
"El diablo existe"
El actor de "Terminator" se enfrenta a Satanás en el film "El día final", que se estrenará mañana, y toma distancia del auge de la ultraderecha en su país de origen, Austria
1 minuto de lectura'
NUEVA YORK.- "Creo que Dios existe y creo que también existe el diablo", declara Arnold Schwarzenegger ante un grupo de periodistas extranjeros reunidos en un hotel de esta ciudad. No es un súbito ataque de misticismo lo que lleva a la estrella de "Terminator" a situar el diálogo entre el cielo y el infierno. El tema de conversación es consecuencia de una circunstancia mucho más pragmática: en su último film, "El día final" -que en Buenos Aires se estrenará mañana-, el musculoso Arnold se enfrenta lisa y llanamente con el demonio, encarnado por Gabriel Byrne.
La historia, escrita por Andrew W. Marlowe y dirigida por Peter Hyams, llega a caballo del final de milenio y apuesta a cosechar los frutos de la taquilla antes de que las mil y una fantasías colectivas sobre el año 2000 pasen a ser recuerdo.
"Todo el mundo está muy pendiente del milenio, y ésta es la única película de las que se estrenan ahora que explora temas tales como si se acabará el mundo o si regresará Satán. Es una historia de proporciones bíblicas", opina el actor.
"Siempre quise trabajar con Arnold y empecé a pensar en la cantidad de villanos a los que se han enfrentado sus personajes. Sin embargo, ¿qué es lo que todavía no hemos visto? Así que pensé, ¿por qué no enfrentarlo al mayor villano de la historia de la humanidad?", sostiene el guionista Marlowe en el dossier de prensa de la película.
Lo cierto es que "El día final" resultó una oferta que el actor no pudo rechazar por tres motivos de peso: "El presupuesto era muy alto, el escritor era excelente y el tema era apropiado para los tiempos que corren y para lo que yo tenía ganas de hacer", puntualiza Schwarzenegger. "En el mundo se percibe una cierta vulnerabilidad de la gente frente al cambio del milenio -constata-. Es un momento de crisis. Hay una fiebre que indica que algo va a suceder. No creo que vaya a pasar nada. Pero entiendo que mucha gente está obsesionada por el temor a que falte el agua o la comida. Aunque todo eso no sea una realidad, la gente cree en ello con tanta fuerza que termina convirtiéndose en algo real. El timing de este film es perfecto: todos hablan del tema." Puesto a lidiar con las posibles desventuras del final de milenio y a dramatizar la eterna pelea entre el bien y el mal, Marlowe imagina 1999 como el momento del desenlace de una maldición que ha comenzado veinte años antes. En 1979, en un hospital del Manhattan nace una niña de nombre Christine, que lleva la marca del anticristo y que ha sido elegida para una unión impía. El 28 de diciembre de 1999, el ex-policía Jericho Cane (Arnold Schwarzenegger), destruido por la muerte de su mujer y de su hija, intenta suicidarse.
Fracasado en su tentativa y tras cruzarse con un vagabundo que le advierte la inminencia del juicio final, Cane rescata a una joven de los agresores que han entrado en su casa. La muchacha no es otra que la temida niña Christine, que ha crecido combatiendo con medicamentos las visiones que la persiguen desde la infancia. Ella se siente acosada por alguien a quien cree un hombre pero que en verdad es la encarnación del diablo (interpretado por Gabriel Byrne)al que también deberá enfrentarse Cane.
Efecto sorpresa
"Cuando terminamos el guión sugerí que debíamos reunir a un grupo de líderes de distintas religiones para que lo revisaran y nos dijeran si estábamos olvidando algo -relata Schwarzenegger-. Al cabo de ese encuentro, el final de la película cambió. Nos hicieron tomar conciencia de que en este film debíamos mostrar un modo diferente de resolver el problema. Que no debíamos sugerir que al diablo se lo puede enfrentar con armas. En la primera versión, yo mandaba al demonio de vuelta al infierno con un disparo. Todos coincidieron en que el mensaje tenía que ser que el nuevo milenio será un milenio de paz, de fe, de diálogo, de negociación. Prestamos atención y el guionista se tomó dos meses para reescribir el final de la historia. Fue una idea genial, porque tiene un efecto sorpresa. Lo que todos esperan de mí es lo que siempre han visto: que soy capaz de mandar al infierno a cualquier enemigo a fuerza de destrozos, explosiones y disparos. En "El día final", la fuerza está en la fe y no en las armas."
