
Di Blasio recibió su premio
Mérito: después del éxito que obtuvo en toda América latina, ahora el pianista argentino tocó para Menem y comienza a ser reconocido en el país.
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Desde que partió de Miami y hasta que llegó a Buenos Aires para recibir la Orden al Mérito Artístico de parte del presidente de la Nación, Raúl Di Blasio no tuvo respiro. Aun sereno parece inquieto y las palabras se le amontonan. Quiere que todo termine, que la promoción de su nuevo disco llegue a su fin y que de una vez por todas sea conocido en su propio país. "Para eso falta tiempo -suspira- pero por suerte cada vez son más los que aceptan mi propuesta."
Es que el pianista neuquino que se descubre tocando y siendo reconocido en toda América latina es una cara extraña para los argentinos. Eso le molesta tanto como una astilla en el dedo, pero no le impide seguir construyendo su fama puertas afuera. Allá se lo conoce como "El piano de América". Sus detractores, en cambio, lo catalogan como "el Richard Clayderman del Tercer Mundo".
Lo cierto es que Raúl Di Blasio se inventó su propio camino desde que emergió de aquellas noches como pianista incidental de un hotel lujoso de Viña del Mar, en Chile, a su presente como productor multifacético, instrumentista respetado en el exterior y reconocido por artistas como Armando Manzanero.
Di Blasio puso sus manos al servicio de varios románticos, pero lo que persigue es poder abrir el juego a su música instrumental. Eso es lo que intenta en su ultima producción "Desde México, Di Blasio, el piano de América", donde hace un homenaje a la música de ese país a través de las participaciones de Juan Gabriel, Armando Manzanero, Mariachi Vargas, Marco Antonio Muñiz y José José, además de un recorrido por la obra de José Alfredo Jiménez.
"Creo en el trabajo constante y en la convicción de que si uno cree en lo que está haciendo, algún día alguien se va a dar cuenta y va reconocer eso que le entregás", discursea Di Blasio, mientras engulle un plato de frutas frescas en medio de un calor que lo tiene hundido y aplastado en un mullido sillón.
Su repertorio habitual sondea todo un registro de canciones populares, algunos himnos latinoamericanos y hasta algunos tangos. Pero dice que todavía no es momento de un disco dedicado exclusivamente a la música ciudadana.
"Eso sería algo oportunista. Fijate que este disco sobre México lo hice después de ocho años de ser conocido allí. Por eso el de tangos lo haré cuando lo sienta y a mi manera y no porque ahora me dieron un reconocimiento en mi propio país", sostiene el pianista.
El piano de la Rosada
Parte de su último material y de su historia artística es lo que mostró en un minirrecital en la Casa Rosada, donde su visita se convirtió en una cuestión de Estado por unas horas. El músico llegó hasta allí tras una relación de larga data con Carlos Saúl Menem.
"Conocí al Presidente en la cumbre de las Américas, hace dos años. Yo toque ahí y él se interesó por mi música. Dialogamos y quedamos en encontrarnos alguna otra vez. Es una persona muy carismática y muy sencilla, para mí fue un honor que me haya dado este reconocimiento a pesar de que estoy viviendo afuera", afirma el músico, que en esta visita no tendrá tiempo de acercarse hasta su localidad natal.
Los compromisos son muchos y eso le impide encontrarse con sus amigos. En cambio, confiesa que debe mantener aburridas reuniones de negocios o acudir a cenas interminables. "Me llamaron varios amigos, pero no me va dar el tiempo. Espero tener otra oportunidad de volver, este premio puede reactivar un poco mi presencia acá. Así que voy a venir más seguido, aunque seguiré viviendo en Miami, donde tengo mi estudio de grabación", cuenta Di Blasio.
Lo suyo es puro trabajo y lo único que lo serena es su piano. Pero ahora que logró esta Orden al Mérito Artístico parece satisfecho. Es la primera vez que alguien en la Argentina se acuerda de él a la hora de entregarle un premio.




