
Débil juego del gato y el ratón
"Bajo sospecha" ("Under suspicion", EE.UU./2000). Presentada por Alfa Films. Dirección: Stephen Hopkins. Con Gene Hackman, Morgan Freeman, Thomas Jane, Monica Bellucci, Nydia Caro, Angel Suárez, Pablo Cunqueiro. Guión: Tom Provost y W. Peter Illif, basado sobre el film "Ciudadano bajo vigilancia", escrito por Claude Miller, Jean Herman y Michel Audiard según la novela "Brainwash", de John Wainwright. Fotografía: Peter Levy. Música: B. T. Edición: John Smith. Duración: 110 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: Regular
1 minuto de lectura'
En el comienzo, una visión panorámica de la costa de San Juan de Puerto Rico anticipa uno de los rasgos del ritmo narrativo que adoptará el film. Las repentinas aceleraciones que alteran el andar de la cámara producen un efecto de sobresalto que quizás haya sido buscado por el director Stephen Hopkins para ilustrar el modo en que avanzará el relato, limitado a unas pocas horas durante la noche de Año Nuevo y concentrado en un interrogatorio policial. La fiesta popular, ruidosa y colorida, propone un interesante contraste al encierro en que debe concentrarse la acción dramática. El veterano abogado Henry Hearst, hombre de éxito por donde se lo mire -tiene prestigio, dinero, notoriedad y la más envidiable de las mujeres-, es citado por un alto funcionario policial para responder algunas cuestiones acerca de un hecho que él mismo denunció horas atrás: el asesinato de una chica cuyo cuerpo descubrió durante su caminata matinal.
El capitán Benezet desoye las recomendaciones de la autoridad política: Hearts debe ser uno de los oradores principales en la fiesta de beneficencia que está iniciándose a pocos pasos de la sede policial y a la que asiste lo más granado de la sociedad local. Pero al detective le interesa confrontar los dichos del abogado con algunas declaraciones que ha recogido y que lo comprometen con el crimen, y probablemente también experimenta cierto placer personal al ejercer su circunstancial poderío sobre el otro, por quien guarda algún resentimiento racial, social o cultural. Se pone en el papel del gato, aunque su interlocutor se resista a asumir, por lo menos en un principio, la debilidad del ratón. De eso se trata el film, del combate psicológico que libran los dos hombres en una noche afiebrada y claustrofóbica durante la cual van saliendo a la luz evidencias, secretos, ambigüedades, y va descubriéndose, en su vulnerabilidad, su pequeñez y su crueldad, el rostro verdadero de cada uno.
Esa suerte de exposición espasmódica que se vuelve vana a fuerza de reiteración no es el inconveniente mayor de "Bajo sospecha", aunque sí el más incómodo. Hay otras elecciones de la dirección que conspiran contra la sustancia del relato: el repetido recurso de incorporar la presencia del detective en los flashbacks que ilustran el testimonio del sospechado es uno; el otro, el innecesario empeño puesto en hacer explícitos los detalles de una historia cuya intensidad dramática dependía en buena medida de lo que no se ve, de la tensión psicológica que crece en la situación de encierro. No es el gato demorando la caza del ratón en un sótano sin salida sino perro y gato persiguiéndose por el jardín. Que los personajes sobre los que se sostiene la trama estén a cargo de Gene Hackman (Hearst) y Morgan Freeman (Benezet) asegura solvencia expresiva, pero tal aporte, aunque es el atractivo principal del film, no alcanza a proporcionarle la vibración dramática que Hopkins desarticula con su voluntad de salir del encierro. "Bajo sospecha", se sabe, es la versión de "Ciudadano bajo vigilancia" ("Garde à vue"), uno de los mejores films del francés Claude Miller, con Lino Ventura en el papel del detective, Michel Serrault en el del escribano sospechado y Romy Schneider en el de la esposa cuyo peso en el relato resultaba decisivo más allá de su breve intervención.
Es evidente el esfuerzo que se ha hecho para adaptar al gusto norteamericano lo que era una especie de film de cámara. Aquí hay más variedad visual, más espacio para el sexo, un final amortiguado, el fondo de un festival popular de país tropical en lugar de la lluvia desoladora en una ciudad de provincias, poca confianza en el interés del diálogo y mucha en la ilustración explícita de lo que se dice. No es sólo que la comparación -odiosa siempre, pero en este caso inevitable- favorezca poco al film de Hopkins. Es que de tanto buscar para el relato una forma accesible a todo público, la adaptación le quitó al cuento parte de su sustancia y se quedó sólo con la cáscara.





