
Gloria Trevi era la estrella pop más importante de México. Madonna, James Dean y Elvis, todo en una. Luego vino el escándalo sexual y la misteriosa desaparición que llevó a todo un país a preguntarse quién era esa chica.
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Fue la primera teenager pública de México. Desafiante, temperamental y poderosamente sexual a la manera de James Dean y Elvis en los años 50, Gloria Trevi fue antes que nada una estrella pop; cantó sobre el amor y la insubordinación como nadie lo había hecho antes en México. También filmó películas y apareció en tevé, donde habló sin tapujos acerca de todo, desde el aborto hasta los rebeldes zapatistas. Inclusive llegó a ser considerada más o menos seriamente como una potencial candidata a la presidencia de su país.
Durante unos años, Gloria Trevi fue la más excitante crítica social de México. Ahora es la villana más excitante de su tierra.
Como predijeron sus detractores conservadores, su conducta descarada parece haberla llevado a la perdición. Tal vez siga teniendo algo inteligente y mordaz para decir acerca del sexo, los medios de comunicación y la sociedad; el problema es que está presa en una cárcel brasileña, aguardando que la Corte Suprema del Brasil decida si concede su extradición o no.
Gloria de los Angeles Treviño Ruiz nació en Monterrey el 15 de febrero de 1970, la primogénita de un arquitecto de buena posición económica. Muchos niños mexicanos abandonan la escuela después de sexto grado para ir a trabajar, pero Gloria ni siquiera necesitó conseguir un empleo al terminar sus estudios. En lugar de eso tomó lecciones de piano y de actuación. Aunque el divorcio es algo raro en un país abrumadoramente católico, los padres de Gloria se separaron cuando ella tenía 10 años, agregando otro elemento de angustia a su convulsionada historia personal.
Trevi aprovechó sus tempranas lecciones artísticas cuando, a los 13, ganó un concurso de canto y se asomó por primera vez al mundo del espectáculo de Ciudad de México. La experiencia le encantó y cuando su madre le ordenó que volviese a casa, se negó a hacerlo, abandonando su educación artística formal para tratar de ingresar en un grupo pop. Aunque un amigo de la infancia sostiene que Trevi vivió en Ciudad de México con un tío, la cantante siempre se ufanó de haber pasado "en las calles" buena parte de sus años de formación. Dijo que vendió goma de mascar, que cantó en los subterráneos y que les pidió tacos a los vendedores callejeros. Lo que es seguro es que golpeó un montón de puertas y que, cuando tenía 15 años, uno de esos llamados dio sus frutos. En 1985, Trevi pasó a integrar un grupo compuesto exclusivamente por chicas. Se llamaba Boquitas Pintadas.
Trevi es una belleza típicamente mexicana; "un taco para los ojos", según sus propias palabras. En un país racialmente tan complicado como México, su piel exhibe todos los componentes que requiere el estrellato pop: tiene un tono sombreado más próximo al blanco europeo que al marrón indígena, lo cual la sitúa en el estrato de la clase media alta mexicana, suficientemente encumbrada en la escala de castas como para ser atractiva, aunque sin ser tan rubia como para resultar inaccesible o extranjera. Su sonrisa es amplia y deliciosa, sus ojos oscuros y sus cejas tupidas. Su cuerpo –al que Gloria convirtió en centro de atracción nacional mediante una serie de calendarios que la muestran semidesnuda– es exageradamente curvilíneo.
Trevi era tan sólo una cantante de coros en Boquitas Pintadas, pero lo importante no era su habilidad musical. Lo esencial era que Boquitas Pintadas había sido creada por Sergio Andrade Sánchez.
