
El cine logró que Imanol fuera mujer
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Por estos días, Imanol Arias está bastante lejos de la imagen de galán que se supo ganar en estas tierras. Las uñas pintadas, las cejas decoloradas, las piernas depiladas y "todo un rollo de cremas para el cutis" como dice el mismo, lo han convertido en otra persona. O más bien en una mujer.
Es que la condesa Pavlova, el travesti que le ha tocado interpretar en "Buenos Aires me mata", la nueva película de Beda Docampo Feijoo, lo ha transformado por completo. A tal punto que, cada mañana, debe dedicarle por lo menos dos horas a "esos menesteres que sólo las mujeres conocen bien. Y es muy fuerte porque cada vez que quedo con alguien en comer le tengo que decir que me espere porque tengo que hacer una serie de cosas que llevan mucho tiempo: depilarme, decolorarme, arreglarme las uñas...", enumera el español con una mezcla de diversión y fastidio.
Pero más allá de sus reparos, y sobre todo más allá de sus admiradoras, el español debe calzarse cada noche sus medias, sus tacones y sus vestidos para ponerse en la piel de la condesa Pavlova. Y así, con ese maquillaje glamoroso, salir a conquistar la noche de ese Buenos Aires de película que definitivamente mostrará otra cara del actor español.
Imanol se pinta los labios
El actor interpreta a un travesti en "Buenos Aires me mata"
No fue una buena noche para la condesa Pavlova, el personaje que interpreta Imanol Arias en "Buenos Aires me mata", la nueva película de Beda Docampo Feijoo basada en el libro de Laura Ramos. Sumergido como está en ese papel de travesti decadente de la noche porteña, las cosas no resultan fáciles para el español.
Y no sólo por los tacones, las piernas depiladas, las uñas largas y rojas y ese maquillaje glamoroso que le insume un tiempo que sólo las mujeres conocen bien. Sino más bien porque en esa piel la vida le parece más incomoda y le juega malas pasadas.
El set de filmación, montado en Puerto Madero, está todo mojado, simulando una lluvia nocturna. Al fondo, detrás de la puerta de la disco donde transcurrirá buena parte de la historia, se esconde ese Imanol completamente cambiado en su fisonomía, a la espera de una orden del director. Hace frío, y por ahora cubre su extravagante atuendo con un pulover y un pantalón que lo vuelve aún más absurdo.
Afuera, Nancy Duplaá, que aquí interpreta a Arteche, una representante de la desconocida banda de rock "Los malditamente bellos", enciende su moto para dejar el lugar. Y a un costado, Eleonora Wexler, Claudio Tolcachir y Leonardo Saggesse, el trío de protagonistas, se aleja en un auto amarillo.
De repente, el generador de energía que alimenta el set, se apaga sin remedio e interrumpe la agitada noche de rodaje. Se impone entonces un tiempo de descanso no previsto en la agenda.
Imanol, con su vestido corto lleno de bordados dorados se encierra en el motorhome. Y cuando menos lo espera, un fotógrafo se asoma por la ventana para robarle un retrato en una mala posición. El humor se le trasnforma. Al menos durante el tiempo que le dura el comprensible enojo. "No es por nada, pero me parece un atentado. Yo no voy a la edición de los periódicos para adelantar lo de mañana. Me parece que hay que respetar eso. Esto es una obra".
Después, más relajado, Imanol intenta explicar a La Nación este nuevo personaje que le ha tocado y que lo ha transformado en una persona bastante distinta de la que estaba acostumbrado a ver frente al espejo. A tal punto que, desde que se llegó a Buenos Aires, debe dedicarle unas cuantas horas de la mañana a cuestiones que, de tan femeninas, le eran completamente ajenas: mantener las uñas en perfecto estado, depilarse y decolorarse el vello de los brazos.
"He intentado explicar este personaje y al cabo de veinte minutos me di cuenta de mi imposibilidad de ser escueto", dice Imanol casi como una disculpa del largo monólogo que soltará después.
Evidentemente, más allá de los incidentes de la noche, la condesa Pavlova no es de los personajes más fáciles que le tocaron a Imanol. Este hombre vestido de polleras y peinados de fin de siglo, no es un travesti más: es la condesa Pavlova, que dice ser bisnieta de Lenin y que representa algo así como el último socialista utópico de los noventa.
