Mi primer cisne: la hora de Ayelén Sánchez en un rol clave para el ballet

A los 28 años, la bailarina, recientemente promovida a solista en el Colón, hará esta noche su debut en una obra cumbre del repertorio
Laura Chertkoff
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27 de junio de 2017  

Odile, el cisne negro, le exige a Sánchez fuerza y presencia, además de grandes desafíos técnicos
Odile, el cisne negro, le exige a Sánchez fuerza y presencia, además de grandes desafíos técnicos Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Azanarez

La primera vez que Ayelén Sánchez pisó el escenario del Teatro Colón fue para salir corriendo, junto con otros brujitos, de abajo de la capa del hechicero Von Rothbarth. Dieciocho años después, y con un recorrido hecho en el cuerpo de baile, hoy regresará a El lago de los cisnes para bailar por primera vez en el emblemático rol protagónico de Odette-Odile.

El Ballet Estable, dirigido por Paloma Herrera, volvió al clásico de Chaikovski anteanoche, por siete funciones, ahora con coreografía de Mario Galizzi. Aunque, hay que decirlo, el título es en sí mismo una garantía de entradas vendidas prácticamente sin importar de qué versión coreográfica se trate. Las últimas tres puestas de El Lago... en los años 2013, 2014 y 2015 se habían hecho según la coreografía de Peter Wright y Galina Samsova, que comenzaba con el funeral del rey y sostenía el tono lúgubre en todos los actos. Y subrayaba la presencia de Benno, el amigo íntimo del príncipe que rescataba su cuerpo inerte de las aguas.

"Desde la primera escena, Galizzi lo encara desde otro lugar: Sigfrido está muy alegre porque es su cumpleaños. El rol del bufón es importante -marca Ayelén Sánchez-. Y tiene el final que todos esperamos: Sigfrido y Odette mueren y se unen en la eternidad."

Si el estreno estuvo a cargo de Nadia Muzyca y Juan Pablo Ledo (que también bailarán juntos mañana y el 2 de julio), Sánchez hará su debut esta noche y pasado mañana, con Federico Fernández, y el 1° de julio, Sigfrido será Maximiliano Iglesias. El viernes 30 los roles protagónicos estarán en manos de Karina Olmedo y Edgardo Trabalón.

Levantar vuelo

A los 28 años, Ayelén Sánchez es una bailarina de perfil bajo, incluso en el tratamiento que le da a su vestuario: pinta sus zapatillas para bajarles el brillo del raso. Tiñe las cintas con té para que entonen con las medias. Y en la sección de peluquería del teatro subrayan que no tiene aires de diva, que se peina muy bien sola. No es una artista demandante.

Desde aquellos brujitos hasta aquí, ha transitado muchos escenarios. Formó parte del Ballet Sub 16 de Julio Bocca, del Provincial de Misiones, del Teatro Argentino de La Plata y participó en el mismo Colón como refuerzo mientras estudiaba en el Instituto Superior de Arte (ISA). En 2014 ingresó al cuerpo de baile del organismo estable del Teatro por concurso abierto e internacional y, desde entonces, fue encarnando poco a poco roles más destacados. En la temporada pasada fue Myrtha en Giselle y la Reina de las Dríades en Don Quijote. El mes pasado, la ascendieron a solista por la temporada 2017.

Su camino empezó muchos años atrás, cuando vio por televisión un documental sobre el bailarín argentino Jorge Donn y dijo: "¡Yo quiero hacer eso!". Comenzó los estudios de danza en su Quilmes natal, con la maestra Vera Stankaitis, quien la alentó a presentarse en el ISA en 1998. Desde entonces, el primer coliseo es su casa. "Mi familia no era de las que ven danza, así que los primeros ballets los empecé a conocer acá. Cuando formás parte del cuerpo de baile hacés todas las funciones, así que casi nunca veo la función desde la sala. Además me gusta mirar desde las patas del escenario."

Aunque el Colón no es su único proyecto profesional -desde 2014 participa de las galas de Buenos Aires Ballet, el grupo que lidera su amigo y primer bailarín del Colón Federico Fernández-, la ansiedad por el estreno de hoy es tan lógica como inevitable: El lago de los cisnes no sólo es la obra más famosa del repertorio clásico, sino también una de las más desafiantes para las bailarinas, que en el protagónico deben desdoblarse en dos roles antagónicos. A propósito de emociones diversas y dificultades técnicas, Sánchez hace un contrapunto entre el cisne blanco y el cisne negro. "Odette es suave y temerosa. Y mucho más frágil. Sigfrido casi ni la toca. Odile, todo lo contrario: es muy fuerte y tiene la maldad con la que persigue su objetivo. Es otra su presencia. Soberbia." Más allá de los desafíos técnicos que implican, entre otros, los movimientos zoomórficos en Odette y los 32 fouettes de Odile, estudiar los roles de Lago significa zambullirse en una complejidad interpretativa. "Pensé que iba a preferir a alguna de las dos, pero no. A la dos les encuentro cosas muy lindas, con las dos tuve que trabajar muchas cosas y las dos son muy disfrutables. Es como hacer dos ballets en uno."

Si la primera función la hará con Fernández -"él me contuvo muchísimo; además de mi amigo, es un excelente bailarín y partenaire"-, será excepcional el espectáculo junto con Maximiliano Iglesias. "Fue muy lindo compartir el trabajo de estos días con Maxi, porque a él también le llega su primer Sigfrido ahora. Esa función del 1° de julio va a ser especial para ambos."

Además del entrenamiento y las clases en el Colón, y del trabajo con Raúl Candal y Katty Gallo -nunca se distanció de sus maestros-, para estos roles protagónicos Sánchez miró muchos videos. Trabajó frente al espejo. Y ensayó bajo la mirada atenta de la directora de la compañía. "Fui muy curiosa. Quería tener mucha información para después pasarla a mi cuerpo -cuenta el método-. Paloma Herrera hizo esta misma versión de Mario Galizzi cuando todavía bailaba, pero no buscamos copiar las formas. Ella me ayudó mucho a encontrar los movimientos en mí. Y a partir de ahí, comprender el sentido de los pasos."

Los pasos que ha dado hasta hoy tuvieron un sentido. "Voy trabajando lo que me toca muy contenta y agradecida. Espero que todo siga sucediendo de esta linda manera."

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