Andrade fue al pop mexicano de los años 80 lo que Phil Spector fue al pop norteamericano de los 60; un productor fabulosamente exitoso que también escribía algunos de los hits que grababan sus protegidos. Nacido en 1956 en el seno de una familia poderosa de Veracruz, Andrade fue definido por sus asociados como "un hijo de 1968", lo cual significa que aunque era apenas un niño durante los días convulsionados de las protestas estudiantiles, en el Mayo francés, aún hoy su corazón sigue ligado con esas luchas. Sin embargo, como compositor, músico de estudio e ingeniero de sonido, Andrade puso su talento al servicio de las canciones comerciales, románticas y melodramáticas que los mexicanos adoran.
A principios de los 80, el éxito de de una balada que escribió para Crystal, una cantante ciega, permitió a Andrade independizarse. Utilizó ese suceso para convertirse en productor y pronto demostró una fabulosa habilidad para descubrir y desarrollar intérpretes de éxito.
Además de producir artistas masivos, Andrade albergó a docenas de grupos más pequeños, a los que utilizó como área de cultivo de futuras estrellas y también para mantener el flujo de de dinero en efectivo. Estas bandas, como Boquitas Pintadas, solían grabar un disco, tocar una o dos veces en televisión, mantenerse unidas lo suficiente como para que el disco se transformara en un hit, y luego desaparecían, para ser reemplazadas por un nuevo grupo apadrinado por el productor. Cuando contrató a Gloria Trevi, Andrade se topó con la mayor estrella de su vida, sólo que en ese momento no lo sabía. Boquitas Pintadas tuvo su momento de fama y luego se esfumó.
Para comprender el poder de Andrade y sus limitaciones vale la pena echar una mirada a la naturaleza monolítica de la cultura pop mexicana. Los medios de comunicación están completamente dominados por una compañía, Televisa, que acapara el noventa por ciento de la platea televisiva del país, y también llega prácticamente a todo México a través de una multitud de estaciones de radio, diarios y revistas. La familia Azcárraga, propietaria de ese imperio, es un pilar del Partido Revolucionario Institucional (pri), que ha dominado el país durante más de setenta años. De hecho, los intereses de Televisa y los del Estado mexicano son los mismos. "La cadena promueve una visión de México donde todo el mundo es blanco, católico, virgen hasta el matrimonio y respetuoso del orden social", dice la periodista Claudia Fernández Cárdenas, del Distrito Federal, que está escribiendo un libro sobre los Azcárraga.
La única competencia de Televisa es una cadena nacional mucho más pequeña: tv Azteca. Sin embargo, según el artista y crítico Felipe Ehrenberg, se trata de "el cuarto estómago de la vaca", que se dedica a difundir programas hechos con base en fórmulas que Televisa ya ha digerido.
En medio de semejante clima, la música popular mexicana nunca ha conseguido evolucionar de manera orgánica. Más bien ha sido fabricada y vendida como si se tratara de una cera para pisos. Cuando Televisa lanza una estrella en ascenso para un show televisivo producido por Televisa, el sello discográfico de Televisa (Fonovisa) graba el álbum, que es difundido interminablemente en las estaciones de radio de Televisa y promovido hasta el cansancio en las revistas editadas por Televisa. Año tras año, las canciones populares mexicanas son igualmente insípidas y románticas y quienes las interpretan ostentan la misma e intercambiable imagen rubia e inmaculada.
En cuanto a poder escuchar auténtico rock & roll, olvídenlo. El rock no se corresponde con los valores familiares que exaltan los medios de comunicación dominados por Televisa, y por eso la cultura rockera está prácticamente ausente de la radio y de las disquerías. Hasta bien entrados los años 80, el rock estaba virtualmente prohibido por el gobierno. Sobrevivía apenas en pequeños clubes sin ventanas, donde el sudor chorreaba de las paredes y el sonido de los amplificadores podía llegar a descascarar la pintura.
