
El fútbol que juega Hollywood
Hazañas deportivas, sueños y frustraciones en el sur de EE.UU.
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Si bien el fútbol americano no es un deporte demasiado popular fuera de los Estados Unidos, Hollywood ha encontrado en esa disciplina de características tan violentas como épicas una gran cantidad de historias (muchas de ellas basadas en hechos reales) ricas en dramatismo, heroísmo, suspenso e intensidad humana. Los ejemplos abundan: con sólo repasar la producción de los últimos años aparecen varios títulos de enorme éxito comercial como "Duelo de titanes", protagonizado por Denzel Washington; "Un domingo cualquiera", el film dirigido por Oliver Stone con Al Pacino; "Varsity Blues: juego de campeones"; "Los suplentes", con Keanu Reeves y Gene Hackman; o la remake de "The Longest Yard", el drama carcelario encabezado por Adam Sandler y Chris Rock, que es uno de los mayores sucesos actuales en el mercado norteamericano.
En esta misma tendencia se inscribe "Juego de viernes en la noche" ("Friday Night Lights" es el título original), película rodada por el conocido actor y ascendente director Peter Berg que el sello AVH editó el miércoles último en VHS y DVD sin haber pasado por los cines argentinos.
Billy Bob Thornton interpreta a Gary Gaines, un entrenador que en 1998 asumió el comando de los Permian High Panthers, un equipo del campeonato de escuelas secundarias que se convertiría en leyenda dentro del fútbol americano no profesional. Esta historia real, que fue retratada previamente en la novela homónima de H. G. Bissinger, está ambientada en Odessa, un decadente pueblo de Texas golpeado por la recesión, y describe no sólo las hazañas deportivas sino también los sueños y frustraciones, las miserias y conflictos sociales, raciales y familiares de toda una comunidad volcada a trascender a través del deporte.
Además del papel protagónico del siempre solvente Thornton, "Juego de viernes en la noche" se sustenta en el aporte de un grupo de jóvenes y ascendentes actores encabezado por Lucas Black, Garrett Hedlund, Derek Luke y Jay Hernandez, varios de ellos con destino de estrellas en el firmamento hollywoodense. El éxito del proyecto (se filmó con un presupuesto de 30 millones de dóla, res y recaudó más del doble sólo durante su paso por la cartelera norteamericana) resultó el espaldarazo que estos intérpretes necesitaban para su definitiva consagración. Realidad y ficción -una vez más- se conjuraron para hacer posible el tan promocionado paradigma del sueño americano.


