El caballero de la triste figura, sinfónico

Pola Suárez Urtubey
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4 de agosto de 2017  

Durante estos días, sea para el concierto de mañana del ciclo Barenboim para el Colón como para las dos fechas de la semana próxima, en la misma sala, pero para el ciclo del Mozarteum, tendremos la fortuna de escuchar a Barenboim con la Orquesta West-Eastern Divan en una de las obras más atractivas del repertorio sinfónico de todos los tiempos. Nos referimos a Don Quijote, de Richard Strauss. Es que con ella, compuesta entre 1896 y 1897, el músico nos entrega otra de sus páginas magistrales, que lo muestran como un pintor extraordinario y apasionado, que encontrará los mejores colores y la expresión más exacta para reflejar la oposición del idealismo quijotesco, transmutador de la realidad, frente al papel esencialmente paródico y correctivo de Sancho Panza.

Tengamos en cuenta que la obra y su autor quedan ligados a la más brillante historia de la música entre nosotros. Estrenada por su autor en Colonia, el 8 de marzo de 1898, el mismo Strauss dio a conocer su poema sinfónico, su glorioso Quijote, en el Colón en 1923, cuando llegó aquí al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena.

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Strauss elige el tema con variaciones. Eso le permite elevarse hacia una mayor abstracción constructiva del planteo sonoro, que le permitirá definir psicologías y sugerir la acción. En realidad, el "programa" pasa a un segundo plano ante la elaboración de un universo musical que se nutre del desarrollo temático y del trabajo concertante provocado por el tratamiento de la orquesta y del violoncelo, que simboliza la intimidad dolorosa, fundida con su quimera, del inmortal héroe cervantino.

La obra comprende una introducción que anticipa el mundo del caballero de la triste figura, sus andanzas y el desorden mental del protagonista. Le sigue el tema donde se definen musicalmente los personajes de Quijote y su escudero Sancho Panza, diez variaciones y un Final. Dichas variaciones aluden, por citar algunas, a la batalla contra los molinos de viento y el descalabro del caballero; enfrentamiento contra el rebaño de carneros, uno de los momentos más vivaces e imaginativos de la partitura; conversaciones entre caballero y escudero; Don Quijote describiendo asimismo el fabuloso país cuya conquista emprenden; Don Quijote atacando el cortejo de peregrinos que conducen en procesión a la virgen, confundiéndolos con secuestradores de una noble dama; Don Quijote soñando con Dulcinea mientras vela las armas?. Y sigue. Por último, Don Quijote es derrotado e inicia el regreso a su país. En el final, el héroe recupera la razón y muere en paz con el mundo.

Strauss encomienda al violoncelo la figura del caballero, mientras la viola representa la de Sancho Panza y el violín encarna brevemente la frágil imagen de Dulcinea. Strauss había leído a Cervantes en versión alemana, pero no fue el libro lo que lo inspiró, sino las agudas interpretaciones realizadas en sus dibujos por el caricaturista francés Honoré Daumier, incluidos en la versión francesa de la obra.

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