
Don Sixto viene tocando
El "violinisto" santiagueño presenta nuevo CD y llega al cine en un film que registra su historia
1 minuto de lectura'
Sixto Palavecino nació en el medio del monte santiagueño, en una familia de musiqueros. Su destino parecía determinado desde antes de nacer. "Soy quichuista desde quién sabe qué tiempo anterior", filosofa el músico, y la frase encaja perfectamente con esa imagen sencilla y ancestral. Un poncho santiagueño le cubre el hombro. En su mano derecha, un bastón acentúa la estampa de patriarca folklórico.
Del violinisto emana una energía particular, a pesar del accidente que lo postró en una silla de ruedas y lo mantuvo inactivo una temporada. "Tuve que aprender a caminar de nuevo. Por suerte estoy mejor: no me puedo quedar quieto", argumenta.
Con un flamante disco en la calle, "Dulzura quichua"; la culminación de la versión bilingüe del "Martín Fierro", en quichua y en castellano, y el estreno durante el festival de cine independiente del documental sobre su vida, "La savia del algarrobo", la carrera de Don Sixto Palavecino no parece terminada, sino todo lo contrario.
"Yo digo que a partir de los ochenta años comencé a restar. Ahora tengo 74 y me siento más joven", dice, y la sonrisa le estira los rasgos indios que delatan su antigua procedencia. Toda esa vitalidad y sabiduría la heredó de los mayores. "Mi abuelito Tata Martín, que murió de 120 años, tocaba la guitarra y cantaba, sentadito en su sillita. Hasta sus últimos días, ciego y todo, seguía haciendo música. Yo recuerdo que era muy chico, pero aprendí mucho de él", dice.
"Era muy conocedor de campo. En las carreras cuadreras, en las riñas, él siempre sabía quién iba a ganar. Lo veía y ya sabía. La gente le preguntaba y ése ganaba. Después, cuando ya no salía, iban a casa a preguntarle qué caballo podía ganar. Era sabedor natural. Así era mi abuelo", completa.
Sixto Palavecino creció en un entorno agreste, donde prácticamente nadie hablaba el castellano. La familia vivía del pastoreo y de lo que cosechaba. "Plata no había, no manejábamos dinero. Todo lo que plantábamos o criábamos, como ovejas y vacunos, era para comer."
Esa forma de vida natural y el influjo salamanquero del monte barranquero lo transformó en un músico sacherito (del monte) y bien criollo. "Yo me iba al monte a tocar, porque mi mamá no me dejaba y guardaba el violincito que me había fabricado en el hueco de un viejo algarrobo." Nadie le enseñó a tocar un instrumento. Sixto se contagió del ambiente musical que lo rodeaba. "La gente hacía música para los rezabailes , fiestas religiosas y cumpleaños. Siempre había música y musiqueros por todas partes. En la zona donde vivía había como unos veinte violinistos . De todos ellos aprendí yo. De mirar y escuchar", refresca en su memoria.
Don Sixto fue el primero en la familia en cumplir varios sueños humildes, pero inalcanzables para algunos de sus mayores, que terminaron sus días en medio del monte. Sixto logró salir de Barrancas y trasladarse 25 kilómetros más cerca de Villa Salavina. "Para nosotros era como ir a Buenos Aires -compara-. Nunca nadie de mi familia había entrado ahí."
Allí conoció a su segunda mujer (se había casado a los 16 y había tenido una hija), tuvo sus tres hijos y alternó su ocupación de musiquero con la de comerciante. "Tenía un bolichito en las afueras del pueblo, antes de cruzar el río. Y en esa época me llamaban de todos los lugares para que participe de las fiestas. A mí me pagaban 50 pesos, al guitarrista 20 y al bombisto 10."
Para esa época todos estaban embrujados por el sonido del violín de Sixto. "Le gustaba mi sonido sacherito y criollo. La mayoría eran canciones en quichua. Toda la gente lo habla en esa zona, pero antes tenían vergüenza de su idioma, ahora se está recuperando", afirma don Sixto.
Cumplido el primer objetivo fue tras otros dos grandes sueños. "Quería que mis hijos estudien. Yo apenas había terminado la primaria. Y, además, quería tener un programa de radio pasando repertorio de música tradicional y difundiendo el quichua. Pero no de forma académica, sino por medio de la transmisión oral como aprendimos todos los que vivimos en Santiago." Las dos ilusiones se le cumplieron. Sus hijas se recibieron de docentes, mientras que su hijo se transformó en ingeniero agrónomo. Y su programa de radio, "Alero quichua", que conduce su hijo Rubén, en una emisora de la capital santiagueña está por cumplir más de 30 años al aire.
