
El capricho de un divo
"Té con Mussolini" ("Tea With Mussolini", Italia-Gran Bretaña/1998, color), producción hablada en inglés e italiano y presentada por UIP. Basada sobre la autobiografía de Franco Zeffirelli. Guión: John Mortimer y Franco Zeffirelli. Intérpretes: Cher, Judi Dench, Joan Plowright, Maggie Smith, Lily Tomlin, y otros. Fotografía: David Watkin. Música: Alessio Vlad y Stefano Arnaldi. Dirección de arte: Carlo Centolavigna y Gioia Fiorella Mariani. Dirección: Franco Zeffirelli. Duración: 117 minutos. Nuestra opinión: regular.
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A los 76 años, Franco Zeffirelli se rodea de glorias de la escena británica de las que seguramente es devoto admirador, corrige algunas páginas de su autobiografía para evocar los tiempos de su infancia y adolescencia, inventa unos pocos personajes y unas cuantas situaciones que, obviamente, lo dejan en inmejorable condición para el bronce y, en un discreto rapto de humildad, se escuda bajo otro nombre -Luca Innocenti-, aunque en las leyendas finales del film, según la fórmula usada para las historias extraídas de la vida real, desliza un sugestivo texto acerca del rumbo que siguieron los personajes: "Luca es artista y colaboró en esta película". A buen entendedor...
Zeffirelli tiene tanto derecho como cualquiera a darse los gustos en vida, y hasta resulta enternecedor el modo en que altera la de por sí incierta progresión dramática de su relato para fotografiar los rincones de la Toscana que más ama, para acentuar los méritos de su madre modista ("mejor que Schiaparelli", asegura alguien) o para hacerles un lugarcito a personajes que -cabe suponer- fueron importantes en su vida, como su profesor de arte.
Lo fueron -y mucho más, seguramente- las damas inglesas que lo educaron, ya que su padre, anglófilo fervoroso, y su madre estaban casados, pero no entre sí, y además ella murió cuando Franco tenía 6 años. Tales damas, enamoradas del arte italiano y complacidas por el orden y la prolijidad que Mussolini había impuesto en el país, habían hecho de Florencia su casa; eran, obviamente, gente de gustos refinados que sabía apreciar los tesoros artísticos allí acumulados y podía mantenerse alejada de las miserias cotidianas disfrutando de sus tés en Doney´s o sus tardes en la galería de los Uffizi.
El film las evoca con perceptible simpatía en una sucesión de episodios que abarcan desde que se hace más próxima su relación con el protagonista hasta las postrimerías de la guerra, con las tropas alemanas expulsadas y las señoras dando muestras de su fortaleza de carácter.
Flaquezas
El problema no es, al fin, que Zeffirelli retoque a gusto su biografía sino que la construcción a veces tenga tantas inconsistencias que los personajes -sobre todo los presuntamente inventados como la norteamericana vulgar y millonaria, hecha a la medida de Cher, o la arqueóloga de maneras masculinas confiada a Lily Tomlin- carezcan de espesor, y que casi todos los demás anden siempre al borde del estereotipo cuando no francamente rendidos a él.
Si la historia de las señoras valerosas que a su modo resisten el atropello fascista tiene algún interés -bastante más que la evolución del protagonista, de chico estudiantea valiente partisano-, es porque son Joan Plowright, Judi Dench y Maggie Smith las encargadas de darles vida.
La primera es la afectuosa Mary que se hace cargo de la educación del muchacho y muestra invariable serenidad y entereza. Es notorio que el realizador guarda de ella un recuerdo entrañable a juzgar por la emoción que vuelca en el retrato; Plowright suma su calidez maternal para convertirla en el personaje más querible de la película. La segunda es Arabella, la extravagante artista atenta por igual a la conservación del patrimonio cultural y al bienestar de su inseparable perrita. La tercera, Lady Hester, la aristócrata distinguida y arrogante reconocida como líder natural del grupo e ingenuamente convencida de que su linaje basta para merecer el respeto y la consideración del mismísimo Duce.
Estos dos personajes, trazados según moldes bien convencionales, se enriquecen visiblemente con el admirable juego actoral de las dos intérpretes. Cuesta reconocer en la excéntrica amante del arte a la misma Judi Dench de "Shakespeare apasionado" o "Su Majestad, la señora Brown". En cuanto a Maggie Smith, vuelve a ser un espectáculo aparte.
El paisaje toscano y las joyas arquitectónicas de Florencia y San Geminiano ponen lo demás. Vale como compensación.
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