Dogma 95 también apuesta al humor
Tras el éxito de "Los idiotas" y "La celebración", el jueves se estrena el tercer exponente del aclamado movimiento danés
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SAN SEBASTIAN.- Después del éxito internacional de "Los idiotas", de Lars von Trier, y de "La celebración", de Thomas Vinterberg -los dos primeros exponentes del hiperpromocionado Dogma 95-, no le resultaba sencillo el desafío al también danés S¿ren Kragh-Jacobsen con "Secretos en familia" (más conocida en todo el mundo como "Mifune"), la tercera película reconocida dentro de ese movimiento técnico-estético-ideológico que se propone romper con la artificialidad que domina al cine contemporáneo.
Pero este realizador de 53 años, dueño de una sólida carrera que incluye siete largometrajes, varios trabajos para la televisión europea y norteamericana y un pasado muy exitoso como cantante folk en su país, sorteó a fuerza de talento y audacia los posibles prejuicios y comparaciones maliciosas respecto de sus famosos compañeros del Dogma con una película que obtuvo decenas de distinciones internacionales y se alzó incluso con el Gran Premio del Jurado y el de mejor actriz en el Festival de Berlín del año último.
Este cineasta dueño de un proverbial sentido del humor -como lo demostró durante la hilarante presentación pública que hizo de su película en una función de medianoche del pasado Festival de San Sebastián- concedió a La Nación una entrevista donde explicó los motivos que lo llevaron a trabajar dentro del rígido decálogo más conocido como "Voto de castidad".
Comedia y romance
En un registro más cercano al de la comedia romántica que a la sordidez de los otros exponentes del Dogma 95, "Secretos en familia" tiene en común una mirada desenfadada sobre la disfuncionalidad familiar. Kragh-Jacobsen sorprende con momentos melodramáticos que dan lugar a un paso de comedia, o con secuencias humorísticas en las que irrumpe el más impensado elemento trágico.
En "Secretos en familia", Kresten (notable trabajo de Anders Berthelesen) es un exitoso yuppie que está a punto de casarse con la hija de su jefe. Pero, imprevistamente, recibe la noticia de la muerte de su padre, que vivía semirrecluido en una perdida granja del sur del país. Hasta allí se traslada entonces Kresten, que además debe hacerse cargo de su hermano menor, Rud (Jesper Asholt), un discapacitado mental tan querible como conflictuado. A ese paraje desolado también llega -aviso clasificado mediante- Liva, una seductora rubia que intenta escapar a su pasado como prostituta y acepta trabajar como criada de los dos hermanos, mientras intenta aplacar a su hijo malcriado.
Más allá del caos que se desata, de la aparición de los clásicos malvados y de las miserias que afloran continuamente, el resultado es una extraña, anticonvencional y en definitiva bastante armónica convivencia entre este cuarteto tan particular.
Formado en la mítica Escuela de Cine de Praga, Kragh-Jacobsen posee una larga y ecléctica experiencia: "Trabajé asiduamente como director de televisión, hice distintas experiencias radiales, una larga carrera musical, y ahora, también, soy docente en mi país. Debuté en cine, en 1978, con producciones de muy bajo presupuesto y desde entonces siempre estuve ligado a la producción audiovisual".
-¿Cómo se acercó al Dogma 95?
-Ingresé al comienzo, en 1995. Venía de filmar en Alemania "The Island of Bird Street", una película muy dura, en inglés, sobre el Holocausto. Entonces quería hacer una historia de amor, de esas que podés ver con tu esposa y tu hijo un sábado a la noche. Así que el Dogma se presentó como un desafío divertido, loco y también egoísta, porque tenés el control absoluto: podés hacer lo que se te ocurre. No hay que hablar con productores, con script-doctors , no hay que hacer testeos de público. Que un director no se tenga que preocupar porque la luz sea perfecta, porque el movimiento de la cámara resulte impecable, es genial. Así, es más probable que uno esté pendiente de contar una buena historia, de que esté bien actuada. Los intérpretes traen desde su casa su ropa, su maquillaje, se peinan solos, así que uno sólo piensa y dirige. Para mí el Dogma 95 libera, es como un juego. Se trata de una serie de reglas, pero te proporciona una gran energía.
-Pero en el rodaje cometió pequeñas traiciones a los postulados del Dogma.
Sí, tapamos una ventana con un trapo negro, movimos algunos muebles, utilizamos la plataforma hidráulica de un pintor para un par de tomas aéreas... y perseguimos a las gallinas del vecino que se cruzaban en cámara. Los ideólogos del Dogma hasta me hicieron un juicio por mis pecados, pero espero que no me excomulguen por esos desvíos ( risas ).
-Su película, además, no se parece demasiado a las otras entregas del Dogma.
