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Los Oscar son una feria de vanidades, los Oscar son una hoguera de vanidades. Probablemente, en los últimos años haya pesado mucho más lo segundo que lo primero, gracias a una exacerbada e histérica cultura de cancelación que, hoy, genera la paradójica situación de eliminar a una actriz trans por dichos políticamente incorrectos de hace años. Es mucho lo que se puede decir del caso Emilia Pérez-Karla Sofía Gascón, que se ha convertido en una de las más espectaculares “cancelaciones” de toda la historia. Sin embargo, esto no es nuevo: la Academia tiene un largo historial de historias sucias donde lo que pasa fuera de las películas determina el destino de un intérprete o cineasta. El paseo de la vergüenza es tan largo como el de la fama.