A excepción de un puñado de artistas –como Titán, El Tri, Los Jaguares y Three Souls In My Mind–, los grupos mexicanos no producen discos lo suficientemente buenos (o lo suficientemente libres de obscenidades) como para ser emitidos por la radio. En cambio, estas bandas suelen tocar para sus rabiosos fans en locales claustrofóbicos como Rockotitlán, de Ciudad de México, donde la música es tan interesante que parece mentira que no esté en la radio, mezclándose con otros sonidos y ejerciendo influencia sobre ellos.
Cuando boquitas pintadas se disolvió, a pocos meses de su formación, Andrade se dedicó a crear otra banda similar mientras Trevi se fue a vivir con su novio, un ginecólogo. Gloria se quedó en casa, en la cocina, allí adonde su celoso amante pensaba que ella pertenecía. "Una vez me enamoré", dijo ella más tarde a los periodistas, "y fue terrible". En 1989 regresó a su casa de Monterrey y supo que su bisabuelo le había dejado una herencia. La cobró, pegó media vuelta y apareció en Ciudad de México, en el umbral del hombre que le había dado su primera oportunidad en el mundo del espectáculo.
La joven que golpeó la puerta de Andrade había tomado la decisión –muy poco mexicana– de romper unas cuantas reglas. En especial con respecto al sexo. Gloria proclamaba a los cuatro vientos que el aborto debía ser legal en México y que las mujeres merecían el derecho de acostarse con quienes quisieran y de casarse sólo por amor. ¡Herejía!
Lo que Sergio Andrade reconoció en la lengua afilada de esa chica de 19 años fue la posibilidad de colar un poco de actitud rockera al filtro ultraconservador de los medios de comunicación mexicanos. Andrade le cambió el apellido a su futura estrella, y reemplazó el desabrido Treviño por el más ganchero Trevi. El primer álbum de Gloria, ¿Qué hago aquí?, obtuvo buena difusión al contar con el respaldo del poderoso Andrade, y Trevi firmó un contrato con Televisa que le concedía a la cadena derechos exclusivos sobre sus actuaciones.
"Gloria se destacaba entre sus pares", dice Mónica Frías Gil, quien la entrevistó a comienzos de su carrera. "Apareció para la nota sin maquillaje, algo poco común, e hizo algo que rara vez vi hacer a una mujer mexicana: se rió estentóreamente. Además habló acerca de la liberación sexual y usó palabras como coger durante la conversación. Eso no era habitual, especialmente en el mundo del pop."
Los mexicanos, aburridos de las baladas sensibleras y los boleros románticos, estaban escuchando por primera vez en su radio la voz de alguien que era capaz de retratar el lado sórdido de la adolescencia.
La Trevi no se mostró como una gran cantante. Sus temas estaban construidos alrededor de un fraseo entrecortado que le permitía tanto gritar como en-tonar, y ella no podía sostener una nota larga ni con la ayuda de pinzas. Pero es innegable que había pasión en la forma en que Gloria les sacaba chispas a las palabras, del mismo modo en que lo hacían –salvando las distancias, claro– una Janis Joplin o una Pat Benatar. Sonaba ira- cunda, lo cual de por sí bastaba para hacerla sobresalir en la programación de la radio local.
Trevi a menudo fue llamada "la Madonna mexicana", sobre todo por la forma en que ambas desafiaron los tabúes de la sociedad. Pero Madonna siempre fue en gran medida su propia jefa, mientras que Gloria se apoyó en Andrade de una forma que llegó a asustar a algunos de sus colegas. No eran solamente los agradecimientos exagerados que le escribía en los comentarios de sus cds, ni las sospechas de que era en realidad el productor quien escribía las canciones que firmaba Trevi, sino el hecho de que Andrade siempre estuviese cerca, guiando a Gloria de la limusina al escenario, sentado en silencio detrás de ella durante las conferencias de prensa y las entrevistas, observándola en todo momento. En 1991 Andrade se casó con otra cantante, una chica de 15 años llamada Aline Hernández, pero los diarios insistían en que él y Trevi eran amantes.
