
Miguel Robles y su mundo de replicantes
"Asepsia" y "Tabula rasa", coreografía y concepto escénico de Miguel Robles. Con Inés Armas, Virginia López, Victoria Viberti, Julieta Grumberg, Ana Figueiredo, Irupé Sarmiento, Adriana Hortas, Julio Escudero, Daniel Vulliez, Emanuel Ludueña y Miguel Robles. Iluminación: Alejandro Le Roux. Vestuario: Laura Pérez. En el Teatro Presidente Alvear, Corrientes 1669.
Nuestra opinión: bueno
En el marco del ciclo Contemporánea x 3, el coreógrafo Miguel Robles estrenó el sábado último "Asepsia", trabajo que se presenta junto con "Tabula rasa", coreografía que se puso por primera vez en escena hace dos años y que ya fue comentada elogiosamente en esta sección.
El hecho de presentar las dos obras permite al espectador ser testigo de dos momentos creativos de Robles. Si en "Asepsia" trabaja a partir del mundo de la ciencia ficción, con música electrónica como fondo y contenido, el segundo trabajo es una especie de recorrido por la danza clásica según una visión contemporánea; o sea, legítimamente presenta dos instancias de trabajo, complementarias entre sí, en las que demuestra un criterio de puesta de enorme riqueza visual.
De todos modos, este abanico tan ecléctico posiblemente atente contra la posibilidad de apuntar a una determinada franja de público. Es que si "Asepsia" tiende puentes hacia un espectador joven, que viene encontrando en la danza contemporánea un lenguaje que les resulta cercano, la segunda coreografía quizás consiga más adeptos entre un público de mayor edad. Pero claro está que, cuando un coreógrafo independiente consigue el apoyo del Estado, no tiene más que aceptar la propuesta sin andar imaginando una estrategia determinada para un hipotético espectador.
En relación con "Asepsia", Miguel Robles trabaja a partir del universo de la ciencia ficción. Es más: según señaló en una entrevista publicada en estas páginas, el disparador para su trabajo fue la idea de los replicantes, esos seres con fecha de vencimiento que eran los protagonistas de "Blade Runner", estrenada en 1982.
Como para no dejar dudas de esta asociación, en el mismo programa de mano presenta a los cuatro bailarines (Julio Escudero, Emanuel Ludueña, Daniel Vulliez y alternativamente Luis Garay o Reinaldo Ribeiro) como replicantes. En escena, los movimientos de estos androides se parecen a unos robots poseídos por la certeza de un final inexorable. Por momentos, la idea de esa muerte anunciada los agobia, los oprime; y ese clima asfixiante se apodera del escenario. Pero a medida que avanza el trabajo, dramáticamente el conflicto deja de crecer, deja de proponer nuevas acciones y termina repitiéndose o transitando vericuetos muy herméticos.
Llegado ese punto, la puesta se apoya fuertemente en el creativo trabajo sonoro (a cargo de Jorge Grela y Jorge Chikia, que compaginaron el material de los grupos Karaoke y Microesfera) y en el trabajo de iluminación de Alejandro Le Roux. Y hasta puede suceder que el aspecto sonoro y esa especie de instalación lumínica (no así el vestuario) sostengan el peso de la acción. Habrá que reconocer que cuando la propuesta coreográfica alcanza su límite, Miguel Robles, como director, demuestra que sabe potenciar sus ideas con otros artistas de peso.






