
El adiós al creador del Correcaminos
De su mano alcanzaron la mejor forma personajes entrañables como Bugs Bunny y el pato Lucas; falleció a los 89 años
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LOS ANGELES (Reuters).- Chuck Jones, el maestro de la animación que llevó a su esplendor personajes como Bugs Bunny y el pato Lucas y creó el Correcaminos y el Coyote, entre muchos otros, falleció en su residencia de Corona del Mar, en el sur de California, a los 89 años, a raíz de complicaciones cardíacas.
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Para que un dibujo animado entre en la historia debe combinar por lo menos siete factores: originalidad, talento artístico, música, humor, concepto, la personalidad del autor y del personaje y la animación propiamente dicha. Con estos requisitos, el investigador Jerry Beck realizó en 1994 una encuesta entre 1000 profesionales y expertos de la animación en todo el mundo, con objeto de editar una antología con los 50 mejores cartoons de la historia. Según el sondeo, nueve de ellos llevaban la firma de Chuck Jones.
Gracias a Jones, el dibujo animado adquirió el estilo, el timing cómico y el aire delirante que todavía hoy conservan. Cualquier dibujo con su firma, realizado en los años 50 y disfrutable hoy por chicos y grandes en la TV (la señal de cable Cartoon Network los emite a diario) conservan la rara habilidad de ser, a la vez, clásicos y vanguardistas.
Charles M. Jones había nacido en Spokane (Estado de Washington) el 1° de septiembre de 1912. Al igual que su padre, que había elegido el sur de California para instalarse, encaró allí distintos y fugaces oficios, de marinero a extra en películas mudas, hasta que eligió formarse en la muy prestigiosa escuela artística Chouinard, y a partir de allí cumplió sin excepción todas las etapas de la carrera de un animador.
Jones sacó lo mejor de quienes lo formaron para hacer su carrera. De Walter Lantz (el creador de "El pájaro loco") rescató el cuidado por los fondos estilizados y la búsqueda del color; del gran Tex Avery, el gusto por los personajes desaforados prestos a provocar la risa a partir de persecuciones y caídas, y de Leon Schlesinger, el acercamiento con el estudio en el que hizo lo mejor de su carrera. Durante las décadas de 1940 y 1950, en el área de animación de la Warner y gracias a series como "Merrie Melodies" y, sobre todo, los extraordinarios "Looney Tunes", Jones llevó a la perfección en el dibujo animado las características básicas de la comedia delirante (slapstick comedy) del cine norteamericano y las enriqueció con toques surrealistas, como las eternas caídas por el precipicio del Coyote mientras persigue al Correcaminos, serie que inventó en 1949. Rodeado de talentos como los directores Frank Tashlin y Bob McKimson, el guionista Michael Maltese, el músico Carl Stalling y el creador de voces Mel Blanc, Jones concibió algunas obras memorables, que partían de una situación fija para desarrollarse en todas las direcciones posibles: es el caso del Correcaminos o de Pepe Le Pew, el zorrino de acento francés que moría de amor por una gata.
Además, Jones era una persona cultivada, que gustaba de citar a Chesterton o Santayana y que siempre apeló a grandes obras literarias o musicales para algunos de sus cartoons más logrados. El mejor de todos (y, para muchos, el más grande dibujo animado de la historia) fue "What´s Opera, Doc", en el que la clásica carrera de perseguidor-perseguido entre Bugs Bunny y Elmer Fudd compendiaba en cuatro minutos la saga de "El anillo de los nibelungos", de Wagner. Otros se inspiraron en "El barbero de Sevilla" o en "Pimpinela escarlata".
Lejos de perder su capacidad creativa cuando, en los años 60, Warner cerró su departamento de animación, Jones formó su propia compañía. Supervisó para MGM una nueva serie de dibujos de Tom y Jerry, logró un Oscar en 1965 por la adaptación animada de "The Dot and the Line" y trabajó mucho para la TV, en especial recreando los clásicos cuentos de Navidad de "El Grinch".
Al frente de su propia empresa de animación, Jones se dedicó con los años a alimentar su condición de leyenda viviente, a transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones, a participar en innumerables homenajes o retrospectivas de su trabajo y a disfrutar de la admiración de cineastas cinéfilos como Joe Dante, para quien dirigió en 1990 la secuencia de cierre de "Gremlins 2".
Detrás de los grandes sombreros de cowboy, el lazo en lugar de la corbata y una barba casi señorial, Jones no disimulaba el gesto zumbón y la mirada socarrona que podían hallarse, llevados al extremo, en algunos de sus personajes. La autobiografía que escribió en 1989 llevaba como título su apodo ("Chuck Amuck"), palabra que en inglés caracteriza a quienes andan frenéticamente de un lado al otro arrasando todo lo que encuentran a su paso, casi como el inefable Demonio de Tasmania, otra de sus celebradas creaciones.
A los 82 años, Warner lo convocó para una nueva serie animada, que coincidió con el éxito mundial de una red de comercio con merchandising básicamente inspirado en sus personajes animados. Tres años después, firmó con el estudio un contrato a largo plazo.
Hasta el fin de sus días, Chuck Jones siempre tuvo en claro hacía dónde iba. "Si mi misión -dijo una vez- es ayudar a que otros se rían, o mejor, que puedan sobrevivir gracias a esa risa, entonces puedo considerarme un privilegiado." Los millones de espectadores que desde hace décadas festejan las persecuciones entre el Coyote y el Correcaminos, las salidas de Bugs Bunny, los porrazos del gato Silvestre, los delirios del pato Lucas o las estrategias seductoras del zorrino Pepe, seguramente compartirán a pleno ese sentimiento.