La campaña de prensa para el estreno de la película insiste en una característica del film que marcaría un punto de inflexión en la carrera que Schwarzenegger supo empezar a fuerza de músculo y desarrollar sobre la base de una gran habilidad para explotar su natural carisma frente a la cámara: a contramano de lo esperado, "El día final" muestra al bueno de Arnold como un ser vulnerable.
Zancadilla al público
"Según los estudios de marketing, el guionista supo que la gente quería ver películas en las que se privilegiara el suspenso y que no se les hiciera sospechar desde la primera escena cómo iba a ser el resto del film -explica el actor de "Mentiras verdaderas"-. La gente odia los thrillers en los que puede adivinar la historia completa desde el principio. Los tiempos han cambiado. El guionista estaba convencido de que al estar yo en una película, el público diría automáticamente: "Es obvio que este personaje es el que va a ganar. Es Arnold, él siempre gana". Entonces quiso hacerle una suerte de zancadilla al público trastocando todo lo esperado.
"Ante todo, en el principio de la historia mi personaje no aparece con un aura brillante. Por el contrario, estoy a punto de suicidarme. A partir de allí, todo se vuelve inesperado. El guionista quiso mostrarme vulnerable y el modo de exhibir mi vulnerabilidad consistió en subrayar que no siempre podía hacerme cargo de todas las situaciones. Lo interesante fue que el guionista no estaba equivocado porque la reacción de la gente en las exhibiciones previas, lo demostró. Dijeron que hasta el final no tenían idea de cómo se iba a resolver el conflicto. Y eso es lo que la gente espera hoy de las películas."
Cuando alguien le pregunta qué espera él de su propia carrera, dado que ya carga con 51 años en el documento de identidad, aunque esas cinco décadas no hayan dejado huellas en su piel tirante ni en sus músculos tensos, Schwarzenegger se planta firme: "Mi edad no es física sino mental. Soy más inteligente, soy más agudo, soy más talentoso ahora que hace quince o veinte años", argumenta. Según dice, es a causa de esa mejoría espiritual y no como consecuencia del envejecimiento de su anatomía, que en el futuro combinará sus papeles en películas de acción con otra serie de proyectos que incluyen un nuevo trabajo como realizador para la TV.
"El cuerpo no hace la diferencia -insiste-. Y, si no, miren a Sean Connery -desafía-. Yo sigo haciendo tenis, sky y todo lo demás. En mi cuerpo nada ha cambiado", evalúa, y basta con mirar a ese gigante de espalda colosal y manos temibles, para suponer que no está mintiendo.
"El cambio está en mi cabeza, porque ahora tengo una familia e hijos", dice para explicar su apuesta a la paz antes que a la fuerza de los golpes. "Es por eso que me gusta tanto el final de esta película tal y como quedó reescrito luego de la reunión con representantes de diversas religiones _comenta_. Es importante entrar en el nuevo milenio conscientes de que el último siglo fue el más violento que se haya experimentado en la historia. "El día final" me dio la oportunidad de ofrecer un mensaje de paz para el nuevo milenio, sobre todo tratándose de alguien como yo, que ha protagonizado muchos films violentos. Uno crece y mira las cosas de otro modo."
Educando a Arnold
Como parte de ese proceso de crecimiento, Schwarzenegger dirigirá un film para televisión, una experiencia que ya había hecho en 1990, cuando debutó detrás de las cámaras con un episodio para la serie de HBO, "Cuentos de la cripta". Más tarde realizó una readaptación de "Christmas in Connecticut", para Turner Network Television, y ahora se prepara para retomar la gimnasia de la dirección. "Será un film chico _dice_ y formará parte de una serie sobre los inmigrantes." Es comprensible que el tema lo entusiasme. Así como dice que cree en Dios y en el Diablo, Schwarzenegger cree en el sueño americano. En favor de su credo tiene la propia experiencia.
Nacido en el pueblo austríaco de Graz, donde se crió bajo los rigores de un padre que era jefe de policía en los años de posguerra, en 1983 se convirtió en ciudadano norteamericano. Según cuenta, fue en los Estados Unidos donde consiguió no sólo labrarse un porvenir de estrella, sino domar los viejos prejuicios de la intolerancia. Como parte de esa tarea en favor del prójimo, se puso al frente de una fundación que apuesta a "alejar a los jóvenes de la droga, las bandas callejeras y la violencia" y a acercarlos al deporte.
