
El Kirov, a la japonesa
Valery Gergiev: el director ruso admitió en conferencia de prensa que para realizar 300 funciones anuales en distintos lugares del mundo trabajan "como japoneses".
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Valery Gergiev es el primero en dar el ejemplo en el centenario teatro Mariinski (ex Bolshoi), de San Petersburgo.
El actual director del teatro, que incluye a la ópera Kirov y al famoso ballet clásico, llegó a Buenos Aires anteayer, dirigió ayer el ensayo general y la primera función de "Jovánschina", que la compañía presentó en el Teatro Colón y hoy repetirá el mismo esquema con la puesta de "Boris Godunov". Y mañana se tomará un avión para participar en una serie de homenajes a su admirado colega fallecido el año último, sir Georg Solti.
"Trabajamos como japoneses", aseguró Gergiev en una conferencia de prensa ofrecida ayer a la mañana para explicar cómo el Kirov logró en sólo diez años ocupar el espacio de relevancia que tiene en la escena lírica mundial.
Es que, además de ofrecer alrededor de 300 funciones (entre ópera y ballet) por año, el teatro de San Petersburgo, con Gergiev a la cabeza, recorre el mundo ofreciendo su mejor especialidad: el riquísimo y poco conocido repertorio ruso.
"Hacemos muchas giras con el teatro y el repertorio es muy amplio -dijo-; en los últimos diez años difundimos en el mundo alrededor de 40 óperas".
Obviamente, la carta de presentación del teatro que encabeza este infatigable director, que ganó a los 23 años el concurso Karajan de Berlín, son los músicos de su país y -en particular- Mussorgski, "el más ruso de todos los rusos", según su propia definición. Desde ayer y hasta el 1º de agosto, 250 integrantes (artistas y técnicos) tomaron el Colón para ofrecer dos versiones inéditas en la Argentina de las óperas de Mussorgski.
En el caso de "Boris Godunov", ofrecerán la versión original escrita por el autor en 1869 y que había caído en el olvido.
Gergiev explicó que los siete cuadros planteados originalmente por Mussorgski "se harán sin intervalos. Tendrá una duración de dos horas diez minutos, aproximadamente, con una estética cercana a la de un film, porque la trama cambia rápidamente pero no hay interrupciones".
Gergiev afirmó que esta versión "funciona mejor sin interrupciones, porque se consigue una concentración muy grande en el personaje de Boris".
La versión de 1869 no es una novedad sólo para la Argentina. Según recordó Gergiev, en Rusia "se hacía más la segunda versión y, sobre todo, la que tenía la orquestación de Rimsky Korsakov". Durante la era de la Cortina de Hierro, en Occidente se utilizó la edición de Lloyd Jones.
Pero claro, en el Kirov tienen el manuscrito original y en ellos confió Gergiev, ya que "el director puede hacer mucho. Es cierto que Mussorgski no tenía un buen conocimiento de la orquesta (hay pasajes impracticables, porque algunos instrumentos literalmente tapan a otros), pero Gergiev rescata su estética cruda y a la vez ascética como orquestador. "Su orquestación es una especie de esqueleto. Rimsky Korsakov, en cambio, es mucho más ornamental. Por ejemplo, Mussorgski usa a veces un solo instrumento y Rimsky (y también Shostakovich) utiliza en cambio las secciones completas".
Gergiev definió la orquestación de Mussorgski como "muy económica, algo no muy usual para la época, pero creo que la mejor versión es la que hizo él. En el Metropolitan hicimos una prueba con una nueva orquestación. Estaba bien, pero no era mejor que la de Mussorgski".
De todas formas, el punto clave para Gergiev pasa más por la definición de los personajes. Según el director, "el problema con Mussorgski es cómo lograr una interpretación fiel. Que el carácter no sea esquemático como un muñeco. El héroe tiene también sus partes malas".
Un teatro en movimiento
Valery Gergiev se destaca no solo por ser un notable director de orquesta, sino por ser dueño de una personalidad impetuosa y casi avasallante. Una característica que seguramente le sirvió para poder hacerse cargo en forma simultánea de la dirección artística y general del teatro Mariinski. El es quien tiene la última palabra en todas las decisiones concernientes a un teatro de dimensiones gigantescas y con un ritmo de producción envidiable.
"Tenemos un teatro muy grande, con mucha gente -dijo-. La orquesta tiene 180 integrantes, muchos más que cualquier teatro del mundo. Más que el Met, París o Viena. Pero tenemos muchas giras. Cada año vamos a Estados Unidos y cada dos a Japón, Italia, Alemania. Por eso la dividimos, una parte viaja y la otra se queda en casa. Es un buen método".
El Kirov, a través de la gestión Gergiev, también apostó por promover a sus propios cantantes. "Tenemos cinco o seis cantantes de gran nivel en cada cuerda. Formamos un ensamble, no hacemos contratos para cantantes de afuera. Este grupo puede cantar Verdi, Wagner y todo el repertorio ruso", afirmó con inocultable orgullo.
Nombres como Olga Borodina, Larissa Diadkova, Gegam Grigoriam, hoy "participan en teatros de todo el mundo en puestas no sólo de óperas rusas", agregó para explicar por qué se dan el lujo de invitar sólo a unos pocos grandes, como Plácido Domingo.
Gergiev y el Kirov apostaron por ellos y su música y se ganaron un lugar propio en el mundo lírico. Ahora llegan por primera vez al Colón, "un lugar con tanta historia como el Kirov", afirmó el director, quien prometió -"si les interesa nuestro trabajo"- regresar para mostrar a otros grandes autores, como Prokofiev y Shostakovich.
Cambio
El estreno de "Boris Godunov", que estaba previsto para esta noche, a las 20.30, se retrasará treinta minutos para aguardar la llegada de los funcionarios que participan de las reuniones del World Economic Forum, que se realiza en Buenos Aires. Será, por otra parte, la última función que dirigirá Valery Gergiev, ya que las restantes presentaciones tendrán a Gianandrea Noseda al frente de la orquesta.
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