
El irreemplazable Mastroianni
Nuestra opinión: Buena. "Sostiene Pereira" (Idem, Italia-Francia/1995, color), producción hablada en italiano.
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Presentada por Artistas Argentinos Asociados en los cines Monumental, Patio Bullrich, Paseo Alcorta, Atlas Belgrano, Rivera Indar ye, Tren de la Costa Libertador. Basada sobre la novela de Antonio Tabucchi. Guión: Roberto Faenza y Sergio Vecchio. Colaborador en los diálogos: Antonio Tabucchi. Intérpretes: Marcello Mastroianni, Daniel Auteuil, Stefano Dionisi, Nicoleta Braschi, Joaquim de Almeida, Marthe Keller, Teresa Madruga y otros. Fotografía: Blasco Giurato. Música: Ennio Morricone. Montaje: Ruggero Mastroianni. Dirección: Roberto Faenza. Duración: 104 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
De punta a punta de "Sostiene Pereira", Marcello Mastroianni concreta una tarea formidable. No sólo porque debe hacerse cargo del relato como protagonista casi excluyente y porque su presencia en pantalla es casi perpetua -lo cual no deja de ser un deleite para la multitud de sus admiradores-, sino también porque es él, con su aire familiar, su humanidad entrañable y la calidez de su temperamento quien se ocupa de mantener vivo el relato cuando decaen los bríos del realizador Roberto Faenza o cuando la adaptación -tan respetuosa de la breve anécdota del original- no encuentra traducción visual para el complejo proceso interior que vive el personaje.
Sólo en los ecos de la interioridad de Mastroianni -que pocos como él sabían volver transparentes- la película consigue captar ese proceso que constituye la esencia de la novela de Antonio Tabucchi. El que conduce a Pereira, el viejo periodista del suplemento cultural del diario Lisboa, a decidirse por el cambio e imponer un giro rotundo a su vida hasta entonces solitaria y monótona.
El triunfo de la vida
Hay diversos factores que inciden en la mudanza del viudo que, en medio de los abusos de la dictadura salazarista y de la repercusión que tiene en Portugal el encarnizado enfrentamiento entre españoles, ha elegido mantenerse recluido en sus lecturas de autores de otros tiempos y en la traducción de los franceses contemporáneos que más admira.
El camarero del bar en el que cada mañana Pereira inicia su rutina le acerca datos inquietantes de lo que sucede en Lisboa y los diarios callan; cuando viaja al interior para una breve temporada de reposo, se cruza con una judía alemana que le da amenazadoras noticias de Europa y le instala alguna intranquilidad; un médico con preocupaciones filosóficas y vocación de psicólogo le sugiere una teoría según la cual aun a su edad -Pereira ronda los 65- el cambio es posible y todavía más, probable.
Claro que toda esta embestida contra la inalterable quietud de Pereira no haría mella en su espíritu de no haberse producido antes un encuentro decisivo: la aparición de un joven graduado en filosofía que con su vitalidad y su pasión ha venido a alborotarle ese pequeño mundo congelado en que buscó refugio.
De menor a mayor
El cambio que irá madurando lentamente en el espíritu de Pereira es más que un cambio político: supone el renacimiento de un hombre que se había sepultado en el sosiego, la renovación del compromiso con la vida, el triunfo de ésta en fin.
Con el gesto que indica este renacer del personaje también la película de Faenza cobra la grandeza y la intensidad que en toda la primera parte están prácticamente ausentes.
La cuidadosa descripción de ambientes, la belleza de los escenarios de Lisboa, el esmerado retrato de personajes secundarios y el correcto desempeño del elenco -más allá de un doblaje al italiano del que no todos salen bien parados- apenas alcanzan a compensar la opacidad un poco amodorrada con que el cineasta italiano conduce la acción antes de arribar a esos tramos finales en los que el film cobra vuelo.
Pero para su fortuna -y la nuestra- está ahí el admirable Marcello, que colma de humanidad palpitante al personaje y entabla con el espectador -otra vez, como siempre-, ese lazo afectivo que lo convirtió en el amigo que todos reconocíamos en la pantalla. Viéndolo nuevamente se comprende cuánto va a costar acostumbrarse a su ausencia.
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