Despues de aquel primer album exitoso, Andrade se consagró a diseñar una estrategia de mercado para su estrella. Para comenzar, la vistió con colores estridentes, con brillantinas, moños y lentejuelas. El productor en persona recorrió los shoppings de Los Angeles para comprar trajes que conformaran esa imagen bien recargada que iría a atraer tremendamente a las niñas preadolescentes. Andrade mandó a hacer una muñeca Trevi, organizó concursos de imitadoras de Trevi y logró que la cantante dibujase una serie de historietas autobiográficas en su estilo infantil.
Andrade, además, cambió por completo la imagen aniñada de Trevi, hasta convertirla en una diosa del sexo. Le hizo agujeros en las medias y le indicó que se retorciera sugestivamente durante sus actuaciones. El truco característico de los shows de Gloria era hacer subir a un hombre del público, dejarlo en calzoncillos y azotarlo con su propio cinturón. Hubo más: Andrade comenzó a producir calendarios anuales que mostraban la figura espectacular de la cantante semidesnuda, en una serie de escenas irónicas. Los calendarios se vendieron por millones. En una de esas fotos, Trevi posaba como una ama de casa junto al horno de la cocina, con un delantal como única vestimenta: un verdadero puñetazo a la concepción tradicional de los hombres mexicanos acerca de la mujer. En otra foto, parodiaba la imagen de los hombres de Pancho Villa, con sombrero, rifle y bandoleras cruzadas sobre sus pechos desnudos.
Los teenagers son envidiables y horribles a la vez porque combinan la irresponsabilidad de los niños con los deseos sexuales de los adultos. Los padres se pasan el tiempo tironeados entre el deseo de matar a sus hijos adolescentes y el querer ser ellos. Eso se asemeja a la manera en que México reaccionó ante Trevi, sobre todo a medida que cada uno de sus nuevos discos extendía aún más los límites de lo socialmente aceptado. El sexo no era su única arma. Gloria desplegó el arsenal completo de una rebelión juvenil.
Los cinco cds de Trevi, editados entre 1990 y 1995, ganaron una popularidad instantánea. Las chicas de todo el país comenzaron a vestirse como ella y lenaron sus conciertos, a los que arrastraban a sus padres o abuelos. También abarrotaron las salas donde se exhibían las películas de Gloria. Las audiencias latinas, de Madrid a América del Sur, pasando por Los Angeles, también acudieron en masa a los recitales de la cantante. Todos querían ver de qué se trataba el fenómeno.
Gloria Trevi se volvió una cuestión política. "Gloria Trevi es un mal ejemplo para la juventud", declaró la organización antiabortista Pro-Vida cuando apareció el primero de sus calendarios. Los sacerdotes la denunciaban desde el púlpito y la Iglesia prohibió en Guadalajara la venta de su calendario 1994. Muy pocos de los entrevistados por la tevé acerca del fenómeno tenían menos de 50 años.
Además de sus conciertos, cds y calendarios, Gloria era fascinante también fuera del escenario. En las entrevistas televisivas se mostraba cálida, sexy, abierta, atrevida e inteligente. Con sus ojos encendidos y sus labios centelleantes, llegaba a millones de mexicanos que no solían ir a sus conciertos ni escuchaban su música.
Gloria declaró que estaba pensando en postularse para ser "la primera presidenta de México". Y la gente la tomó en serio.
Fue la hija adolescente precoz de México, la que decía cosas escandalosas, pero con tanta gracia y encanto que el país no se decidía a castigarla. Por un lado, siempre había algo de verdad en sus arranques y, por el otro, nunca llegó demasiado lejos. Quebró la santísima trinidad de sexo, drogas y rock & roll al declarar que ella ni bebía ni tomaba drogas, y al alentar a los jóvenes a abstenerse de consumir sustancias y alcohol. Su apoyo a la rebelión zapatista siempre incluyó, también, palabras amables para con los soldados del ejército federal. Aun en sus entrevistas más audaces, se tomó el cuidado de proclamar su fe en la Virgen de Guadalupe, el ícono más sagrado de su país.
