí me llamó la atención cómo de este siglo por el que pasaron, ¡Dios mío!, cantantes y bailarines impresionantes, me eligieron a mí. Son cosas que sucedieron este año que todavía no las digiero. Cosas muy lindas."

Es cierto. Luego de que en 2007 encarnó a un divertido bufón para el Lago de los cisnes que despidió a Julio Bocca con una gala en el Luna Park, Reale comenzó a transitar un año diferente. Una lesión en su columna lo obligó a bajarse de los escenarios, pero a la vez y sin querer empezaron a llegarle reconocimientos e invitaciones gratificantes. Mientras los médicos estudiaban su caso, él siguió al frente del Ballet Metropolitano de Buenos Aires –aquel que creara en 1999 la reconocida Lidia Segni–, integrado por sus colegas del Colón y del Teatro Argentino de La Plata. Asimismo, aceptó el desafío de montar una obra propia para las bodas de oro del Ballet Oficial de Córdoba y se quedó en esa provincia tres meses como maestro del equipo que había formado la entonces flamante conductora de la compañía, Graciela Piedra (ex Sodre de Uruguay).

"No bailar despertó cuestiones que yo tenía guardadas –observa–. Me gusta mucho coreografiar, dar clases, dirigir. Se dio que desarrollara esta veta paralelamente al baile que me ayudó mucho a crecer desde otro lado, más artístico", considera a los 33 años y próximo a una cirugía que, le prometen, lo devolverá a sus roles más soñados. "Un disco está presionando la médula espinal y eso me provoca electricidad en las piernas y en los brazos. Así que me van a hacer una operación para sacarme ese disco y ponerme otro. ¡Es que ya me cansé de este disco!", suelta la broma, entre varias carcajadas. "En 2009 vuelvo. Tiene que ser. Quiero bailar otra vez", remata con un deseo serio.

En el plano de las certezas, Reale tiene ahora el cometido de llevar adonde vaya la bandera de la paz argentina, un lienzo sobre el que, hace unos días, decenas de niños pintaron en el Zoológico de Buenos Aires tres círculos de color magenta, a propósito del diseño del artista ruso Nicholas Roerich. De gran sentido del humor, el bailarín avisa hasta a sus amigos que aun en las fiestas de cumpleaños deberán "bancarlo" con el estandarte a cuestas. A propósito, será en la función de fin de año de la Asociación Arte y Cultura que dirige Juan Lavagna, el 21 de diciembre, en el teatro La Comedia, cuando el Consejo de Paz le entregue la bandera.

-De las múltiples facetas de tu carrera, este rol social es el más nuevo. Concretamente, ¿qué misión te otorga ser embajador de Paz?

-En mi vida voy paso a paso y desconozco qué va a disparar todo esto. Lo que sé es que adonde voy y en mi entorno llevo un mensaje de paz. De por sí tengo paz, no soy un tipo conflictivo ni violento.

-¿Y el Ballet Metropolitano es tu "embajada", entonces?

-El nombramiento es en conjunto, porque hacemos muchas giras con el Ballet Metropolitano.

-Siendo artistas reconocidos e integrantes de dos de los elencos más importantes del país, ¿qué pensás que les da a los bailarines del Colón y del Teatro Argentino integrar esta compañía?

-Como otros elencos que están hoy dando vueltas, creo que lo que te ofrece es ganar más funciones. Estos grupos nacen a partir de esa necesidad, porque todo bailarín quiere bailar, y bailar más y más.

-Diferente es la oportunidad que te brinda a vos, porque el Metropolitano te abrió un camino como director.

-Claro, yo crezco mucho. No quiero parecer omnipotente, pero me siento cómodo en todo lo que hago. Sé que como maestro, como director, como coreógrafo y como bailarín tengo que crecer más. Y también como embajador para dar lo que conozco, porque yo no me quiero quedar con nada. Parte de lo que quiero ser es dar, dar, dar.

Artista multiplicado

Roles. Es bailarín, coreógrafo, director y docente. Embajador de Paz por la Comisión Consejo de Paz del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil de la Cancillería Argentina, mensajero de la Unesco. Además, en octubre último integró junto con Luis Ovsejevich y el rabino Sergio Bergman, entre otras personalidades, la mesa de diálogo por el Día de la No Violencia.

Formación. Fue alumno destacado de la carrera de Danza del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Se perfeccionó en La Habana. Además, estudió fotografía y dibujo. Actualmente toma clases de actuación y canto.

Autodefinición. "Soy un apasionado, desde que me levanto a la mañana", se define, a los 33 años. Reale ingresó en 1995, por concurso, al Ballet Estable del Teatro Colón, compañía en la que asumió roles solistas y protagónicos, y a la que todavía pertenece.

Coreógrafo y director. En 2004 empezó a hacer sus primeras armas en la creación coreográfica y dos años más tarde se hizo cargo de la dirección artística del Ballet Metropolitano de Buenos Aires.

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