El peluquero más famoso
El hombre no parece cansado después de haber pasado por diferentes oficios para sobrevivir, mudado de región en varias ocasiones, afincarse definitivamente en Santiago y seguir tocando junto a los integrantes de su familia de forma un poco más profesional. "En realidad, los últimos quince años me dediqué más a la música. Antes trabajaba en la peluquería y estaba preocupado porque mis hijos terminaran de estudiar. Sólo cuando tenía 45 años formé el conjunto con mis hijos y con ellos hemos andado por todo el país." En la peluquería lo encontró León Gieco, cuando lo fue a buscar para participar de su disco "De Ushuaia a La Quiaca". Diez años antes, en la década del sesenta, Jorge Cafrune lo fue a buscar al mismo lugar. "Vino porque me quería escuchar, me grabó dos chacareras que para mí era como llegar al cielo y después me trató de convencer para que salga de gira con él. La idea me interesaba, pero iba a tener que cortar los estudios de mis hijos, que me acompañaban en el conjunto. Me acuerdo de que fue una decisión difícil. Una amiga me dijo: "Mire don Sixto, en un mes va a ganar lo que gana en un año en la peluquería". Era tentador, pero, finalmente, no acepté, y mis hijos se recibieron."
-Decidió priorizar el estudio de sus chicos y dejar la posibilidad de apuntar a una carrera artística...
-Nosotros hacemos la música naturalmente, no por una necesidad profesional o comercial, sino por difundir la cultura de nuestro antiguos. Eso es lo que me interesó desde siempre. Pero nunca pensé, ni soñé con hacerme famoso. Todo era en defensa del quichua. Sólo en el último tiempo comencé a vivir de la música.
Según su visión, con los años, las cosas se desnaturalizaron. Para Sixto el contexto determina: "Yo tuve la suerte de vivir las más sanas costumbres y vivencias. Como fueron antes nuestros antepasados. Hoy, lamentablemente, estamos perdiendo los principios y eso es triste. Claro no es mayoría". Un detalle, Sixto guarda en el pequeño estuche del violín una foto del Che Guevara. "Tenemos que estar orgullosos de su valentía y su lucha por la libertad", dice.
Será por eso que el músico apuesta a las nuevas generaciones. "Yo tengo la esperanza de que la juventud tome conciencia. Que sepan como fueron sus abuelos y bisabuelos, se concienticen y puedan -aunque estamos en una era tremenda- volver a sus raíces", apunta el violinisto .
Lo que se preserva en Santiago del Estero de toda contaminación es el quichua. La lengua del antiguo imperio inca se asentó en la provincia hace 400 años y se transformó en uno de los idiomas principales de la región. "En la provincia hay 27 departamentos, 14 de ellos hablan solamente el quichua. Más allá de que sepan castellano, toda la gente es quichuahablante. Yo también, no tengo nada que ver con los estudiosos. Lo mío es natural. A veces hasta me cuesta hablar en castellano", confiesa.
En su familia se cuidaban todas estas costumbres de sus mayores. El quichua, en su casa, era tan natural como la música. "En mi casa mis dos hermanos mayores hacían música. En cada ranchito había un musiquero", recuerda. Eso sigue sin alterarse en las pocas familias que siguen viviendo en Barrancas. Lo que cambió fue la población. Cuando Palavecino volvió a su casa natal, donde vivió hasta los trece años, para la filmación de "La savia del algarrobo", se encontró con que "han hecho como un pueblito, está la escuela, la iglesia, la comisaría. Antes había ranchos muy distanciados", describe.
No hay nostalgia en sus palabras, vive del presente, pero le gusta recordar cuando en cada rancho había dos o tres violineros . "No los llamamos violinistas, porque no aprendían en la academia, eran sacheritos . Y ese estilo no lo he dejado nunca. Lo que hago es para representar ese monte, el lugar donde he nacido. Lo puro. Mi música y mi canto vienen desde ahí, muy en el fondo del tiempo."
1- 2
El escape de París de un ladrón y su novia norteamericana que cambió la historia del cine
3Julio Iglesias fue acusado de agresiones sexuales por dos exempleadas de sus mansiones en el Caribe
4Rosalía, de nuevo enamorada: quién es Loli Bahía, la modelo que recibió el año nuevo con ella en Río de Janeiro