La cuestión acerca del grado de control que ejercía Andrade sobre Gloria Trevi fue motivo de una interminable polémica nacional. Hay quienes sostienen que ella era una vasija vacía que Andrade moldeó a su antojo y llenó con esas palabras audaces y ese estilo provocativo que le dieron fama. Para otros, Trevi fue siempre su propia dueña, alguien a quien Andrade pudo aconsejar y guiar, pero nunca dominar. Lo que parece claro es que, hacia mediados de los 90, con sus temas en el tope de los rankings, se produjo un deterioro en la relación entre ambos. Se dice que el productor comenzó a volverse un tirano. En 1995, la combinación mágica del productor y su estrella comenzó a apagarse: Gloria firmó un contrato de 6 millones de dólares con Televisa, pero todo lo que se le ocurrió a la cadena fue ponerla a conducir un tedioso programa de entretenimientos. Fue un fracaso.
Luego, la desaparición. En enero de 1997, Andrade y Trevi simplemente se esfumaron. Pasó un año sin ningún indicio firme sobre dónde se habían ido ni por qué. Finalmente, en marzo de 1998 surgió una posible explicación para la repentina fuga. La ex esposa de Andrade, Aline Hernández, publicó un relato horripilante de su matrimonio (el cuarto del productor), donde lo describía como un pedófilo cruel, obsesionado con abusar y violar a las jovencitas que lo rodeaban. Se decía que, a cambio de promesas de fama y popularidad, Andrade tenía a su merced un pelotón de esclavas sexuales menores de edad. El libro acusaba a Trevi de ayudar al productor a atraer a las niñas y, a veces, de sumárseles en la cama. Aline afirmó asimismo haber sido azotada, encerrada y privada de comida por su ex esposo.
El libro –con una portada chillona que mostraba el rostro de Trevi rodeada de un anillo de fuego– fue difundido febrilmente por tv Azteca, que había contratado a la despechada ex esposa como cantante. Para muchos se trataba de una maniobra sensacionalista de la emisora, hasta que empezaron a aparecer otras jovencitas con relatos tan escalofriantes como el de Aline. "Andrade me robó mi virginidad y me pegó", dice Delia González, que ahora tiene 25 años. "Y Gloria lo ayudaba. Ella es una víctima, porque gracias a Gloria, Andrade es Dios. Pero ella es culpable también." González asegura que fue prisionera de Andrade durante un año, a principios de los 90. "No había dicho nada hasta ahora por miedo y vergüenza. Además, ¿quién me hubiese creído? Pero muchas otras muchachas podrían decirte lo mismo."
Y muchas lo hicieron. Siete jovencitas han salido a la palestra con testimonios casi idénticos. Dicen que fueron encerradas, golpeadas con cinturones y forzadas a tener sexo entre sí mientras Andrade miraba. Para muchas, la ordalía comenzó cuando tenían apenas 12 años. Las fans de la Trevi saltaron en su defensa, señalándola también como otra víctima de Andrade, lo cual no le hizo demasiado bien a su reputación de feminista rebelde.
Gloria reapareció brevemente. El 15 de agosto de 1998, Televisa emitió una larga entrevista en la que la cantante enfrentó las acusaciones. Guapísima y sentada con las piernas cruzadas en el brazo de un sofá, interrumpió su descargo para cantar espontáneamente, profesar su fe en la Virgen de Guadalupe y secarse las lágrimas. En el estilo clásico que la hizo famosa, se transformó en una acusadora de ojos encendidos: "No soy yo la que tiene cientos de miles de casas de electrodomésticos en todo el país", declaró, aludiendo a la cadena de comercios del ex presidente de la república, montada –se cree– con dineros mal habidos. Y finalizó diciendo: "Tengo la conciencia tranquila. Estuve en México todo este tiempo y aquí me voy a quedar. No me estoy ocultando".
