"Teté", el bailarín que volaba en las pistas
Falleció una leyenda de las milongas
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La noche anterior a su muerte fue a bailar como siempre a la milonga El Beso. Paseó su andar leve por las pistas como lo había hecho desde los años cincuenta. Fue su elegante despedida. Su último vals con Silvia, su pareja desde 1996. "Teté" Rusconi falleció anteayer en su casa de Palermo, a la edad de 80 años. En vida fue uno de los milongueros trascendentales del baile y de la enseñanza. Y era sobre todas las cosas, el rey del vals. "He tomado el vals porque su música me embriaga. Mucha gente piensa que exagero, pero cuando lo bailo, siento que vuelo", explicaba.
Había nacido en Pompeya, a una cuadra de Centenera y Tabaré. Comenzó a caminar las pistas a los 14 años y aprendió los secretos del tango salón con el maestro Tin. Cuando bailaba, sus pies parecían despegarse apenas unos centímetros de la pista. Una ironía para alguien que amaba el tango bailado bien al piso y hacía de eso una militancia, como otros milongueros viejos. "El tango tiene mil formas de bailarse, pero primero pisemos el suelo porque ahí está la energía", aconsejaba como maestro. Fue esa manera de moverse sobre la pista, con elegancia y un dejo barrial, lo que enamoró a la enorme coreógrafa alemana Pina Bausch, que se lo llevó para que le enseñe a toda su compañía de la Wuppertal los secretos de su pisada. Debutó con la compañía bailando el tango "Pavadita", en la obra Nur Du en la Villette de París. Entonces, deslumbró con esa levedad, ese compás y esa sutil caminata: "Teté" se volvió leyenda.
"Yo siempre me pregunté por qué me había elegido a mí, de todos los bailarines que encontró en Buenos Aires. Uno de sus colaboradores, Dominic, me lo contó. Me dijo que Pina le había dicho que yo tenía una orquesta en la cabeza. ¡Mirá vos! ¡Una orquesta! No es que tenga una orquesta, es que escucho la música. En realidad, es lo único que sé hacer." En ese humilde secreto, anidaba la riqueza de su lenguaje bailable. Era lo que transmitía a sus miles de alumnos que llegaban de todas partes del mundo para aprender de tango y para ver cómo ese hombre podía volar cuando sonaba un vals.
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