Tanto trabajó Schwarzenegger sobre la actitud autoritaria con que lo habían alimentado desde la cuna, que en dos oportunidades -1991 y 1997- recibió el premio Simon Wiesenthal por su apoyo a la organización de estudios del Holocausto y de los derechos humanos.
"Una de las grandes tragedias de la vida humana es que a menudo aquellos que alcanzan el éxito y el reconocimiento, los usan como herramientas para su crecimiento personal, olvidando pagar sus deudas como ciudadanos y como seres humanos creados a la imagen de Dios. Usted ha utilizado su éxito con sabiduría, dándole tiempo a una serie de causas humanitarias", le escribió el rabino Marvin Hier, del Centro Wiesenthal, a Schwarzenegger para anunciarle que iba a ser galardonado.
"Un gran honor"
"Esos premios que me otorgaron por la tolerancia fueron para mí un gran honor -recuerda ahora-. El motivo es que siempre estuve tratando de incluir ese mensaje en mi trabajo con los niños. Mi mensaje ha sido que todos somos iguales y que hay que actuar pensando en vivir y dejar vivir. Pero, además, esos dos premios tuvieron para mí un valor muy especial porque vengo de un país con una historia terrible en lo que hace a la tolerancia. Fui criado en Austria y eso me hizo sentir que tenía que hacer un trabajo extra para mostrar que la nuevas generaciones están yendo en la buena dirección. Y tenemos que trabajar para convencer a los jóvenes de que deben ir en esa dirección y que en tal sentido tienen que trabajar para educarse a sí mismos.
"Yo, que en algún punto también fui prejuicioso pude aprender a liberarme de esos prejuicios gracias a la educación y el conocimiento. Nada de esto habría sucedido en mi vida si no hubiera venido a vivir a América. Aquí se convive con las reivindicaciones de todas las minorías. Eso me abrió los ojos. Creo que en todos nosotros hay un nivel natural de prejuicios. Es algo animal que forma parte de nuestra naturaleza. Pero, a diferencia de los animales tenemos un cerebro y podemos confrontar esos prejuicios, luchar contra ellos y controlarlos del mismo modo en que podemos controlar las emociones." Eso es lo que traté de enseñar".
El superhéroe v. la ultraderecha
NUEVA YORK.- Dado el origen austríaco de Schwarzenegger, se impone la pregunta sobre el crecimiento del líder de ultraderecha Joerg Haider, cuyo Partido de la Libertad se consagró como la segunda fuerza de Austria en las elecciones de octubre último, a pesar de haber sido acusado de neonazi, fascista y xenófobo.
"Claramente tres cuartos de los austríacos votaron en contra de él. Eso demuestra que la gente va en la dirección correcta, que quiere formar parte de la comunidad internacional. Pero eso implica aceptar determinadas responsabilidades, como, por ejemplo, que cuando hay personas que no pueden sobrevivir en sus propios países, uno debe recibirlos en el suyo -explica-. El problema de Haider es que todavía piensa en Austria como un país aislado y no como parte de una comunidad internacional. El tipo podría ser un gran líder para Austria si se limpiara. ¿Dijo e hizo determinadas cosas en el pasado sólo porque quería los votos, pero no es eso lo que piensa? ¿Fue sólo un oportunista en aquel momento o siente en verdad de ese modo?", se pregunta Schwarzenegger en relación con las declaraciones de Haider cuando sostuvo que admiraba "la buena organización laboral del partido nazi" y que entre los S.S. "había buena gente". Cuando estalló el escándalo, Haider entró en el juego de las desmentidas.
"No puede contradecirse permanentemente -opina Schwarzenegger-. Es una democracia y por lo tanto tiene el derecho a pensar lo que quiera. Pero, debe expresarlo claramente. Austria tiene que integrarse a la comunidad internacional. Esa es su única oportunidad de sobrevivir. Toda Europa debe ser una. No estoy diciendo que no haya que guardar ciertas individualidades, pero sí que hay que unirse. Así, si un país tiene una dificultad, por ejemplo a causa de un desastre económico, los otros podrían acudir en su ayuda. Ninguno de nosotros podemos afrontar los problemas en soledad", dice el hombre que sabe jugarla de superhéroe en la pantalla.