Dicho esto, volvió a esconderse. En marzo del año pasado, los padres de una chica de 17 años desaparecida entablaron una demanda criminal contra Trevi y Andrade, acusándolos de secuestro y corrupción de una menor. Cuando la niña tenía 12 años declararon los padres, Gloria los alentó a dejarla en manos de Andrade, quien la transformaría en una estrella. En lugar de eso, a los 15 años, la niña dio a luz un bebé, al que luego abandonó en un hospital español.
Llevó un tiempo pero, finalmente, el 4 de noviembre, el fiscal del Estado de Guadalajara lanzó una orden de arresto contra Trevi, Andrade y dos de las jovencitas de su entorno, acusándolos de corromper a la chica desaparecida.
La cara que alguna vez había ilustrado las portadas de los cds, ahora era parte de un afiche que decía buscados. Poco antes de Navidad, el caso tomó un extraño giro cuando la supuesta víctima apareció y declaró con un aplomo sugestivo y misterioso que ni había sido secuestrada ni había sufrido abusos, y que el niño que había abandonado no era de Andrade. La muchacha estaba al cuidado de un psicoanalista, realizando una delicada terapia. La policía les solicitó a otras jovencitas, con historias similares, que efectuasen acusaciones formales.
Mientras este drama tenía lugar en México, los rumores iban y venían, situando a Trevi y a su manager en El Salvador, Guatemala, Texas y hasta en Las Vegas. Probablemente estuvieran en el Brasil todo ese tiempo, en Copacabana, Río de Janeiro, mudándose de un departamento a otro. Cuando sus visas de turistas expiraban, usaban torpemente sus propios pasaportes para renovarlas.
El 13 de enero de este año, la policía brasileña, actuando a pedido de su colega mexicana y de la Interpol, arrestó a Trevi, Andrade y una joven mujer, María Boquitas, que ha formado parte del entorno de la pareja desde los días de Boquitas Pintadas. La noticia pegó tan fuerte en México que los programas de tevé fueron interrumpidos para mostrar escenas de la estrella esposada, mientras era conducida a una prisión carioca. Los tres están ahora tras las rejas, aguardando la extradición a su país natal.
En verdad, aun antes de su arresto, Gloria Trevi ya era historia. Una estación de radio, que solía tocar sus discos de principio a fin, insistió en que si se pasaban ciertos temas al revés podía escucharse la frase "Debes obedecer a Satán". En todo el país se celebraron misas para pedir por el alma de Trevi. Por otra parte, fracasaron todos los esfuerzos del sello discográfico bmg, que intentó revivir la trevimanía editando la versión que hizo Gloria de una ranchera tradicional. Muchas disquerías se negaron a tener sus cds en las bateas. "Sexo con niños, eso no nos gusta", dijeron los encargados de esas tiendas.
La ferocidad con la que México se volvió en contra de Gloria Trevi revela algo más que la repulsión provocada por la naturaleza de los cargos en su contra. Un pequeño grupo de ancianos sigue sosteniendo las riendas de la cultura pop mexicana y el escándalo Trevi-Andrade es justo lo que necesitaban para atrasar el reloj de la historia. Lo que se vio como una genuina rebelión juvenil y un desafío feminista ahora parece haber sido tan sólo el plan de un hombre para explotar a la juventud en su solo beneficio, sexual y económico.
Hoy, como siempre, nadie intenta acceder al estrellato si no es a través de los canales correspondientes. Ninguna figura extravagante ha sido invitada a invadir las ondas radiales o televisivas para tomar el lugar de la cantante rebelde caída en desgracia. Si Gloria Trevi alguna vez calentó el camino para la expresión de los adolescentes mexicanos, ese sendero, hoy, está congelado.
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