-Para nada. Ellos rodaron en video digital, yo lo hice en 35 milímetros. Ellos hicieron films desgarradores, yo una comedia luminosa y veraniega. Ellos mostraron la desintegración de la familia y yo la volví a unir. El mío es un film optimista. Ellos mueven la cámara de forma nerviosa todo el tiempo, pero yo no veo nada realmente nuevo en eso.
-¿Para qué la hizo bajo los postulados del Dogma, entonces?
-Es que toda la película, desde la escritura del guión hasta la edición final, fue concebida en función del Dogma. Me gustan mucho además los aspectos sociales e ideológicos del movimiento.
-¿Por qué cree que el Dogma 95 surgió en Dinamarca?
-En mi país hay una larga y rica tradición cinematográfica. Piense que ya en la época del cine mudo teníamos la segunda industria después de Hollwyood. Además, hoy tenemos un Ministerio de Cultura que aporta muchos fondos al cine, muy buenos guionistas y productores ávidos por nuevas propuestas más experimentales.
-¿Por qué realizó el homenaje a Mifune ya desde el título?
-Elegí el título de "Mifune" en honor al gran actor japonés porque, además de admirarlo profundamente, murió el mismo día en que nosotros encontramos la primera locación para la película. Creo que el homenaje que le hicimos, cuando Kresten intenta animar a Rud imitando al Mifune de "Los siete samuráis", el clásico de Akira Kurosawa, es la mejor secuencia de la película. Toshiro tenía todo: era divertido, era sensible, era un macho y a la vez un poco tonto, un actor talentoso y buen mozo. Lo seguí durante toda su carrera y por eso quise hacer un último gran homenaje al maestro.
-¿Fue dura la experiencia del rodaje?
-Fueron nueve meses en total, un embarazo muy divertido. Estuvimos desarrollando el guión durante tres meses, luego tuvimos seis semanas de rodaje y el resto fue para montar el abundante material filmado.
-¿Improvisaron mucho?
-No demasiado. Improvisar es caro y nosotros no podíamos permitirnos ese lujo con un presupuesto acotado de 800.000 dólares y con muchos de nuestros amigos trabajando por monedas durante unos días. Filmar así es gratificante por un lado, mucho menos costoso y ceremonioso que otros proyectos convencionales, pero obliga al equipo a resolver todo con mucha rapidez, a estar siempre con la cabeza muy abierta.
-¿Cómo incorporó la música en vivo?
-Yo fui músico durante años, así que llamé a mis viejos compañeros -guitarristas, acordeonistas-, algunos de los cuales hoy son muy conocidos en toda Europa. Ellos improvisaron sobre bases flamencas. Hacíamos cinco, seis tomas, y si la música no servía, los echaba del set ( risas ). El Dogma es al cine lo que los shows unplugged (acústicos) son a la música. Es una vuelta a las raíces, a lo esencial. Allí reside su verdadero valor.
La nueva diva de Hollywood
En "Secretos en familia" es una prostituta de Copenhague que abandona la ciudad y comienza a trabajar como criada en una remota casa de campo.
En "Alta fidelidad", film norteamericano de Stephen Frears que se estrena el próximo 21 del actual, es una estudiante de abogacía que lucha por armar una relación con el dueño de una disquería interpretado por John Cusack.
Iben Hjejle -de ella se trata- oscila entre dos mundos y dos lenguajes, pero siempre con el mismo talento logró cautivar tanto a la crítica europea como a la norteamericana.
"Después de la exhibición de "Secretos en familia" en el Festival de Berlín, se organizó una fiesta. Allí, S¿ren Kragh-Jacobsen y yo nos acercamos a Frears para decirle que ambos admirábamos mucho su trabajo. "Relaciones peligrosas" es una de mis películas favoritas.
Charlamos un rato y me dijo si estaba dispuesta a trabajar con él y Cusack ese mismo verano en los Estados Unidos", indicó Hjejle a The New York Times.
El salto al cine norteamericano no resultó demasiado traumático para esta rubia de 29 años: "Mi madre enseñó inglés durante más de dos décadas e hicimos la experiencia de vivir un año en Boston, así que no tuve problemas con el idioma", dijo la actriz, que se prepara para protagonizar una nueva película que Kragh-Jacobsen escribió especialmente para ella.
Su amor por el cine norteamericano comenzó a gestarse desde que era niña: "Mi generación creció viendo películas de Hollywood y series estadounidenses subtituladas. Mis favoritos son los viejos westerns de John Ford. Mis ídolos infantiles siempre fueron actores como John Wayne y Max von Sydow, uno de los grandes intérpretes escandinavos que triunfaron en Hollywood".
Hjejle, a pesar de su apellido, parece encaminada a seguir ese destino triunfal del otro lado del Atlántico.