"Ella dice que es bisnieta de Lenin, criada en Madrid, y nacionalizada porteña. Eso había salido de su país huyendo. Mi personaje es de los que huyen cada vez más hacia el sur. Y es un hombre, que no quiere ser mujer aunque se viste de mujer. Pavlova, el personaje que ha construido, le permite expresar su sensibilidad, le permite ser un decorador de vanguardia, ser transgresor y encarnar esa utopía socialista muy a su estilo. Y todavía podría seguir veinte minutos más, explicando", dice ya en pleno largo monólogo.
-Parece ser un personaje bastante complicado. ¿Es de los más difíciles que te han tocado?
-Cuando estaba rodando "El lute", estuve una semana en unos hangares militares haciendo la escena de la tortura, completamente desnudo. He hecho personajes difíciles, pero este tiene experiencias nuevas que los otros no tenían, al ser masculinos. Y eso es una dificultad exterior que me hace pensar que es más difícil.
-Por como lo describe parece que tuviera muchos puntos en común con su vida. Usted también emigró hacia el sur (es de Ermua y vive en Tánger)...
-Es cierto, yo también soy de los voy de norte a sur. Es que aquí yo entiendo lo que le pasa a la condesa Pavlova, pero es difícil encontrar el punto. ¿Qué es esto que tengo puesto?. Es un hombre, que se viste de mujer, pero no se pone pechos.... La dificultad, para ser breves, es el comportamiento.
-¿Y todo lo que implica ese comportamiento no?
-En este momento de mi vida, después de pasar tres meses en Yugoslavia filmando "Territorio comanche", de estar luego en un film de posguerra, en España, y de grabar una comedia televisiva con Ema Suárez, es difícil hacer esto. En menos de quince días tuve que venir a Buenos Aires y ponerme una peluca.
-¿Le costó aceptar el personaje?
-En ese momento pensé: por qué todo este desgaste para un personaje tan pequeño.Pero la verdad es que ahora me tiene muy entretenido. En mi vida es muy gracioso porque aquí me siguen llamando galán. Y esto es muy fuerte porque hay un cierto aseo femenino que yo tengo que hacer por mi cuenta: tengo que depilarme, decolorarme, y todo un rollo de cremas que me cambia la vida. Cuando quedo con alguien en comer le tengo que decir que me espere porque tengo que hacer una serie de cosas que me llevan mucho tiempo. Es fuerte, pero en definitiva un actor es una persona que se pone trajes de otros e intenta transmitir sentimientos de otro.
Las imágenes del Buenos Aires noctámbulo
"Buenos aires me mata" tiene tres fechas de nacimiento.Una en la década del ochenta, cuando la periodista Laura Ramos empezó a escribir su columna en el suplemento joven del diario Clarín. Otro, bastante posterior, en 1993, cuando el director Beda Docampo Feijoo decidió adaptarlo para cine. Y finalmente ahora, cuando, como un compromiso impostergable, ha comenzado a filmarse.
Lo cierto es que el proyecto no fue fácil. Para llevarlo a la pantalla, hubo que adaptar el texto hasta transformarlo en una historia con principio y fin. Y así fue. "Buenos Aires me mata", en cine, contará entonces las 24 horas en la vida de Gonza, Piernitas y Sixto (que interpretan Claudio Tolcachir, Eleonora Wexler y Leonardo Saggese). Más precisamente, lo que ocurre desde la mañana del día en que deciden ir a la inauguración de la disco "Nave" para cumplir sus sueños hasta la madrugada en que todas sus esperanzas se esfuman.
En ese lugar, regenteado por Laureano (el yuppie que interpreta Fernán Mirás), está la condesa Pavlova que, por esas cosas de la noche terminará siendo el personaje central. Es que la condesa conduce allí el "Saloncito de los sueños", un lugar donde cada uno puede grabar lo que se le antoje para que luego sea reproducido en pantalla en medio de la disco.
Durante un descanso de rodaje, Docampo Feijoo habló con La Nación sobre esta nueva película que se estrenará le próximo año. "Lo que más me impresionó del texto es algo que no es explícito. Los chicos son todos hijos de padres atravesados por la dictadura militar. Los destinos de esos padres habían cambiado, no trágicamente, pero sí de una manera existencial", dice el director.
-¿Y por qué elige contarlo a través del mundo de los adolescentes?
-Los veinte años de esta década me parecen interesantes, sobre todo por el conflicto de esos padres. Y sobre todo, también, porque las acciones de esos chicos son consecuencia de ese conflicto. El planteo, en el fondo, es la relación o no relación con sus padres y luego la búsqueda de algo en esa noche, que se presenta como una promesa que finalmente no se concreta.


