
Dumont y el sabor de la vieja generación
"Yepeto" (Argentina/1999). Presentada por Primer Plano. Fotografía: Roberto Mateo y Andrés Mazzón. Música: Mariano Núñez West. Intérpretes: Ulises Dumont, Nicolás Cabré, Malena Figo, Alejandra Flechner, Patricio Contreras y Villanueva Cosse. Guión: Roberto Cossa, basado en su obra teatral homónima. Dirección: Eduardo Calcagno. Duración: 107 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: buena
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Hay dos elementos que diferencian a "Yepeto" de la gran mayoría de películas argentinas que se estrenaron en los últimos tiempos: la inteligencia de sus diálogos (gentileza de Tito Cossa) y la credibilidad y talento de su protagonista, Ulises Dumont.
En realidad, la visión de toda la primera hora de "Yepeto" resulta un verdadero placer. Una historia construida sin efectismos ni grandilocuencias, con personajes bien trabajados, situaciones y conflictos que jamás lucen forzados, mucho humor y una saludable carencia de afectaciones y clisés. En suma, un intento válido por demostrar que el cine argentino puede trascender el costumbrismo forzado, el sentimentalismo barato y los habituales excesos autorales y actorales.
Queda claro también que la película se pierde, se desbarranca durante su media hora final, que las actuaciones de Cabré y, especialmente, de Malena Figo no están a la altura de las circunstancias, pero aun con sus carencias "Yepeto" supera nítidamente la media del cine nacional.
Basada en la popular obra teatral que interpretaron hace ya más de una década el propio Dumont y Darío Grandinetti, "Yepeto" amplifica y exacerba el eje del conflicto ideado originalmente por Cossa: un profesor y un joven unidos y enfrentados por el amor hacia una bella estudiante.
En la película, obviamente, Dumont es bastante más viejo; Cabré, más joven que Grandinetti (famoso, entre otras cosas, por un recordado desnudo), mientras que el personaje de Cecilia, que prácticamente no aparecía en la obra, tiene una presencia importante en pantalla.
Un trabajo impecable
El gran logro del film es la minuciosa, sólida, caracterización del Profesor: un representante de la intelectualidad quebrada que vive en la zona de Retiro y para en el Tortoni, un excelente narrador (un verdadero obsesivo de la palabra) que se gana la vida intentando infructuosamente apasionar a sus alumnos con ampulosas citas de Joyce, Flaubert y Proust. Perfeccionista, solitario y egoísta, este veterano seductor carga con varios divorcios y una amante por la que nunca termina de jugarse, sigue escribiendo a mano, es un empedernido defensor de los autores clásicos, juega al dominó, lee La Nación y la revista El Amante, es adicto a la ginebra y odia visceralmente a Umberto Ecco.
Dumont -a esta altura un verdadero álter ego de Calcagno- entrega una actuación memorable, plena de convicción, de matices y de sensibilidad. Una interpretación que sostiene por sí sola todo el peso de una trama que no está sustentada precisamente en picos emotivos ni grandes sorpresas.
Cabré, en cambio, no alcanza a transmitir esa mezcla de celos y admiración que siente por su competidor, que es también una suerte de padrino. Representante de "la generación del yogur", como lo define el Profesor, Antonio es un atleta con poca calle, alejado de la exquisitez del intelectual bon vivant que parece (sólo parece) tenerla muy clara. Pero el gran traspié de Calcagno, un imperdonable error de casting, es la elección de Figo para el papel de Cecilia. Cada aparición de esta actriz sin experiencia e insulsa, cada impostada frase que surge de su boca, entierran automáticamente la toma, quiebran los climas, borran el magnetismo de la historia. Que este personaje sea el objeto del deseo, el motor de esta historia, resulta algo insostenible e inverosímil.
Este despropósito más algunos pequeños deslices del guión, cierta misoginia que recorre el relato y la falta de solidez del desenlace conspiran contra la resultado final. Así y todo, "Yepeto" es un exponente del buen cine argentino. No se trata de una obra innovadora (no pretende serlo), pero está hecha con dignidad, inteligencia y profesionalismo. El público habituado al cine nacional sabe que no son precisamente atributos menores.
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