
Desafortunado debut de Annie Girardot
Debió suspender las funciones que tenía programadas para el encuentro teatral de Montevideo
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MONTEVIDEO.- Con la participación de elencos de la Argentina, Brasil, Perú, Francia, España y Rusia, se está llevando a cabo, en Montevideo, la novena edición de la Muestra Internacional de Teatro, que cada dos años organiza la Asociación de Críticos del Uruguay.
La inauguración estuvo a cargo de dos grupos locales murgueros, que si bien no son exponentes de lo teatral, sí expresan, y ampliamente, la cultura uruguaya. Yambo Kenia, agrupación de negros y lubolos (blancos) que ganó en su categoría el primer premio en el carnaval 2001, mostró una mixtura entre la tradición candombera con ciertas influencias de la comparsa del Brasil, expuesta sobre todo en los vestuarios y coreografías.
Por su parte, Contrafarsa, que goza de gran prestigio entre los uruguayos, presentó un espectáculo más acabado, cargado de teatralidad. Coreutas impecables, los Contrafarsa construyen verdaderas escenas con personajes populares. Con algunos pocos trazos cambian sus vestuarios e interpretan con mucho humor el mundo social local.
Expectativa y frustración
La segunda jornada resultó ser un gran traspié no sólo para la muestra, sino para una de las artistas europeas que adquirieron gran reconocimiento en las décadas del 60 y 70, la francesa Annie Girardot. La intérprete llegó por primera vez al Uruguay para presentar "Madame Marguerite", un texto del brasileño Roberto Athayde que, con dirección de Jorge Lavelli, estrenó en París hace 25 años.
La actriz, que fue recibida con gran expectativa por la prensa y el público local, realizó seguramente la peor función de su vida.
Una sala colmada la recibió con un fuerte aplauso. Ella comenzó a desandar el texto de Athayde -la historia de una maestra represora-. Parada detrás de un escritorio leía el libreto; cuando intentaba separarse de él, alejándose hacia el centro de la escena, su memoria no le respondía, volvía a buscar el texto, pero no encontraba la página o el párrafo que le posibilitara dar continuidad a la representación. Los silencios -eternos- que llegaban de la escena encontraban aplausos de los espectadores, quienes sentían que de esa manera la alentaban.
Ella repetía "esto es una catástrofe", "no es posible", y preguntaba: "¿Quieren que siga? El sí como respuesta la forzaba a la misma rutina, volver a encontrar la página correspondiente en su libreto, ubicar el fragmento. Así hasta el final, al que por suerte pudo llegar sin leer.
Un breve aplauso la despidió; algunos espectadores se habían retirado de la sala. Las funciones previstas para los dos días siguientes se levantaron. Ella volvió a París.
Sin duda, la gran estrella de esa noche fue el público montevideano, que con gran respeto y seguramente recordando magníficas interpretaciones en cine, como las de "Rocco y sus hermanos", "Los compañeros", "El hombre que amo" o "Morir de amor", no se animó a aceptar lo que estaba viendo y prefirió quedarse con el recuerdo.
"Ay Carmela", la emblemática pieza del español José Sanchís Sinisterra, fue el espectáculo programado, también, para esta segunda jornada. Interpretado por la compañía catalana Teatre Nou Tantarantana, el trabajo mostró a dos buenos intérpretes -Pilar Martínez y Pep Molina- encerrados en una puesta muy desapasionada y falta de ritmo. De esa forma, el texto no encontraba la fluidez necesaria para trascender.
La noche del sábado fue verdaderamente de festival. Comenzó con "Qfwfq, una historia del universo", una experiencia del Teatro Meridional, de España, que los porteños vieron el año pasado en el Cervantes.
Basado en "Las cosmicómicas", de Italo Calvino, el espectáculo -apoyado en la técnica del relato- resulta una propuesta entretenida y rica en algunas interpretaciones.
De Brasil llegó la compañía Pia Fraus Teatro, que presentó "Farsa Quixotesca", con texto y dirección de Hugo Possolo, basado en la figura del Quijote cervantino.
Actores, músicos y mucha técnica circense se combinan en escena para dar forma a una historia de locos salvadores de la humanidad. Muy buenos intérpretes alimentan un espectáculo, muy mágico por momentos, que habla al corazón del público. Sus palabras son sencillas y su entramado provoca un humor ingenuo, pero no falto de profundidad. Y es claro, se habla de fantasías y sueños, una buena manera de escapar de la realidad.
El argentino Eduardo Pavlovsky cerró la noche del sábado con la intensidad que se merecía. "La muerte de Marguerite Duras", texto del mismo Pavlovsky que con dirección de Daniel Veronese se estrenó en 2000 en Buenos Aires, ocupó una de las salas del mítico teatro El Galpón. La magnífica interpretación del actor conmovió a los uruguayos, un público que conoce muy bien a este creador y que siempre lo ha saludado con gran efusividad.
Para los próximos días se esperan los estrenos de elencos de Perú y Rusia, y también se ampliará la delegación argentina con los espectáculos "Diario de una camarera", interpretado por Rita Terranova; "Hermosura", del grupo El Descueve, y "Canciones maliciosas", con dirección de Manuel Iedvabni.
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