
La noche de La Bersuit, con 32.000 entradas agotadas le puso fiesta y discursos indigenistas al Quilmes Rock. Los Decadentes y Pity subieron al escenario.
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Con una alto porcentaje de flequillos (y varios pijamas), el Quilmes Rock por primera vez agotó todas las localidades, en su quinta fecha. Casi 32 mil espectadores colmaron el estadio de Ferro esperando a Bersuit, y también a los Ratones Paranoicos y los Auténticos Decadentes.
La Bersuit, en su noche de mayor convocatoria, en un estadio lleno que la banda sintió merecidamente propio, cerró la fecha con un show que descorchó con los temas más nuevos yse apagó, pasda la medianoche, con el célebre “Hociquito de ratón”. Además de invitados amigos del grupo, la gran visita fue la de "la banda más hija de puta de la Argentina para hacer quilombo", según Gustavo Cordera presentó a los Auténticos Decadentes a la hora de "Murga limousine".
Además de varios discursos de corte indigenista (oportunos por la cercanía del 12 de octubre) y hasta de un también oportuno tributo a los indios Quilmes la banda puso su mezcla sonora latina. Eata vez, los toques uruguayos y la murga habitual mutaron en clima profundo para una versión extendida y potentísima de "Tuyú" (donde una prédica hare krishna se mezcla con el pogo) pegadita al ritmo cumbiero de "Yo tomo".
Ya para los bises, el bombo marcado, el disfraz de marinero, una frase ("Me las voy a coger a todas") y el ritmo dance de "Coger no es amor". Y con "Hociquito de ratón", el último tema, subió Pity Alvarez ("el mejor rockero argentino", según Cordera) y una decena de chicas elegidas del público. El Pelado, juguetón, les pidió a todas y cada una de ellas que hicieran volar sus corpiños. Insistente, al final lo logró con una exuberante morocha. El público, feliz.
Antes, los Ratones Paranoicos habían contado con un as de espada anímico para abrir su show lleno de clásicos del rocanrol local: fueron presentados por Mario Pergolini y todo Ferro olió a bengala en combustión. En la hinchada, todo era color y banderas, lenguas y ojos paranoicos. En el escenario, el ya célebre glamour stone de Juanse y Zorrito Von Quintiero, las guitarras al frente, y Luciano Napolitano (hijo de Pappo, líder de Lovorne) y Alejandro Lerner como invitados.
Cuando caía la noche, los Auténticos Decadentes brindaron un show de alto impacto pachanguero en el que sonaron temas aún en rotación ("Sigue tu camino", "Un osito de peluche de Taiwán") combinados con grandes clásicos fiesteros como "El murguero" (que generó una tropa de bailarines murgueros espontáneos) y la nueva versión de "Raquel". Cucho Parisi (¿un Tito Roldán rockero?) alentaba a una multitud borracha de alegría que estallaba con los siempre reconocibles acordes iniciales de cada tema "decadente". Tanto, que ni siquiera hacía falta que Cucho o Sergio Serrano las cantaran: con el micrófono abierto, la gente lo hacía por ellos, tal como prometían la tapa y el título de su disco "Cualquiera puede cantar".
Al mismo tiempo, en los escenarios Uno y Dos ocurría algo muy diferente. Por un lado, Palo Pandolfo repasaba su carrera sin olvidar viejos hits de Los Visitantes y de Don Cornelio y teñía de nostalgia e introspección a la noche. "Éxodo", su personal versión del clásico de Bob Marley, logró atraer la atención de algunos rastingas (el nuevo animal rockero argentino, mitad rasta mitad rolinga) y quedó entre lo mejor de su show. No tan lejos, Carca tocaba para unos pocos elegidos y se lamentaba por el sonido de los otros escenarios que se colaba en su set.
El escenario mayor había sido inaugurado por La Mancha de Rolando, que animó a su público con una pelota inflable gigante que rodaba sobre las cabezas del pogo. Todo había comenzado a las 15.30 con el set cool de Dieguez. Lovorne le dio el toque duro a la tarde con su hard-rock tuerca y una bailarina en tanga (¡de cadenas!). Charlie 3 ambientó la rampa de skate con temas punkies acelerados y, desde Puerto Rico, Circo trajo algo de bolero.
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Producción y textos: Juan Ortelli, Javier Sinay, Gabriel Orqueda, Ignacio Román Fotografías: Don Rypka, Juan Hein, Pablo Valda. Edición: Ernesto Martelli, Pablo Plotkin, Víctor Ghitta.
[¿Vos cómo viviste la jornada?]






